La madrugada de este domingo murió el cardenal Miguel Obando y Bravo

Según los medios oficialistas, el deceso se dio este domingo a las 3:48 de la madrugada

Cardenal Miguel Obando y Bravo. HOY/ARCHIVO

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El Arzobispo emérito de Managua, el cardenal Miguel Obando y Bravo, murió la madrugada de este domingo a los 92 años bajo la sombra de su alianza con el presidente designado por el Poder Electoral, Daniel Ortega.

Obando fue uno de los protagonistas de la historia de Nicaragua desde los años setenta del siglo pasado, cuando el país estaba en pie de lucha para derrocar a la dictadura de los Somoza, y también por su posición crítica al primer gobierno sandinista, instalado posteriormente.

Según los medios oficialistas, el deceso se dio este domingo a las 3:48 de la madrugada. Obando fue nombrado cardenal por el Papa Juan Pablo II el 25 de mayo de 1985, y fue retirado por él mismo, en su agonía, según le hicieron saber, una madrugada de abril de 2005, un episodio que el religioso retrató en una entrevista como “el madrugonazo”.

A partir de entonces, cuando la Santa Sede designó como sucesor al ahora Cardenal Leopoldo Brenes, su protagonismo en las actividades públicas del gobierno fue constante, al punto que una Asamblea, de mayoría sandinista, lo nombró prócer en marzo de 2016. Brenes ha confirmado a los obispos el fallecimiento, según publicó en su cuenta de Twitter, el Obispo Auxiliar de Managua, Silvio José Báez.

 

La alianza entre Ortega y Obando, ambos originarios del pequeño poblado minero La Libertad, en Chontales, inició en octubre de 2002 cuando los votos de los contralores de Ortega salvaron de ir a juicio al protegido del religioso, el magistrado electoral Roberto Rivas Reyes, quien se encontraba involucrados en irregularidades administrativas al frente del Consejo Supremo Electoral (CSE).

Rivas Reyes es hijo de Josefa Reyes, asistente del religioso, y fue, gracias a la gestión de él, que fue nombrado en el cargo de magistrado en 1995. Rivas presentó su renuncia, después de 23 años como funcionario, el 31 de mayo después de evitar las comparecencias públicas a lo largo de 205 días. Fue sancionado en diciembre pasado por Estados Unidos, bajo la ley Magnitsky que castiga a funcionarios señalados de corrupción y violaciones a derechos humanos.

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En el pasado, tras la alianza con Ortega, quedó aquella famosa parábola “La víbora” que el religioso recreó en una homilía en 1996, cuando se celebraban elecciones en Nicaragua, y que fue tomada como un discurso decisivo para impedir que el caudillo sandinista volviera al poder en ese entonces. El religioso contó la historia de un caminante, que encontraba a su paso a una serpiente moribunda, y decidió cuidarla. Tiempo después, la acercó a su pecho y aquella lo mató.

Según la biografía publicada en Aciprensa, Obando, que celebró sus 50 años de vida episcopal el seis de abril pasado, es salesiano, fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1958 y nombrado Obispo para la diócesis de Matagalpa el 18 de enero de 1968.

“Muchas organizaciones internacionales han reconocido su ininterrumpida labor pastoral y humanitaria. Entre sus servicios en pro de la paz figura el haber mediado entre el Gobierno de Nicaragua y los guerrilleros sandinistas que tomaron el Palacio Nacional. Se le reconoce su intervención humanitaria para aminorar la crudeza del conflicto bélico antes del inicio del Régimen revolucionario. Presidente de la Comisión Nacional de Reconciliación de la Republica de Nicaragua (1987). Mediador entre el Gobierno de Nicaragua y la Resistencia Nicaragüense para obtener la Paz”, dice la biografía citada por la agencia de prensa religiosa.

Críticas

Sin embargo la alianza con Ortega le mereció críticas, así como la protección que siempre dio a Rivas. El siete de abril pasado, la teóloga María López Vigil dijo a LA PRENSA que se necesitaba que transcurriera el tiempo para hacer una valoración justa del religioso, quien consideraba se encontraba golpeado por “el justo castigo contra Roberto Rivas”.

Sin embargo, la también teóloga Michelle Najlis, aseguró entonces que era un “capellán del gobierno”. Para ella, Obando había demostrado una falta de coherencia en diferentes etapas de la historia, debido a sus cambios de posiciones políticas con cada gobierno, pero particularmente por su alianza con Ortega y el FSLN, un partido al que se opuso en el período 1979-1990.

Najlis afirmó también que la administración de Ortega no tiene nada que ver con la revolución. Dice que le hubiese gustado que el cardenal, fuese “más fiel al evangelio, que a la política de turno”.

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