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Familia de niño asesinado en la marcha de las madres culpa al Gobierno

Muchas madres perdieron a sus hijos el 30 de mayo, las familias de las víctimas culpan al Gobierno...

La madre del joven Orlando Córdobas (q.e.p.d.) dijo que cree en la justicia divina, pero, buscará la terrenal. HOY/Foto: Yaosca Reyes

Managua

El 30 de mayo, a primera hora, el joven Orlando Córdobas, de 15 años, publicó en su cuenta de Facebook: “Hoy no es un día cualquiera, hoy es el día de mi viejita linda… te quiero”.

Su madre, Yadira Córdobas, compartió y comentó el post risueña. Horas más tarde, Orlando le pidió permiso para asistir con un grupo de la iglesia Asambleas de Dios a la marcha en honor a las madres de los mártires de abril.

“Lo dejé ir porque pensé que el Gobierno iba a respetar el dolor de las mujeres que habían perdido a sus hijos en las protestas. Creí que no iban a haber ataques. Me confié”, expresó entre lágrimas.

A sus 15 años, era la primera vez que el joven participaba en una manifestación. Estaba enterado de la situación del país a través de la televisión y redes sociales.

La fatal noticia llegó a oídos de su madre a las 4:50 de la tarde. Un miembro de la iglesia le llamó y le dijo que no se pusiera nerviosa por lo que iba a contarle: “Le dieron un balazo a Orlando, ya se lo llevaron al Hospital Fernando Velez Paiz”.

La angustia de Yadira fue inmediata. Tomó un taxi para llegar rápidamente al sanatorio, pero los tranques no se lo permitieron.

“A las 7:00 de la noche llegué al hospital. No logré despedirme de mi hijo. Ya estaba muerto”, mencionó.

Según la madre, el hospital entregó el cuerpo de Orlando a las 10:00 de la noche y así como le fue difícil llegar a verle, también lo fue trasladarlo a casa debido a que en muchas calles había barricadas.

El epicrisis que brindó el Ministerio de Salud (Minsa) indicó que el joven había muerto por impacto de bala en su estómago. El proyectil no tuvo orificio de salida, dañó el pulmón y el hígado.

“Los médicos me dijeron que la bala también había tocado unas venitas conectadas con el corazón, por eso a él le dio un infarto”, señaló la madre visiblemente afectada.

Así cayó el niño

Muchos familiares de la víctima viajaron desde Bluefields. HOY/Foto: Yaosca Reyes

A Orlando Córdobas (q.e.p.d.), le emocionó ver a decenas de miles de personas marchando por las madres de los mártires, la democratización y la paz de Nicaragua.

Caminó con su grupo a la Universidad Centroamericana (UCA), pero luego, al oír que en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) se escuchaban morteros, resolvió ir a observar en compañía de un amigo.

“Llegamos al campo de la UNI, ahí había mucha gente, la cosa estaba tensa, cuando iba a decirle que nos fuéramos porque noté que estaban disparando unos sujetos encapuchados y había policías, él gritó: ‘me dieron’, le sangraba el estómago”, relató el adolescente que le acompañó.

Tras el impacto, Orlando cayó rendido por el dolor, su amigo trató de moverlo de la zona de fuego, pero solo pudo pedir ayuda.

“Miré a un paramédico. Este no pudo atenderlo porque no andaba equipos”, contó el testigo aún impactado. El estado de Orlando empeoraba con el pasar de los minutos. Un motorizado desconocido, al ver que el joven sufría, se ofreció a llevarlo al hospital más cercano.

Al llegar —refirió el adolescente testigo— los médicos intentaron salvarlo, pero fue imposible detener el sangrado. Córdobas murió antes de entrar al quirófano. Sus últimas palabras fueron: “Tengo sed, quiero agua” y expiró.

Su madre aseveró que posterior al duelo, buscará apoyo en los organismos defensores de los derechos humanos. “Creo en la justicia divina, pero también buscaré la terrenal”, sentenció.

Músico y deportista

Orlando Córdobas tenía 15 años y era un apasionado por el futbol, tanto así que era integrante de la Federación Departamental de Futbol de Managua. Le fascinaba la música y, en la iglesia a la que asistía, era el encargado de tocar la batería. Estudiaba sexto grado de primaria en el Centro Escolar España, de la capital.

Rabia en en medio del dolor

Martha Vásquez

Maycol González no dejó hijos, era albañil y estudiaba inglés sabatino, dijo su mamá paula Hernández. HOY/Foto: Carlos Valle

Maycol González Hernández, de 34 años, quien fue asesinado en el sector de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) este 30 de mayo, cuando participaba en la marcha de las Madres de Abril, fue velado ayer en la comunidad Madrigales Norte, cercano a Veracruz. Hernández recibió un disparo presuntamente de AK en el tórax y le perforó un pulmón. Falleció en el quirófano en el Hospital Vivian Pellas.

Su familia, lejos de estar abatida por el hecho, puesto que es el segundo miembro de la familia que pierde en las protestas contra el gobierno de Daniel Ortega, a manos de la Policía, dice estar llena de coraje y continuará la protesta hasta que Ortega y Murillo se vayan del Gobierno.

Maycol González era primo de Jeisson Chavarría Urbina, el joven de 24 años que fue asesinado en Ticuantepe el pasado 21 de abril, durante las protestas contra las funestas reformas al Instituto Nicaragüense de la Seguridad Social (INSS).

“Hoy tenemos 40 días desde que perdimos a Jeisson y ahora estamos velando a Maycol, pero eso no nos detendrá. El miedo ya lo perdimos y no vamos a descansar hasta que Daniel y la Rosario Murillo se vayan. Queremos una Nicaragua libre”, dijo Mireya Urbina, prima del ahora difunto.

Hijo de un policía

Otro de los que fue asesinado el 30 de mayo fue Francisco Javier Reyes Zapata, de 34 años, el es hijo de un policía ubicado en el Distrito Uno, pero eso nunca impidió que participara en cada marcha cívica autoconvocada desde el 18 de abril hasta ayer que fue su última participación en apoyo a las Madres de Abril.

“Mi hijo les gritaba a los policías asesinos y esos mismos asesinos me lo quitaron. Le dieron un disparo en el ojo que le sacó los sesos. Fue un francotirador que estaba en el nuevo estadio nacional”, dijo su mamá Guillermina Zapata.

Orteguismo fue brutal

Roberto Mora y Saúl Martínez

Sara Amelia López, mamá de Cruz Obregón, asesinado este 30 de mayo por grupo de parapoliciales. HOY/Foto: Roberto Mora

El ataque de fuerzas parapoliciales orteguistas en horas de la noche del Día de las Madres contra los jóvenes que protestaron en Estelí y Chinandega, fue brutal y dejaron tres muertos en cada localidad.

En Estelí, un grupo de hombres armados que salieron del edificio de la Dirección General de Ingresos enfrentaron a otro grupo de jóvenes que se defendieron con morteros y piedras. El resultado: la muerte de dos estudiantes universitarios y un obrero, así como una gran cantidad de heridos de balas que en algún momento fueron impedidos por guardas de seguridad ingresar al hospital público San Juan de Dios, aunque luego cedieron.

Entre los fallecidos está el hijo de un secretario político del Frente Sandinista en una comunidad de Estelí, identificado como Cruz Alberto Obregón López, de 23 años, por quien su madre, quien se encontraba en Costa Rica exigió justicia y al gobierno que deje de matar a los jóvenes.

Sara Amelia López recordó entre lágrimas que su hijo, le envió su saludo de felicitaciones en ocasión del Día de las Madres en horas de la mañana y en la noche le estaban avisando que se lo habían matado.

Otro de los jóvenes asesinados de un impacto en el pecho fue Dodanim Jared Castilblanco, de 26 años, estudiante de Ingeniería Agroindustrial en la Farem, quien dejó en la orfandad a dos niños de 10 meses y otro de seis años, confirmó su padre Amado Castilblanco. La tercera víctima es Mauricio López, un obrero de 40 años. Sus familiares evitaron hablar con los medios de prensa.

En Chinandega

La masacre de turbas y paramilitares en Chinandega dejó muerto al estudiante Juan Alexander Zepeda, al trabajador municipal Marvin Meléndez y una tercer víctima que fue identificada como Rudy Antonio Hernández Alméndarez, de 33 años, originaria del reparto La Florida.

De este últim, se conoció que murió al recibir perdigones de escopeta en el hombro derecho y tórax.

En la calle del Hospital Amocsa, en Chinandega, según pobladores, los grupos afines al orteguismo quemaron una camioneta doble cabina, color blanca, marca Nissan Frontier, propiedad de un productor de caña de azúcar que resguardaba en una de las salas a su esposa enferma.

Del parqueo de este hospital privado, desapareció una motocicleta, propiedad del personal médico que atendía. “Aquí se ubicaron las turbas y paramilitares para que no recibiéramos a los heridos”, denunció un trabajador de la salud. Hasta el hospital general España fueron trasladados 16 heridos de bala, morteros y perdigones de escopeta.

Dos tiendas de ropa y calzado fueron saqueadas y otra de celulares terminó con las puertas rotas.

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