Los 100 años de la abuela Genara Adelina

La historia de una mujer que ha burlado la expectativa de vida y dice que “está en su tiempo extra”

Doña Genara Adelina Martínez Castillo. HOY/Oscar Navarrete

Allá por septiembre de 1918, Nicaragua era muy diferente. Mandaban los conservadores con el general Emiliano Chamorro como presidente. Los números telefónicos eran de solo tres dígitos. Los guineos cuadrados no eran para el consumo humano, solo para los cerdos y por eso les decían “guineos de chancho”.

Eso sí, para esa época ya Nicaragua se disputaba la isla San Andrés con Colombia. Y los vehículos que estaban de moda eran los Ford y unos elegantes Chevrolet descapotados con motores modernos de válvula en la culata. Fue en ese mes de septiembre de 1918 que nació Genara Adelina Martínez Castillo, en Masaya.

Hoy, cien años después, tiene casi un año que le cuesta hablar y cuatro de no caminar, tras sufrir una caída en la que se quebró la pelvis. Su hija, Mayra Pérez, cuenta que en una madrugada a su mamá le dieron deseos de ir al baño. Se levantó de la cama sin avisar y al querer caminar se enredó en una sábana y cayó. Su hija la logró levantar y la llevó al baño y luego la colocó a la orilla de un lavandero, pero la ancianita decidió caminar sin ayuda y volvió a caer, esta vez sentada.

Para esta mujer que la mitad de su vida, casi 50 años, los vivió fuera de Nicaragua, en Australia, y viajando por varias partes del mundo, no caminar ha sido un golpe fuerte. Se ha deprimido. Por lo demás, es una mujer sana, que pocas veces ha visitado un hospital, más que “por cosas de viejitos”, alega. Su hija Mayra afirma que le aqueja el corazón y la presión, pero se mantiene controlada.

Aunque sin saber que la esperanza de vida en Nicaragua, y en casi todo el mundo, para una mujer es aproximada a los 75 años, Genara Adelina dice que está agradecida con Dios de estar “viviendo tiempo extra”. La política nunca le importó demasiado. “El que esté (de presidente) que esté”, dice. De joven fue muy católica y celebraba todos los años La Purísima. Pero luego se convirtió en evangélica.

No hay otros parientes en su familia más cercana que haya vivido tanto como ella. Hace dos años se le murió una hermana, Rosa María, que tenía 79. Ella aún no sabe.  Cuando se dio cuenta que su hermana estaba solo enferma, ella se agravó. Tiene dos hermanos que están muy mal de salud, uno en Costa Rica, Octaviano, de 96 años, y otro en Miami, Juan José, de 80.  Genara Adelina vive con sus dos hijas. Se le ve fuerte y feliz. El resto de su familia aún vive en Australia.

“Honrar a padre y madre”

La explicación más frecuente que dan las personas longevas sobre su larga vida es la alimentación. Para Genara Adelina, las causas de que esté a punto de cumplir 100 años son otras.

La primera de ellas es el mandamiento bíblico de “honrarás a padre y madre”. Genara Adelina nació en el seno de una familia con nueve hijos, cuatro mujeres y cinco varones. Lo que cuenta Genara Adelina es que ella era muy bonita, tenía muchos enamorados y además el papá de ella, Octaviano Martínez López, la quería mucho por encima de sus demás hijos, razón por la cual sus hermanas le tenía cierta envidia.

Las hermanas la mal disponían con su mamá, Concepción Castillo Bermúdez, quien en muchas ocasiones hacía que Genara Adelina trabajara en la casa más que sus hermanas. Era una especie de cenicienta. Irónicamente, Genara Adelina era muy unida con su mamá y no se despegaba de ella, lo cual generaba más celos entres sus hermanas. Y fue así hasta que la mamá murió. Siempre la cuidó hasta el último suspiro. E igual hizo con su papá.

Por eso, Genara Adelina explica que ha vivido tanto porque ha cumplido con el mandamiento divino de honrar a sus padres. Su hija Mayra va más allá. “Mi madre también fue muy buena con sus hijos”. La otra explicación que Genara Adelina ha dado para vivir tanto es caminar. Cuando era muy joven, de casi 20 años de edad, junto a su esposo tenían un negocio de vender diferentes artículos, como telas, enseres del hogar, adornos y otros, los cuales salían a comerciar a pie, de finca en finca.

A sus hijos les contaba que salían de una finca de Ciudad Darío, Matagalpa, y se iban con las bestias cargadas de productos, pero ellos iban a pie, hasta llegar a las fincas que estaban ubicadas en Sébaco.

Eran largas caminatas que Genara Adelina siempre ha creído que le dieron la fortaleza física para soportar los 100 años de vida que ya está a punto de cumplir, el próximo 26 de septiembre. Irónicamente, a Genara Adelina nunca le gustó hacer ejercicio. Y tampoco le gustaba ir a fiestas o bailes. Toda su vida se dedicó al oficio de modista, confeccionando ropa de mujer, principalmente, pero también camisas y pantalones de caballeros.

Genara Adelina Martínez Castillo hace 15 años en Australia. Esta foto se la tomó para el casamiento de su nieta Scarleth Membreño. HOY/Oscar Navarrete

Ha vivido en 14 casas de diferentes

A pesar de tener varios enamorados en Masaya, Genara Adelina Martínez Castillo llegó a conocer el amor hasta Ciudad Darío, donde se enamoró a primera vista de Carmelo Pérez Suárez. La vida los mantuvo juntos durante 70 años, tanto en Nicaragua como en Australia. Uno de los seis hijos que procrearon, Marcos Antonio, se casó con una joven australiana y luego se llevó a toda la familia a vivir a ese país.

Cada año venían de visita a Nicaragua. A Genara Adelina le encanta Australia, pero añoraba a su Nicaragua y para recordarla cocinaba comida nicaragüense en ese país, incluyendo el nacatamal. En una de las visitas que hicieron a Nicaragua, hace 23 años, el 22 de julio de 1995, falleció Carmelo Pérez, el amor eterno de Genara Adelina. Le dio un infarto al miocardio. Ella lo sintió mucho. Su vida es más simple desde entonces.

“Aún lo amo”, suele decir. Y antes de fallecer, él solía decir: “La miro como cuando la conocí. La veo linda”.
Tras la muerte de Carmelo, Genara Adelina se quedó viviendo en Nicaragua pero a los tres años regresó a Australia. Luego continuó viniendo a Nicaragua año tras año, pero se mostraba indecisa.

Siempre decía que quería quedarse en Nicaragua y sus hijas corrían a comprarle una casa en el país. Pero a los cuatro meses, Genara Adelina volvía de nuevo a Australia. Entonces, las hijas tenían que vender la casa comprada porque ya no la iban a necesitar. En ese “ir y venir”, han vendido unas 14 casas, explica Mayra, la segunda hija de Genara Adelina.

En esos viajes, Genara Adelina gustaba de quedarse paseando por los lugares en los que transitaban, como Hawái, Los Ángeles, Miami, China Taipéi, y varios países en Europa. Durante los 50 años que vivió en Australia lo que se le dificultó fue el idioma. Solo habla español. El inglés lo entiende y dice algunas frases, pero no lo habla fluido. Cuando se iba de compras, se tenía que hacer acompañar por una de sus hijas para que le tradujera o bien se defendía con el poco inglés que sabía hablar.

A ella la golpeó también la muerte de su hijo Marcos Antonio, el que la llevó a Australia, en 1998.
Las venidas a Nicaragua no pararon. Año con año se venía a pasar cuatro meses al país. Pero hace cinco años ya no quiso regresar a Australia y su familia le tuvo que comprar una casa en el barrio Arlen Siu, por la pista a Sabana Grande, donde vive actualmente con Mayra, su hija.

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