Si le duele la parte baja de la espalda podría estar sufriendo de cálculos en los riñones

Si ha sufrido de jincones, estilo "puñaladas" es posible que esté padeciendo de este problema común en la población

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El día transcurre con normalidad hasta que de repente y de forma súbita una sensación te atrapa. Ese dolor en la parte inferior de la espalda, algo parecido a una “puñalada”.

El dolor se intensifica y se conecta de forma directa a la mitad del abdomen, y luego a los genitales. La persona jadea de dolor, llora, grita, y las náuseas llegan, luego el vómito. Una de las piernas se acalambra y duele todo con intensidad. Todo el malestar se vuelve extremo. Lo peor es que si hay infección asociada, se detecta con fiebre alta.

Un cálculo renal, también conocido como piedra en el riñón o litiasis renal, es una masa sólida que se forma en este órgano del cuerpo cuando las partículas —minerales o sales ácidas— que nuestra orina contiene y que habitualmente van disueltas se cristalizan. Estas masas pueden quedarse ahí o desplazarse hasta el uréter y, normalmente, aunque no siempre, se expulsan al orinar. En caso contrario, pueden provocar problemas como dificultad para expulsar la orina y dolor.

Sus dimensiones pueden ser milimétricas, desde las conocidas popularmente como “arenillas” hasta alcanzar varios centímetros. Suelen mostrar un color marrón o amarillento, de contornos más o menos lisos y regulares, o también ser irregulares. Puede existir uno o varios cálculos renales al mismo tiempo.

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Se trata de una enfermedad bastante común. De hecho, según la Asociación Española de Urología (AEU), una de cada diez personas sufrirá un cálculo renal en algún momento de su vida.

Normalmente, la incidencia aumenta después de los 20 años y es máxima entre los 40 y los 60, especialmente en los hombres. En las mujeres, también se produce un segundo pico de incidencia a partir de los 60 años.

En general, afecta más a los varones que a las mujeres, en una proporción aproximadamente de dos a uno, aunque esta diferencia parece estar reduciéndose en los últimos años.

Tratamiento

Tradicionalmente, se viene recomendando que, en caso de piedras de poco tamaño o en las asintomáticas, se deben beber de seis a ocho vasos de agua al día para aumentar la cantidad de orina y ayudar a expulsar el cálculo.

Sin embargo, otras fuentes actuales recomiendan evitar una excesiva hidratación en la fase aguda del cólico, porque podría empeorar los síntomas y no existe una evidencia clara de que la sobrehidratación disminuya los tiempos de expulsión de la piedra.

La aplicación de calor local es también útil como tratamiento complementario para aliviar el dolor y las náuseas.

En el caso de dolores fuertes, es necesario ingerir fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINES) como el diclofenaco. En algunos casos, pueden ser necesarios analgésicos diferentes o, incluso, la hospitalización. También existen otros medicamentos que se utilizan para el tratamiento del cálculo, favoreciendo su expulsión o su disolución.

Si los medicamentos no funcionan y los síntomas persisten, se precisa un tratamiento activo para la retirada de la piedra de la vía urinaria y permitir el adecuado flujo de orina, ya que el cálculo renal puede causar infección renal y daño permanente del órgano o complicaciones muy graves. A este tipo de tratamientos pertenecen los que consisten en fragmentar la piedra en trocitos muy pequeños o directamente atraparla entera a través del uréter.

Factores de riesgo

Tener antecedentes familiares: es más probable que desarrollemos cálculos si un familiar nuestro los ha sufrido antes.

La dieta: una alimentación rica en grasas, azúcares y proteínas animales y la ingesta de cantidades elevadas de sodio (sal) aumentan el riesgo de sufrir cálculos de calcio.

La cantidad de líquido que se ingiere: la deshidratación puede provocar que la orina sea demasiado concentrada, lo que, a su vez, favorece la formación de cristales.

Trastornos metabólicos derivados de algunas enfermedades genéticas, como la cistinuria, hiperoxaluria primaria o la fibrosis quística —entre otras—, en las que las concentraciones de sustancias en la orina se ven alteradas y ello produce la formación de cálculos.

Tipo

Existen, principalmente, cuatro tipos de piedras o cálculos renales:

Cálculos de calcio: son los más comunes. El calcio que nuestro organismo no usa se dirige a los riñones, donde es retenido y puede combinarse con sustancias.

Cálculos de estruvita: Resultan más frecuentes en mujeres y, a menudo, son producto de infecciones repetidas o crónicas en el sistema urinario. Pueden alcanzar un gran tamaño y obstruir el riñón, los uréteres o la vejiga.

Cálculos de ácido úrico: Más habituales en las personas que ingieren mucha carne, mariscos y pescado y también pueden aparecer en casos en los que la orina contiene una cantidad excesiva de este ácido, como en pacientes con gota, con trastornos de la sangre, en tratamiento con quimioterapia o que han sufrido pérdidas rápidas de peso, entre otros casos.

Cálculos de cistina: Afectan a ambos sexos, aunque son poco frecuentes y están provocados por un trastorno genético llamado cistinuria. Este lleva a los riñones a volcar en la orina demasiada cantidad de cisteína, un aminoácido presente en los músculos, los nervios y otras partes del cuerpo

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