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Tía de Javier Munguía: “Era un trabajador, no era delincuente”

Caso Javier Munguía: Entierran a joven hallado muerto en el Instituto de Medicina Legal (IML), luego de estar desaparecido

Margarita Mendoza llora sobre el féretro de Javier Munguía. El joven fue sepultado en el cementerio Milagro de Dios. J. Tijerino

Margarita Mendoza llora sobre el féretro de Javier Munguía. El joven fue sepultado en el cementerio Milagro de Dios. J. Tijerino

En cuestión de minutos, el sonido que producen las cuerdas de la vieja guitarra de Douglas Corea empezarán a sonar. Una camioneta blanca, con un ataúd a bordo donde descansan los restos del joven Javier Munguía, se ha estacionado a metros de una tumba. Corea, con su caminar lento, se acerca al vehículo y se presenta entonando un cántico.

Esta movida ya la ha hecho antes como “guitarrista de tumbas” por siete años. Y durante todo este tiempo, su voz ha ambientado un sinnúmero de entierros. Pero hoy le canta a Javier Munguía.

Munguía era un joven de 19 años que fue reportado por sus familiares como desaparecido. Tras buscarlo por diez días, lo encontraron muerto en la morgue del Instituto de Medicina Legal.

Un dictamen emitido por esa entidad indica que Munguía falleció de “Anoxia encefálica más edema agudo de pulmón, causado por asfixia mecánica”.

Medicina Legal en su portal electrónico publicó una nota de prensa señalando que un forense privado realizó un examen minucioso a Munguía.

Los resultados del especialista, dicen, coinciden con el dictamen del instituto. El caso Munguía continúa sin ser investigado, pero sus familiares han denunciado públicamente que sospechan de oficiales de Policía.

Por su parte, las autoridades indicaron que el occiso falleció en un acto delictivo en una zona no precisada de la capital.

Se conoció que funcionarios de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) tienen registrada una denuncia sobre este hecho.

La última comunicación que sostuvo Francisco Munguía Rivera con su hijo —difunto— fue el 8 de este mes.
En la conversación, el difunto le envió una fotografía de su almuerzo por WhatsApp.

Después le comentó que entregaría documentos en unos establecimientos con el fin de obtener un empleo. Horas después se enteró después de su desaparición.

Un gran dolor

Durante el sepelio, efectuado en el cementerio Milagro de Dios, en Managua, Sara Mejía Tórrez, tía del joven fallecido, gritó su nombre y el público respondió: ¡presente, presente, presente!

Su madre, Margarita Mendoza, sumida en el dolor, se acercó con dificultad al féretro. Se despidió de su hijo en llanto y luego se desmayó. Tuvieron que reanimarla con agua y buscarle un asiento para que descansara.

La familia, amigos de infancia, de escuela, todos, lloraron la partida física de Javier Munguía. Durante el entierro, no faltó su fotografía; una pariente la cargó siempre en alto.

Finalmente, Munguía Rivera pidió justicia no solo por su hijo, sino por todos esos que han perecido en manos de la represión policial y paramilitar. “Ninguno quedará impune”, aseveró.

¿Dónde estaba?
8 de mayo: Javier Munguía Mendoza desaparece. No vuelve a su casa luego de haber salido a buscar unas cartas de recomendación, así lo afirman sus familiares.

10 de mayo: su mamá Margarita Mendoza, sin saber nada de él solicita ayuda de organizaciones de derechos humanos. En conjunto, empiezan a buscar al muchacho en todos los lugares posibles: El Chipote, hospitales y Distritos Policiales. No hay rastro.

18 de mayo: mientras su mamá estaba reunida con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, recibe una llamada desde el Instituto de Medicina Legal, donde le notifican que el cuerpo de su hijo está en la morgue.

La fotografía de Javier Munguía fue alzada durante todo el acto fúnebre. Juan Tijerino
La fotografía de Javier Munguía fue alzada durante todo el acto fúnebre.
Juan Tijerino

Soñaba ser ingeniero

Javier Alexander Munguía quería ser ingeniero en Sistemas, tener su propio negocio y disfrutar de la vida plenamente.

Para lograr su propósito estudió su primaria y secundaria sin atrasos en un colegio público cercano a su casa.

Quienes crecieron a su lado, lo describen como un joven alegre y ansioso por aprender cosas nuevas. “Era una buena persona, un joven sano, no dañaba a nadie, era dedicado a sus estudios y le gustaba ayudar a los demás”, mencionó Génesis Jordán, amiga de infancia.

Javier Alexander Munguía era el menor de seis hijos, sus padres, desde pequeño, le enseñaron la importancia del trabajo y el emprendimiento.

Desde los 13 años empezó a trabajar duro, “fue ayudante de albañil, trabajó en electricidad, fue mesero, administrador de bar y realizó otros rumbitos… él quería superarse y ayudar con los gastos de la casa”, dijo su tía María Elena Munguía.

Con el sudor de su frente y el apoyo de sus padres, el joven Munguía también estudiaba un técnico en Computación.

“Ese era apenas un paso para llegar a estudiar la carrera de Ingeniería. Se esforzaba mucho”, añadió la tía del difunto.

“No era vago”

Según familiares, son muchas las mentiras que se han fabricado en torno a su pariente.
“Dicen que era un vago, quieren involucrarlo en otros delitos. No es así. Este chavalo no era vago. Tenía muchos sueños y no perdía su tiempo”, aseveró Vidal Reyes, su padrastro.

También, resaltó que el 8 de mayo, su hijastro salió de casa con unos papeles en compañía de un primo, “iba a buscar trabajo. No regresó más”.

A la fecha, la familia aún no sabe el porqué del asesinato de su pariente.
“Solo tenemos el dolor. Hemos perdido a una gran persona. Un joven que podía dar más en la vida. Queremos que se haga justicia”, concluyó su padrastro.

 Los restos de Javier Munguía son cargados en hombros por amigos y Familiares. J. Tijerino
Los restos de Javier Munguía son cargados en hombros por amigos y Familiares.
J. Tijerino

¿Qué le pasó a Javier?

Para la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), las autoridades nicaragüenses no debieron dejar dudas de la causas de muerte del joven Javier Munguía.

Explicaron que dado lo delicado del asunto por tratarse de la vida de una persona y los días de crisis que vive el país, tanto la Policía como Medicina Legal, debieron procesar sin engaño lo ocurrido con el joven.

Pablo Cuevas, asesor de este organismo de derechos humanos, dijo que doña Margarita Mendoza, madre del muchacho, no deja de estar sorprendida con lo que pasó con Javier.

Y es que dos días después de su desaparición, el 10 de mayo, Mendoza, visitó la CPDH para pedir apoyo en la búsqueda del joven. Según, Cuevas, cuatro días estuvieron a su lado agotando todas las opciones, de dónde podrían hallar a su hijo.

“Estimamos que para el 15 de mayo, el muchacho estaba en El Chipote, porque dos reos (capturados en las protestas y liberados después) lo vieron ahí”, reiteró Cuevas. En el Instituto de Medicina Legal (IML) el cuerpo apareció el viernes 18 de mayo, pese a que según la madre, a ella le negaron que haya estado allá.

La contradicción es que en el reporte oficial de dicha institución se refleja que el fallecido ingresó a la morgue a las 10:45 de la noche del 8 de mayo, mismo día que desapareció. Y que quien lo llegó a dejar fue un oficial del Distrito Uno de la Policía Nacional.

“Eso tiene Medicina Legal en el ingreso. Que tanto la familia y nosotros, viendo el actuar de todas estas instituciones dudamos que sea real. Tanto es así que un forense le dijo a Margarita que Javier murió de un infarto y le dio algunas hipótesis, él especuló”, dice Cuevas.

Un forense privado de la CPDH revisó el cuerpo y determinó preliminarmente que el cuerpo de Javier tenía cinco golpes: dos en su pecho, tres en el rostro y uno en la cabeza y que había fallecido por asfixia mecánica o estrangulamiento. Marlin Serrano, del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), asegura que también documentan el caso.

Caso delicado

Sobre la muerte de Javier surgieron dos versiones: la primera es la que ha dado a conocer la Policía, que señala que el joven fallece de un ataque cardíaco mientras intentaba un robo.

La familia dice que no es cierto, que el muchacho era honesto y que decir eso es para ocultar las verdaderas causas de su muerte. Además insisten en que el joven, aunque no estaba en las protestas fue detenido cerca de la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli).

Los organismos de derechos humanos recuerdan que las autoridades han querido hacer pasar a las víctimas de represión como delincuentes comunes.

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