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Masha en lugar aún no determinado para evitar captura

Fuente familiar asegura que tomaron medidas y harán lo posible para que no caiga en manos de represores

Nahomy Doris Urbina Marcenaro, conocida en la lucha cívica como la comandante Masha. HOY/Mynor García

Nahomy Doris Urbina Marcenaro, conocida como la comandante Masha. HOY/Mynor García

Nahomy Doris Urbina Marcenaro, conocida en la lucha cívica como la comandante Masha, supo que había una orden de captura en su contra desde el martes por la noche. Ayer, un familiar dijo que Urbina Marcenaro ha tomado sus medidas y se encontraba, hasta el cierre de esta edición, en un lugar seguro.

Por supuesto, el mayor temor de la familia de la joven es que los policías y paramilitares que los acompañan vuelvan a aparecer por la casa de su mamá en Diriamba, y la golpeen y encañonen, a como hicieron hace algunas semanas, cuando se le llevaron el teléfono y documentos personales.

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Por seguridad, Urbina no se pronunció ayer en sus redes sociales sobre la persecución. El Ministerio Público acusó formalmente a Urbina Marcenaro. La joven diriambina se mantuvo tras las barricadas del tranque del Colegio San José, en Jinotepe, Carazo, a pesar de padecer cáncer. Su postura ha causado admiración a nivel internacional y muchos seguidores locales que también adversan al Gobierno.

La buscan

La Policía, paramilitares y miembros de comités de barrios o CPC oficialmente andan tras su paradero, aunque se dice que ya está fuera del país. El domingo 5 de agosto, el Ministerio Público presentó acusación en su contra y solicitó orden de captura al juez que lleva la causa.

La diriambina, Nahomy Doris Urbina Marcenaro. HOY/ Mynor García
La diriambina, Nahomy Doris Urbina Marcenaro. HOY/ Mynor García

 

Se desconoce qué delitos le imputan, pero al juzgar por las causas anteriores contra autoconvocados, no fallará el terrorismo y entorpecimiento de servicios públicos. La causa está radicada en el Juzgado Décimo Distrito Penal de Audiencia de Managua y está a cargo del juez suplente William Larios.

La comandante Masha fue vista públicamente por última vez el 28 de julio, en la marcha “Peregrinación por nuestros obispos, defensores de la verdad y la justicia”, organizada para respaldar a los representantes de la Iglesia católica en Nicaragua, ante la campaña de desprestigio en su contra, la profanación de varias parroquias y las agresiones verbales y físicas de las que han sido víctimas.

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“Masha iba en la marcha a favor de los obispos, pero llegando al sector de Metrocentro se puso muy mal de salud y varios muchachos la sacaron cargada en brazos del lugar”, contó una autoconvocada.

Esta joven de 21 años padece de cáncer linfático, diagnosticado en diciembre de 2017, según contó ella misma en una entrevista que le hizo el diario LA PRENSA y se publicó el 22 de junio de 2018.  Sin embargo, la enfermedad no ha sido impedimento para que desde el 19 de abril saliera a las calles a exigir la salida de Daniel Ortega del poder y se atrincherara en el tranque San José, donde dormía, comía e hizo muchos amigos, según relató en ese momento la muchacha.

Familia asediada

El 12 de julio, cuatro días después del despiadado ataque a balazos de paramilitares y policías antimotines en el departamento de Carazo, el 8 de julio de 2018, la comandante Masha denunció en redes sociales y medios de comunicación que su familia estaba sufriendo acoso en Diriamba.

“Me siento impotente, frustrada, necesito que la gente sepa lo que nos está pasando, nos están matando, nos están sacando de nuestras casas, están haciendo que huyamos lejos de nuestras familias, de nuestros hogares, nos están tratando como delincuentes, por el simple hecho de estar en una lucha, una lucha que es justa, que mucha gente se ha quedado callado por miedo”, dijo Urbina, en ese momento.

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Para tratarse su enfermedad la joven fue sometida a una cirugía y está recibiendo tratamiento médico.
En la entrevista, recordó que al recibir esa mala noticia, sintió que el mundo se le iba a acabar, pero luego se documentó y cambió de pensamiento. “Mucha gente decía ‘pobrecita se va a morir’, no me gustan que digan eso, porque aborrezco la lástima”, señaló.

Son 12 quimioterapias a las que se tiene que someter Nahomy, ya se realizó ocho y le quedan pendiente cuatro.
“Ha sido bien duro y le agradezco a todas esas personas que me mandan mensajes lindos, me levantan el ánimo”, escribió en uno de sus mensajes de agradecimiento.

Otra madre que Llora

Doña Aida Luz Hernández pide justicia verdadera para uno de sus hijos y saber el paradero de otro. Ambos son víctimas de la represión gubernamental. HOY/Mynor García

HOY/Mynor García 

Han transcurrido 14 días desde que policías vestidos de azul-celeste y boinas rojas, se llevaron detenido a Vidal José Canizales Hernández y 33 días, que desapareció su hermano Jeison Antonio.
La madre de ambos, la señora Aida Luz Hernández, refiere que todos los días llora por sus muchachos, porque le hacen mucha falta.

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Ella se los imagina sentados en el sofá de la casa viendo televisión como antes de esta pesadilla. Intenta sonreír, pero en segundos, la tristeza se apodera de su rostro. El viernes 27 de julio, como a eso del mediodía, Vidal se encontraba en el porche de su casa ayudándole a su padre Osvaldo en la reparación de una motocicleta, cuando de repente se aparecieron los uniformados y lo montaron en una patrulla.

Se lo llevaron sin orden de captura y sin dar la mínima explicación. Su progenitora define la acción como secuestro.
“Aquí vino el oficial Bismarck Chávez Lezama, solo pidió la cédula y le dio orden a los otros policías que montaran a mi hijo, a quien le dieron un palmazo en la espalda”, cuenta la señora. Explica que eran alrededor de 15 agentes con su rostro descubierto y que cinco de ellos entraron a su vivienda en busca de armas.

Ingresaron a los cuartos y rebatieron la ropa, entre otros enseres, pero que al no encontrar nada, preguntaron por Jeison, quien se encuentra desaparecido desde el pasado domingo 8 de julio, cuando los paramilitares atacaron los tranques de los municipios de Diriamba, Dolores y Jinotepe.

Acusado

En la casa de doña Aida, hay un taller de soldadura y de motocicletas que le pertenece a su esposo Osvaldo.
También se alquilan baños y se vende leña. De esa manera se gana la vida la familia Canizales-Hernández en las cercanías a la antigua estación del ferrocarril, en Diriamba.

“¡Ahí te lo vamos a entregar!”, eran las palabras de ciertos policías cada vez que la desesperada mujer llegaba a la estación policial de Diriamba y Jinotepe a preguntar por su hijo. “Mi sorpresa es que el 1 de agosto, lo tienen en una audiencia y hasta ese momento me doy cuenta, me fui con su esposa hasta los juzgados”, refiere.

A Vidal, el Ministerio Público lo acusa de cometer los delitos de crimen organizado, tortura, secuestro simple, entorpecimiento de servicio público, robo agravado y lesiones psicológicas graves en perjuicio de José Antonio Palacios Velásquez y de José Roberto Castro Flores, ambos militantes sandinistas y trabajadores de la alcaldía.
Junto con él, está siendo también procesado, el conocido artesano Pedro José Flores Álvarez, de 58 años.

En la audiencia preliminar que se les efectuó, la judicial que estuvo a cargo, giró también orden de captura para Sebastián González Rocha, José Vidal Abud Jirón, Pedro Rafael Chong Gago, Denia Villavicencio Flores, Sergio González, Ismael Calderón y contra su hermano, Jeison Antonio Canizales Hernández.

El artesano

Don Pedro se ha dedicado a la albañilería y artesanía. Elabora las máscaras y personajes en miniatura del Toro Huaco y las de El Güegüense. Fue detenido por policías el 24 de julio, mientras realizaba trabajos de albañilería afuera de una panadería que se sitúa de la empresa de telefonía Claro, media cuadra al sur en Diriamba.

Es combatiente histórico del Ejército Popular Sandinista (EPS) y hermano del tradicionalista del baile del Toro Huaco y tallador de máscaras José Flores, quien ya falleció. Sus familiares aseguran que él nunca participó en marchas, ni tranques.

 

 

 

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