Los medicamentos y sus efectos en la sexualidad de la pareja

Hay fármacos para aumentar el deseo sexual y otros que bajan el rendimiento en la cama. Conozca cuáles son

Foto: Tomada de Internet

La sexualidad humana es un proceso complejo, que implica diferentes factores para un disfrute pleno: hormonales, nutricionales, emocionales, ejercicio, estilo de vida, edad, etc.

Sin embargo, vivimos días llenos de estrés y de alteraciones hormonales, que hacen más difícil que las personas puedan disfrutar de una sexualidad plena y satisfactoria. Sumado a esto también existen medicamentos que pueden llegar a reducir el deseo sexual tanto en el hombre como en la mujer.

Según el urólogo y experto en Sexualidad, doctor Óscar Espino, hay quienes piensan que el efecto de los medicamentos en el deseo sexual es un mito, pero no es así y está médicamente comprobado especialmente con los antidepresivos.

No sorprende encontrar a una persona que comente que después que empezó a tomar un antidepresivo, de igual manera comenzó a tener problemas con su deseo sexual.

“El deseo sexual está definido por los niveles en la sangre que causan la testosterona, dopamina y oxitocina que son los neurotransmisores que permiten el deseo sexual y que son directamente afectados cuando se toman medicamentos antidepresivos”, afirma Espino.

No solamente este tipo de medicamentos afectan el deseo sexual, los anticonceptivos son otros de los que causan efectos secundarios en la función hormonal.

Muchos de estos remedios, en el caso de la mujer, bajan la libido y reducen el orgasmo, mientras que en el hombre provocan disfunción eréctil. “En el caso de los antidepresivos, afectan el comportamiento total de la persona, hasta llegar a dejarlo hipoactivo, es decir, casi sin actividad física, incluso sexualmente son afectados”, refiere el ginecólogo José Antonio Delgado.

Los que reactivan el deseo

Los hombres generalmente o erróneamente piensan que el uso de los medicamentos para facilitar la erección mejorarán su actividad sexual, lo cual es falso, ya que este tipo de medicamentos solo debe de usarse en casos específicos de impotencia masculina.

“El viagra no aumenta el deseo sexual, solo mejora el flujo sanguíneo en el pene. En el caso de los medicamentos que tienen hormonas sí mejoran algunas condiciones físicas, pero realmente no se aumenta la libido, el sexo está en el cerebro”, menciona Delgado.

Los especialistas concluyen que a mejor combinación para plenitud sexual será la comunicación, el conocer tu cuerpo y las zonas que deben ser estimuladas, y el no permitir egoísmos en la relación sexual, sino que la pareja atienda también las necesidades del otro y en caso de requerir un medicamento que favorezca la erección, utilizarlo pero con medida y no abusar ni depender de este medicamento.

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“El tema sexual no depende tanto de un medicamento, el deseo sexual está en el cerebro, es decir, la respuesta sexual varía más desde el punto de vista emocional que por una pastilla, algunas pastillas como los anticonceptivos bajan el deseo sexual, pero en algunos casos, igual no existe un medicamento que le aumente el deseo sexual a una mujer, de ser así, se vendería como agua en el desierto”, finaliza el ginecólogo.

Consejo

Cuando la pareja comprenda que los problemas de la sexualidad en su mayoría tienen un origen psicológico, como lo es la eyaculación precoz o la anorgasmia de la mujer, es necesario buscar mejores alternativas de apoyo psicoterapéutico, antes de caer en el engaño de productos milagrosos que potencian la actividad sexual. Además la comunicación es muy importante en la pareja, no olvide expresar lo que siente para mejorar.

Riesgos

Tomar medicamentos sin recomendación médica para mejorar el rendimiento sexual en el hombre tiene sus riesgos.

Las erecciones prolongadas que producen las llamadas pastillas milagrosas pueden producir daños permanentes en el pene.
Además altera la presión arterial de quienes lo consumen en reiteradas ocasiones.

Cabe destacar que en algunas oportunidades se ha presentado en pacientes ataques al corazón, accidentes cerebrovasculares y taquicardias por el consumo excesivo de medicamentos generadores del deseo.
Lo que se debe evitar es crear una dependencia psicológica a los medicamentos.

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