“La gigantona y su enano existieron”

En medio de cada tocada interviene el coplero, quien atrapa la atención de su público con su habilidad para recitar y su ingenio para hacer rimar las palabras, muchas de las cuales improvisa, según el ambiente festivo.

HOY

“Baila damita baila… y baila como un totoy, mirá que vamos a salir en el periódico HOY”, declama al son de los tambores el adolescente Cristofer Reyes Ramos, coplero de la gigantona Tamara, quien junto a su enano cabezón y cuatro amigos recorren las calles de Sutiaba, en León, en el occidente del país.

En diversas épocas del año, en especial de noviembre hasta inicio de enero —fechas para esta tradición— salen los cinco amigos desde el barrio Adiac (Sutiaba) y llegan a cuantas calles sus fuerzas les permita recorrer, para complacer a los admiradores de su “damita”.

Por 20 pesos, los espectadores disfrutan el baile de Tamara y su enano. En medio de cada tocada interviene el coplero, quien atrapa la atención de su público con su habilidad para recitar y su ingenio para hacer rimar las palabras, muchas de las cuales improvisa, según el ambiente festivo.

—¿A qué hora salen? —les preguntamos.

—Desde las 4:00 de la tarde hasta las 9:00 de la noche —responden.

—¿Y cuánto ganan? —les inquirimos.

—Dependiendo. Nosotros le pagamos cien pesos todas las noches al dueño de la gigantona. Y lo que nos sobra, pues lo dividimos entre todos —responde.

Estos muchachos crecieron escuchando los tambores y viendo bailar a estas muñecas gigantes.

No es el primer año en que este grupo de amigos se une para salir a las calles con Tamara y aseguran que el ritual de la danza lo han aprendido por sí solos “viendo nada más”, como muchos de los gigantoneros del país. Ello confirma que es una de las tantas tradiciones orales y populares que se heredan de generación en generación, no importando el origen o las deformaciones que sufren a través del tiempo.

Los indígenas no habían visto jamás a un enano y les causaba risa.

Esto fue aprovechado por los políticos sutiabas, entonces fueron ellos los que giraron la mojiganga (obra teatral muy breve en la que participan figuras ridículas y extravagantes) de burla hacia la parte política dominante”.Baltasar Gutiérrez/ Historiador leonés.

En Sutiaba

“¿Conocés la esquina de El Chinchunte?”, esta pregunta nos la hace Baltasar Gutiérrez, reconocido historiador leonés encargado de rescatar las tradiciones y cultura del barrio indígena de Sutiaba.

—¿Y nunca te ha dado curiosidad por saber lo que significa? —añade inquisidor, ante el silencio de su primer interrogante.

Gutiérrez se refiere a la esquina de El Chinchunte en León, un punto geográfico ubicado en la Calle Real de la ciudad, cerca del museo Rubén Darío.

El lugar es una referencia desde tiempos de la colonización española. Los leoneses de la actualidad saben que allí están ubicados uno de los puestos de tacos más conocidos de esta ciudad: “Los tacos del chinchunte”.

Pero hace muchas lunas, cuando León era gobernado por los españoles, exactamente en esa esquina vivió una pareja de españoles cuya fama trascendió por lo alta y delgada que era la dama y lo pequeño y cabezón del esposo.

Gutiérrez, originario de Sutiaba, ubica allí el origen de la famosa gigantona, aunque para muchos, lo que él dice es solo una versión del nacimiento de esta hermosa expresión cultural nicaragüense.

¿Pero cómo influye la pareja en la creación de esta expresión cultural?, preguntamos.

—Es que a nuestros indígenas les causaba risa la pareja, digamos dispareja, y recurrieron al ingenio para ridiculizarlos —responde Gutiérrez, quien agrega que chinchunte viene de la lengua sutiaba y significa enano cabezón.

Se cree que los indígenas sutiabas festejaban la danza a escondidas de los españoles en los patios de sus viviendas durante el solsticio de invierno, es decir los 23 de diciembre, pero cuando eran descubiertos los azotaban.

Por entonces, las muñecas las construían de forma rústica, valiéndose de los materiales que tenían a su alcance. Lo que utilizaban para atraer a la multitud eran atabales típicos, hechos con piel de animales.

Wilmor López, periodista y rescatador apasionado del folclor nicaragüense, no le a da crédito la versión de Gutiérrez. Según López, la tradición fue traída de España a través de los curas franciscanos que llegaron a Nicaragua. “Se trata de un teatro danzario español”, dijo.

Olga Maradiaga, directora de Educación y Cultura de la Alcaldía de León, describe a la gigantona como una mujer de origen español, guapa, alta, que enamora con su belleza al indígena sutiaba. “La leyenda dice que el indígena busca a un recitador de poemas y coplas para gritarle su amor, que en principio no es correspondido. Ese es el origen”, señala.

Un historiador ubica en León a la pareja que inspiró una tradición danzaria de más de 200 años, pero otros lo contradicen.

Dos siglos bailando

1776: es el año que se estima surgieron las primeras gigantonas. Luego desaparecieron parcialmente por prohibición de los españoles.

1881: Es el año en que se cree que la danza salió a las calles por gestiones del padre español Doroteo Amaya. Después en 1882 volvió a ausentarse.

1917: El baile es rescatado por pobladores indígenas y hasta el año 1937 se considera una expresión cultural nativa.

1980: Es el año que la gigantona y el enano cabezón empiezan a bailar en otros departamentos, más en Managua, Masaya y Granada. La tradición aún se mantiene.

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