Historia de la firma de Jonathan Loáisiga con los Yanquis

Jonathan Loáisiga inició su carrera profesional con los Gigantes de San Francisco, pero encontró en los Yanquis de Nueva York su oportunidad para brillar.

Jonathan Loáisiga firmó con los Yanquis de Nueva York en 2016. HOY/Oscar Navarrete

Jonathan Loáisiga firmó con los Yanquis de Nueva York en 2016. HOY/Oscar Navarrete

En el verano del año 2000, Gonzalo López, un prodigioso lanzador derecho, con todo el instrumental físico para convertirse en una estrella, era el mejor prospecto en Nicaragua. Debía firmar el 2 de julio de ese año y yo estaba seguro que lo haría con los Yanquis.

Sin embargo, a última hora los Bravos hicieron una mejor oferta y López se unió al equipo asentado en Atlanta. A mí me costó asimilarlo. Pasé varios días culpándome por aquella falla, hasta que recibí una llamada de Chico Heron, un scout panameño de los Yanquis.

Oye, ya deja de estarte recriminando por eso. Ese jugador no era para ti. Ya olvídate de eso. Ve a buscar otro. Pídeselo a Dios. Yo le pedí que me diera un big leaguer y me dio a Mariano Rivera. Haz eso mismo tú”, decía una voz paternal, pero firme en el teléfono.

En realidad, lo he estado buscando desde 1994, cuando fui contratado por los Yanquis, pero desde aquel diálogo con el legendario Heron, comencé a incluir al big leaguer en mis oraciones. Y pese a que no llegaba, esperé durante años sin un instante de desaliento.

¿Será Raudes el bigleaguer?

Cuando en 2013 apareció Roniel Raudes como un prospecto, tuve la sensación de que él podía ser el jugador que buscaba. El granadino era impresionante. Su arsenal tenía todos los picheos y los manejaba con precisión. Así que lo perseguí con especial esmero.

Raudes fue invitado por los Yanquis a República Dominicana y gustó lo que mostró. Pero los Medias Rojas de Boston estaban también en su búsqueda y consiguieron su firma en 2014. El trabajo de Rafael Mendoza resultó mejor que el mío y se quedó con el prospecto.

Volví a sentirme como cuando perdí a Gonzalo, pero nuevamente recordé a Heron. “Ese no era para ti”, me parecía escuchar del desaparecido scout, que logró firmar a Mariano Rivera, Ramiro Mendoza, Rubén Rivera y Fernando Seguignol, entre otros big leaguers.

Unos días tarde, mientras esperaba en el viejo Estadio Dennis Martínez para una prueba de prospectos, Stanley Loáisiga, exjugador y ahora coach con los Dantos, se me acercó a preguntarme por Raudes. “Lo perdí”, le dije. “Pero ahí está mi chavalo”, replicó.

Jonathan Loáisiga a escena

Su chavalo es Jonathan Loáisiga. Y debo confesar que no me emocioné al escuchar lo que me decía Stanley, un viejo amigo, al que incluso firmé como jugador para los Expos. Pero me hablaba con entusiasmo de su hijo y le prometí que iría a verlo en algún momento.

Jonathan no me parecía atractivo. Había sido firmado por Sandy Moreno en 2012 para los Gigantes y aunque tuvo un estupendo 8-1 y 2.75 en 13 partidos en el 2013 en Dominicana, había sido dejado en libertad por lesiones y cuestionamientos a su actitud en el 2014.

Comencé a observarlo con cierto sigilo y fui apreciando cómo su velocidad iba en ascenso. De 87-88 millas, ya tocaba las 90 de forma ocasional y siempre con esa fluidez y soltura en sus acciones. Pero me parecía muy frágil físicamente y tenía dudas de su actitud.

A finales del 2015, lanzó en el Estadio Jackie Robinson con los Dantos ante los Toros y mientras comentaba en Radio 580, le puse el radar y ahora estaba en 92-93. Apagué la pistola para no llamar la atención, pero Oscar González, de LA PRENSA, me había visto.

La llamada de mi jefe

Es el momento de mostrarlo a mi superior, pensé. Y llamé a Ricardo Finol, un supervisor internacional de los Yanquis, quien vino en enero 2016. Lo vimos en Nindirí y Loáisiga ya estaba en 94-95 millas con una curva sensacional y un cambio devastador.

También tiro slider y tengo sinker”, dijo el chavalo angosto, pero que lanzaba con total naturalidad cualquier envío para strikes. Finol se fue encantado con el jugador y me dijo que esperara su llamada. Pasó enero y la llamada no llegó. Así que me afligí.

Loáisiga había lucido tan bien con los Gigantes de Rivas en la Liga Profesional en ese 2016, que fue llamado a la Selección Nacional que iría al Preclásico en Mexicali, Baja California. Y mi temor, era que viajara a México sin haber sido firmado. Pensé que lo perdía.

Así que una mañana llamé a Finol y fui directo: “no sé qué vas a hacer vos, pero a este tipo yo no lo voy a perder. Hablá con el jefe (Donny Rowland) y decile que a este jugador yo no lo voy a dejar ir. Y que, si no lo firmamos, que después no hable babosadas”.

Se apruena la firma

Finol me indica que el jefe (Rowland) ha aprobado la firma, pero ahora soy yo quien tiene cierto temor. Me dicen que Loáisiga es problemático, que anda como loco en una moto, que le gustan las cervezas, que es fanático de montar toros y que de nada de lesiona.

¿Oye Edgard, ya firmaste al jugador?”, me pregunta Finol una mañana desde Venezuela. Le digo que en eso estoy. “¿Cómo que en eso estoy?, fírmalo y ya, chico”, reitera Finol y me voy a las prácticas de la Selección. Hablo con Loáisiga y le digo que lo firmaré.

Después de la práctica, le di raid a su casa en Las Sierritas de Santo Domingo para firmar el contrato. Pero antes de bajarse de la camioneta junto a su casa, tuvimos una conversación que él me recordó el 14 de junio, justo un día antes de su debut en las Grandes Ligas.

Jonathan, me han dicho muchas cosas negativas de vos, pero he orado mucho y siento en mi corazón, que sos el big leaguer que le he pedido a Dios. Me dicen que vos no vas hacia ningún lado. Yo creo que vas hacia las Grandes Ligas, así que no la vayas a cagar”, le dije.

La cirugía Tommy John
Loáisiga viaja a Dominicana y luego de una semana se determina que está sobrado para ese nivel. Va con la selección a México e impresiona con su poder y control.

Los scouts lo acechan, pero ya es de los Yanquis y luego pasa a Estados Unidos al spring training. Jonathan luce tan bien, que no va a la liga de novatos, ni a Clase A corta, sino que salta a Clase A media con el Charleston.

Su arsenal impresiona: recta a 96 millas, curva sobre average, cambio promedio y slider promedio. Pero en su primera salida, se lastima. “Sentí algo raro en el codo y pasé de tirar 96 millas a 87 casi en el acto. Cuando el médico me vio, me dijo que no le gustaba nada lo que pasaba. Me enviaron a Tampa y ahí se supo que tenía roto el ligamento colateral cubital y se decidió operarme en Nueva York”, dice.

La cirugía se realizó el cinco de mayo del 2016 en Nueva York a un costo de 50 mil dólares y se decidió que regresaría a Tampa para rehabilitarse. Loáisiga pide que lo manden para Nicaragua y pensé que ahora si sería difícil verlo de regreso al mejor nivel en el beisbol.

Hacia las Grandes Ligas

Contrario a lo que muchos pensaron, Loáisiga fue súper disciplinado con la rehabilitación de su brazo. Los Yanquis pagaron al doctor Edgard Gutiérrez (Chorro) quien hizo un gran trabajo y en enero de 2017 Loáisiga comienza a soltar poco a poco el brazo.

Ya estoy soltando el brazo, tal vez me puede venir a ver”, me dijo un día y fui a verlo en el campo de la Unica. No se lo dije en aquel momento, pero salí desanimado. La mecánica era horrible. El brazo se le miraba tieso, como una palanca y nada o poca velocidad.

Ahora ya estoy mejor”, dijo más tarde y fui a comprobarlo. Viajó a EE. UU. y siguió en un claro ascenso. Arrasó por las ligas donde pasó y después de tirar 32.2 innings con 1.38 en efectividad y 33 ponches y solo tres bases, fue agregado al roster de 40 jugadores.

Este año, despegó en Clase A fuerte y después de conseguir 3-0 y 1.35, saltó a Doble A y tras registrar 3-0 y 4.32, salta a las Grandes Ligas y se convierte en el primer nica en los Yanquis de Nueva York y el número 16 en las Ligas Mayores. Lo demás, usted lo sabe.

Detalles
Jonathan Stanley Loáisiga Estrada nació el 2 de noviembre de 1994 en Las Sierritas de Santo Domingo, Managua. Es hijo de Stanley Loáisiga y Fátima Estrada.

Su abuelito Efraín Estrada, quien lanzó con el Masaya en los setenta en la Liga ESPERE, lo comenzó a llevar a los campos y fortaleció su vínculo con el beisbol.

Domingo Ocón (Chumingo) fue su primer mánager en un campo que estaba cerca del Polideportivo España. Luego fue a la Liga de la 14 de Septiembre y La Mascota.

Cuando niño era muy inquieto, tanto que una vez tuvieron que amarrarlo a la cama en un campeonato nacional en Chontales. Ese día le quebró los lentes a alguien.

Es hermano de Mike Loáisiga, actualmente firmado por los Dodgers. Su papá, Stanley, fue firmado por los Expos de Montreal en 1993. Actualmente es coach.

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