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Angustia en El Chipote viven familias de universitarios detenidos en protestas

Madres llegan a pedir cuentas en Auxilio Judicial, conocido como El Chipote, del paradero de sus hijos detenidos en protestas y exigen su libertad

Una oficial de policía lee en voz alta la lista de personas que están detenidas en El Chipote. J. Tijerino

Managua

Este lunes no solo llegaron madres a buscar a sus hijos a la Dirección de Auxilio Judicial, conocida como El Chipote. También llegaron tías, abuelas, novias, vecinos, padres, hermanos y amigos.

Llegaron antes que saliera el sol, sofocados, molestos, en llanto. Asegurando que esos detenidos como delincuentes eran solo personas que protestaban por una causa, que “perjudicaba a todos por igual”.

A las 10:00 de la mañana, una oficial, un poco nerviosa ante el mar de gente inconforme con el Gobierno, leyó los nombres de las personas detenidas en El Chipote.

Doña Ileana Murillo, junto con Noel Martínez, atendieron preocupados. Tenían la esperanza de que su hijo Elioth Jossias Valery Murillo fuese mencionado. “Ya tenemos tres días aquí, sin movernos”, dijo la madre empalidecida.

“Hemos ido a todos los distritos policiales, a los hospitales, y nada, nuestro muchacho no aparece y no nos dan respuesta”, expresó.  En sus manos doña Ileana cargaba alrededor de cien carteles de Elioth. “Desde el viernes (20 de abril) se nos desapareció, se fue en su moto”, contó.

Aclaró que su hijo salió del barrio Altagracia durante el momento de las protestas. “Seguramente al verlo joven y cerca de esos puntos lo agarraron. Así era la guardia de Somoza. Estamos en zozobra, lo queremos vivo y con nosotros”, exigió su padre.

Horas después Elioth fue liberado, así lo confirmó uno de sus familiares vía telefónica a HOY.

Ivania Espinoza es otra de las madres que con un nudo en la garganta buscaba a su hijo, Bayardo Antonio Gutiérrez, en la Dirección de Auxilio Judicial. Relató que la última vez que lo miró fue el jueves 19 de abril.
“Salió de la casa con una bandera azul y blanco amarrada en su cuello. Rumbo a la Upoli. Yo le dije que tuviera cuidado”, recordó.

Pérez, con más de 50 años de edad, se mostró temblorosa: “Espero que esté vivo”.
Asimismo, comentó que desde el día que lo perdió de vista, lo ha buscado en hospitales, todas las delegaciones policiales y no le dieron respuestas.

Reprobó en tono firme la violencia que han sufrido los jóvenes en Nicaragua y continuó escuchando atenta la lista, con la esperanza que mencionaran el nombre de su hijo. Para su regocijo, al caer la tarde Bayardo volvió a casa.

Más luto y más Dolor

La angustia de Doña Darling Rivas acrecentó cuando su hijo expiró en un hospital de la capital.
Rivas esperaba por un milagro, pero este no llegó. La bala que hirió a su hijo Danny Rivas, de 24 años, le perforó una vena y dañó el riñón. El disparo se lo propinó un miembro de la Dirección de Operaciones Especiales (DOEP).

“Cuando empezó la protesta en la Upoli —el sábado— él salió de la casa y fue a la cancha. Apareció una camioneta blanca en la que iban unos antimotines y le dieron a él en la cadera. Él no estudiaba, pero apoyaba a los estudiantes”, manifestó.

Rivas comentó que su hijo era contratista y estaba trabajando con una empresa privada. Consciente de que no tendría sentido denunciar ante las autoridades sobre la muerte de su hijo, optó por dejar que la justicia divina se encargue.

 

molestos con el gobierno
Los familiares de personas detenidas piden al Gobierno que les devuelva a sus hijos sanos y salvo. Muchos aseguraron que esta violación a los derechos humanos no quedará impune. Denunciarán nacional e internacionalmente. Familiares de fallecidos han recibido visitas de oficiales pidiéndoles datos para investigar o persuadirlos para que firmen el desestimiento. La mayoría de pobladores los han echado porque lo consideran una burla.
La represión de la Policía Nacional no solo ha afectado a los estudiantes, sino a los trabajadores de los derechos humanos. Oscar Navarrete
La represión de la Policía Nacional no solo ha afectado a los estudiantes, sino a los trabajadores de los derechos humanos./HOY: Oscar Navarrete
Policía calla y bloquea
Managua

Juan Tijerino y Francelly Navarro

Los días transcurren y el número de personas aglutinadas en las afueras de la Dirección de Auxilio Judicial Nacional (DAJ) aumenta. Sin conocerse, a la masa de personas que está en ese lugar la une el mismo sentimiento de angustia y desesperación por conocer el paradero de sus parientes, desaparecidos durante la jornada de molestia contra el Gobierno, que hoy arriba a su séptimo día.

En esa búsqueda que desespera, los organismos de derechos humanos se han convertido en la única fuente a consultar ante el silencio de las autoridades. Pero a los promotores les han obstaculizado el trabajo. “De hecho, el viernes pasado nuestras vidas estuvieron en peligro, fuimos atacados en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI).

Estuvimos procurando que la Policía permitiera avituallamiento a los jóvenes pero no nos dejaron pasar, así que unos estudiantes nos guiaron por un lugar y logramos entrar, repentinamente llegó una embestida policial y dispararon con nosotros adentro, vimos caer al hijo de un guerrillero histórico del frente en Estelí”, expresó Pablo Cuevas, de la Comisión Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CPDH).

Bajo riesgo La experiencia de Cuevas no es exclusiva, en Estelí uno de sus colegas presenció cuando un funcionario del poder judicial disparó contra unos manifestantes. El ataque no acabó en tragedia porque la población logró desarmarlo. “La gente fue valiente, le arrebataron el arma y se la entregaron al promotor.

Luego este se encargó de dársela a un sacerdote”, precisó Cuevas. Gonzalo Carrión, otro defensor de los derechos humanos del Cenidh, tampoco estuvo exento a la violencia de la Policía Nacional, pero aclaró que no fue como aseguraron en las redes sociales.

“No sé con que objetivo alguien dijo que yo había sido golpeado gravemente. Yo estoy bien, cansado pero bien, mal están los jóvenes que han sido golpeados”, señaló Carrión. Explicó que hay mucha confusiones en las listas de víctimas, pero que es culpa de la autoridad que se niega a dar información. “Hay tanta tensión en las familias, están desesperados    los que buscan a sus parientes”, dijo.

Asimismo, recomendó dejar de usar el término “desaparecido” deliberadamente: “Siempre hay que estar convencidos, lamentablemente las listas son grandes y cuesta. Solo se espera que la Policía deje de violar los derechos humanos y libere a los jóvenes sanos”.

Sugirió a la Policía que si no van a dejarlos salir, que respeten los derechos de los detenidos. “Sus familiares los tienen que ver, deben llevar un proceso judicial. Pero no es así como los tienen, eso es arbitrario”, finalizó.

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