Los carretoneros de Diriamba trabajan de sol a sol

Se desconoce cuántos son, la mayoría se ubican cerca de las ferreterías

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José Sebastián Muñoz lleva 23 años trabajando con su carretón de caballos. HOY / Mynor García

HOY / Carazo

En Diriamba, el servicio de acarreo en carretones de caballos es una fuente de trabajo para muchas personas. Son más de cincuenta acarreadores que se ubican en las diferentes ferreterías del municipio a la espera de clientes. Materiales para la construcción, electrodomésticos, madera y basura, es lo que comúnmente transportan.

José Sebastián Muñoz, tiene 40 años y 23 de estos los ha dedicado a trabajar como carretonero, aunque no tiene lujos, asegura que lleva una vida tranquila. Su equino lo compró hace dos años y le puso por nombre Caramelo.

José Sebastián, de tez clara, manifiesta que cada dos años cambia sus caballos, porque no le gusta sobreexplotarlos. El que más recuerda es uno que tuvo durante 13 años que se llamó Muñeco.

“Los caballos conforme el tiempo se cambian, porque se cansan y el Muñeco aún lo recuerdo, porque le tomé mucho cariño, pero me lo mataron”, dice.

El grupo de acarreadores que se ubica en la ferretería cerca del reloj público. HOY / Mynor García

Cuido

Explica que un caballo cuya edad oscile entre los 2 y 4 años es el más adecuado para halar el carretón. A Caramelo lo alimenta y baña a diario por las mañanas antes de salir de su casa.

“En la noche le damos su zacatito y en el día su concentrado, el agua es hasta que llegamos a la casa, porque si no, se enferman”, sostuvo.

Muñoz inicia su jornada laboral a las 7:00 de la mañana y finaliza a la 1:00 de la tarde.

Evert Sánchez cuenta que a su potro lo trata con cariño. Dice que no es necesario pegarle para que obedezca, “yo discuto con ellos (sus compañeros) y a veces por eso caigo mal. A veces el caballo quiere orinar y ellos le pegan para que no lo haga”. Este acarreador quisiera que una organización los apoye o intervenga, porque observa el sufrimiento de muchos caballos, “si a ellos solo les falta hablar y te dan todo, por eso no estoy de acuerdo que se les pegue”.

En un día don José hace siete u ocho viajes que le permiten obtener una ganancia de más de 300 córdobas, pero hay días en los que le va mal, cuando la demanda de clientes es baja.

Ninguno de los acarreadores cotiza al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), hay algunos que consideran que es una locura pagar seguro y otros argumentan que lo que ganan es poco y que no les alcanza para darle una cuota al Seguro Social.

La Alcaldía no los regula, pero pagan un impuesto anual por el derecho a placas y en algunas ocasiones los invitan para recibir capacitaciones.

Maltrato

Evert Sánchez, con 36 años a tuto, cuenta que ellos aguantan sol y lluvia para buscar el sustento de sus familias. Indica que además este trabajo es bien pesado, ya que tienen que subir y bajar la carga de sus clientes. En la temporada lluviosa es cuando más sufren los acarreadores, porque baja la demanda, ya que muchos clientes no permiten que su carga se moje. El caballo de este diriambino se llama Saúl y tiene 6 años.

50 y 80 córdobas cuesta un viaje, todo depende de la carga y de la distancia a recorrer.

Dice que ha visto a muchos de sus compañeros maltratar a los caballos. “Cuando el caballo no es obediente, lo garrotean mucho y la verdad me dan bastante pesar”, explica.

Deben andar un saco

Una de las inconformidades de la población contra los acarreadores, según Silvio Quintanilla, del Movimiento Zooecologista El Arca Nica, es que el estiércol de caballo queda regado en las calles.

“Los dueños deberían de ponerles sus pañales y creo que se tendría que regular a este gremio”, expone.

Son pocos los acarreadores que cumplen con la medida de andar un saco donde echar las heces de los caballos.

“Aquí casi nadie lo cumple, los vende leche y leña tampoco, pero ahí vamos tomando un poco de conciencia”, refiere el acarreador José Sebastián Muñoz.

Los dueños de los carretones deben utilizar un saco para que el estiércol no quede regado en las calles.
HOY / Mynor García

Gloria Zapata, trabajadora de una ferretería cercana al reloj público de Diriamba, indica que los acarreadores tienen el compromiso de mantener limpia la zona que se les ha asignado.

Manifiesta que el gremio ferretero se beneficia indirectamente ya que cuentan con un medio de transporte que satisface las necesidades de sus clientes.

“Al cliente se le despacha y ellos escogen con quién irse, pero también existe una confianza con los carretoneros”, expone.

Señala Zapata que, hasta la fecha, no se ha presentado ninguna situación o queja que ponga en mal a la ferretería donde ella labora.

Medicamentos

Nohemí Ríos, dependienta de una venta de productos veterinarios, confiesa que los acarreadores automedican a sus animales.

“Ellos simplemente vienen y sin recetas piden el producto que creen que es el indicado para sus animales”, dice.

Los medicamentos que más compran son desparasitantes, analgésicos, vitaminas, antibióticos y fármacos antinflamatorios. Alimentan a sus animales con concentrados que cuesta 5 córdobas la libra.

Las herraduras también tienen demanda en las veterinarias que venden productos y accesorios para equinos.

Por la exagerada carga, la mala alimentación y falta de cuido, muchos caballos sufren fracturas y luego sus dueños los descartan. En Nicaragua existe la Ley 747, Ley para la Protección y el bienestar de los animales domésticos y animales silvestres domesticados, pero no está reglamentada.

Anke Fangewisch Cordón, quien se desempeña como maestra, en el 2016 adoptó una yegua carretonera que sufrió una lesión en una de sus patas delanteras. El animal por su discapacidad fue abandonado por su dueño.

La yegua recibió el nombre de Mariposa y para su recuperación, le colocaron una férula en su pata, la vitaminaron y alimentaron. Ahora, Mariposa ya no trabaja, luce fuerte y galopa en el patio de la casa de su actual dueña.

La yegua fue abandonada debido al mal estado en que se encontraba.
HOY/ Mynor García

“Fue un proceso bastante largo, fueron como tres meses de recuperación, se cuidaron sus heridas y se le dio una buena alimentación”, dice Anke, quien aconseja a los carretoneros que cuiden de sus animales, porque son como un miembro más de la familia y no una máquina.

Silvio Quintanilla, del Movimiento Zooecologista El Arca Nica, explica que cada caballo criollo cuesta alrededor de ocho mil córdobas. Comenta que no hay una cifra exacta de cuántos carretoneros hay en el municipio.

Manifiesta que el interés de su organización es velar por el bienestar de los animales. Es consciente de que los caballos criollos los usan para realizar trabajo de fuerza, pero está en contra del exceso de carga.

“Se ha intentado reunir a todo el gremio —de los carretoneros— porque están organizados en juntas directivas y espacios, pero la única institución que tiene capacidad de convocatoria y normar es la alcaldía municipal”, dice el ambientalista.

Considera que a los dueños de los equinos se les debe brindar charlas sobre el cuido de los animales, “pero además hay que organizar jornadas de desparasitación y vacunación”.

 

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