Las huellas de la muerte quedaron en las paredes de la iglesia

Realizaron misa en la Iglesia de la Divina Misericordia

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MIsa en la iglesia de la Divina Misericordia en Managua. HOY / Roberto Fonseca

HOY

Los agujeros de las balas disparadas hace una semana por las “fuerzas combinadas” sandinistas contra la Iglesia de la Divina Misericordia, donde perdieron la vida dos jóvenes, hacen imposible olvidar la fatídica fecha que vivió Nicaragua y que quedará grabada a fuego de por vida en la memoria de quienes lo vivieron de cerca.

Las huellas de la barbarie y la muerte permanecen en la fachada de la parte de la capilla de la iglesia, lugar en el que se refugiaron, huyendo del tiroteo, estudiantes, médicos y periodistas, quienes estuvieron retenidos allí varias horas.

Como si de un museo se tratara, los fieles, tras asistir a la primera misa celebrada después de la fatídica noche del viernes pasado, hacen fotos para el recuerdo, un recuerdo doloroso que “no se olvidará jamás”, tal y como dijo a Acan-efe Clara Reyes, una feligresa habitual del templo.

“Nos están matando”

“Esos huecos nos recuerdan que nos están matando y eso no se olvidará jamás, pero las balas nunca podrán con la palabra de Dios y tampoco los ataques del presidente (Daniel Ortega) contra la iglesia. Él no es el dueño del país, solo es un presidente que puede dejar de serlo en cualquier momento. Nosotros tenemos la palabra”, manifestó Reyes.

La feligresa, que mantiene en su memoria “como si fuera ayer” la vivencia de la trágica noche, que siguió por los medios de comunicación y redes sociales, está convencida de que “si la justicia terrenal no lo juzga, lo hará la divina, y de esa no se podrá escapar ni él ni la Chayo (Rosario Murillo, vicepresidenta del país y esposa de Ortega)”.

En la misma línea, Carlos Cabazo, otro devoto nicaragüense, aseguró a Acan-efe que “todavía duele el corazón al pensar en ese día”, en referencia el suceso ocurrido la noche del viernes y la madrugada del sábado en la iglesia.

 

“Yo no estaba aquí, pero seguí minuto a minuto el sufrimiento de los chavalos y de las personas que estaban en la capilla. Cualquier nicaragüense de bien ha sufrido ese día y sigue sufriendo por tanta sangre de inocentes derramada”, señaló Cabazo.

El hombre explicó que al día siguiente del hecho, se comunicó con el sacerdote de la parroquia, Erick Alvarado, para ponerse a su disposición para las tareas de limpieza y restauración del templo.

Homilía
Durante la homilía, el padre Erick Alvarado hizo público su agradecimiento por el “coraje que tuvieron” los feligreses, quienes “sin miedo ni temor se presentaron aquí, en el templo, armados con útiles de limpieza y se pusieron a limpiar para eliminar, lo más pronto posible, las huellas de la muerte”.

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