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Cómo mantener una buena comunicación con los hijos que ya son adolescentes

 

HOY

Cuando somos padres, sabemos que no va a ser tarea fácil, y en cada etapa del desarrollo de nuestros hijos nos enfrentaremos a retos diferentes (la edad del no, la del por qué, las rabietas…) y la adolescencia puede que sea la más complicada de todas porque es una etapa en la que en los chavalos se producen multitud de cambios a nivel físico, emocional, personal, social, que son difíciles de manejar por parte de los padres pero también para ellos. ¿Cómo podemos los padres lidiar con un hijo adolescente?

Dialogar con tu hijo adolescente, observar sus cambios y descubrimientos tiene momentos encantadores. Su incorporación al mundo de los jóvenes primero y de los adultos después, será una liberación muy satisfactoria para ellos y para nosotros, si sabemos educarles. ¿En qué consiste realizar bien nuestra tarea como educadores?

Una de las cosas que debemos hacer como padres es enseñarles a ser autónomos, afrontando la vida con responsabilidad, sabiendo desprenderse de nosotros paulatinamente. Para lograrlo, nuestro adolescente necesita que nos comuniquemos con él. No es cantidad de tiempo lo que necesita, pero sí calidad: un tiempo mucho más íntimo y personal que en la etapa anterior.

Una etapa más

Esto no significa que sea una etapa mala ni la peor, aunque muchas veces se piensa en la adolescencia con una visión negativa, nada más lejos de la verdad… hay que pensar en la adolescencia como una etapa vital en la que los chavalos empiezan a convertirse en los adultos que van a ser en el futuro.

Padres e hijos abordan deben mejorar la comunicación. HOY/Thinkstockphotos.com

Es verdad que todo cambia, y que lo valía con el niño de 11 años no vale con el chavalo de 14 o 15 años. Es importante entender en primer lugar los cambios que se producen en esta edad y cómo influyen en nuestros hijos: Cambios físicos que les obligan a rehacer la imagen de sí mismos, cambios en las relaciones con adultos e iguales, cambios en su manera de pensar y relacionarse con el mundo y cambios en nuestra relación con ellos.

Al acabar la adolescencia, se inicia la juventud. Se suelen utilizar los términos adolescencia y juventud como sinónimos; sin embargo, son dos etapas con características diferentes. La adolescencia es una etapa conflictiva, de crisis, de dudas, de búsqueda… La juventud es equilibrada y tranquila. Si nuestro hijo aprendió en la adolescencia a asumir sus responsabilidades (si no le resolvimos la vida como si continuase siendo un niño), llegará a la juventud tranquilo, equilibrado.

Empieza una etapa de comunicación fluida en la que, en lugar de estar pendientes de él, podemos confiar en que acudirá a nosotros cuando lo necesite.

Es fundamental establecer una buena comunicación con nuestros hijos en cualquier edad, pero en la adolescencia, aunque más difícil, debemos tratar de mantenerla.

Y si tenemos problemas importantes de conducta y comportamiento, siempre podemos acudir a los expertos, que nos ayudarán y nos guiarán en el proceso.

Consejos

Como padres tendremos que dejar de dirigirnos a él solo para reprocharle algo o para darle alguna instrucción: “Sales demasiado”, “No me gustan tus amigos”, “¡Estudia!”, “Te pasas el día enganchado al móvil”, “Recoge tu cuarto, parece una leonera”, “¡Da la sensación de que ya no te importamos!”… Para hablar con él o ella, debemos elegir momentos tranquilos, solo nuestros: mientras paseamos, sentados en el banco de un parque, cuando vamos de camino para compartir un deporte, después de ver una película juntos… o en un rincón tranquilo de casa, pero “a solas”.

Aunque a veces la comunicación puede resultar difícil y conflictiva, sin duda podremos disfrutar de conversaciones intensas hablando de lo que desea hacer, de sus sentimientos, sus ideas, sus sueños…

Disfrútelos

Con el adolescente se pueden pasar ratos muy agradables. Aunque existan momentos tensos, nuestra vida no tiene por qué ser una continua discusión.

Si sabemos comprender sus dudas, sus cambios de humor, sus silencios, su angustia, su incertidumbre, su rebeldía…, podremos disfrutar su alegría, su ilusión, su vitalidad, su deseo de ser él mismo y de su afán por crecer y convertirse en adulto.

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