Reflexión cristiana; Mis decisiones tienen consecuencias

Ten presente la Palabra que dice: “Oré y me fue dada la inteligencia; supliqué y el Espíritu de sabiduría vino a mí. (Sab. 7,7).

Yo me quedo con la boca abierta al ver las consecuencias con que la vida nos enfrenta. Me sorprende ver en mí y en otros las repercusiones negativas como resultado de decisiones que han sido tomadas con poca sabiduría, en momentos en los que no se piensa y nos dejamos llevar por los impulsos y sentimientos del momento.

Constantemente escucho: ¿qué pasó?, ¿qué hice para merecer esto? Pero no nos preguntamos ni estamos conscientes de que: no presto atención a la salud, hasta que estoy ya enfermo. No pienso en ahorrar, hasta que tengo o paso una necesidad. No pienso en el buen uso del dinero, hasta que me ahogan las tarjetas y ya no puedo pagar o porque mis gastos superan mis ingresos.

No me preocupo por darle tiempo a mis padres, al cónyuge, a los hijos, a la familia y amigos queridos hasta que alguno va por mal camino o toma una decisión equivocada. No pienso en las relaciones con los otros, hasta que estoy metido en discusiones interminables o en un callejón sin salida. No pienso ni en la muerte, hasta que no tengo ni cómo, ni dónde enterrarme…

¿Qué sucedió? Lo que sucede es que cuando tenemos problemas la primera reacción que tomamos es buscar a quién culpar, señalando inquisitivamente a las personas o a las situaciones. Con este comportamiento, lo único que hacemos es evadir nuestra responsabilidad porque nos negamos a reconocer que en todos los casos —sin excepción alguna— el verdadero y único origen de nuestros problemas han sido nuestras malas decisiones.

Actuar por impulso o sin meditar lo que vamos a hacer, es el principio de los dolores de cabeza futuros. Tarde o temprano nuestras malas decisiones nos pasan la cuenta y en ese momento buscamos un culpable negándonos a aceptar con honestidad que en gran parte somos nosotros mismos quienes permitimos que la situación llegara a un punto insoportable. Para tomar una buena decisión se necesita informarse bien, consultar con otras personas y orar, pedir orientación al Señor.

Si ya se tiene un problema fruto de una mala decisión del pasado, la respuesta adecuada es buscar una solución. Evita quejarte, mejor enfoca tu mente en superar la situación negativa. Y cuando encuentres una solución, evita volver a actuar impulsivamente y aprende a pensar antes de actuar. La idea es que te evites problemas innecesarios y si algo tiene solución, busca como superarlo y si no la tiene, entonces concéntrate en hacerte la vida más grata, a pesar del problema que tienes y aprende de tu experiencia.

Haz siempre un balance entre lo bueno y lo malo. Al tomar una decisión, si ves que son más las cosas buenas que tendrás entonces actúa. Pero si descubres que son más los puntos en contra, piensa si vale la pena ya que puedes tomar una mala decisión. Sé una persona que piensa para actuar, no actúes para pensar.

Ten presente la Palabra que dice: “Oré y me fue dada la inteligencia; supliqué y el Espíritu de sabiduría vino a mí. (Sab. 7,7).
¡Dios te bendiga!
Correo: padreoscaroliver@hotmail.com

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