Llegaron los mariscos al mercado de Santa Ana en Chinandega

El ajetreo en el mercadito el cual abre sus puertas a las 4:30 de la madrugada

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Pasadas las nueve de la mañana el marisco “ha volado” y las vendedoras están dedicadas a lavar las pilas. HOY / Saúl Martínez

HOY / Chinandega

Desde las 4:00 de la madrugada se escucha el murmullo de compradores y vendedores de mariscos en el mercadito Santa Ana, uno de los tres centros populares de compras en la ciudad de Chinandega.

A las 4:30 se abre el portón sur del mercadito, cuando arriba el bus desde el municipio de Puerto Morazán, seguido de la unidad de la comarca Potosí-El Viejo.

De los buses salen los vendedores con las tinas de pargo, la jaiba, la corvina y róbalo para la sopa; el ruco y el urel, fresquecito. Abunda también el pescado seco para esta temporada.

Maritza Miranda cuenta que aborda el bus a las tres de la madrugada en el poblado costero de Potosí, El Viejo y llega a las 5:00 al mercadito de Santa Ana. “Los pescadores entran y salen con las mareas a medianoche o la madrugada ahí lo acopian y lo traen al mercado”, expone.

Lucía Artola ofrece los mariscos de Puerto Morazán. Lo que más vende ahora es el paquete de pescado seco.

Los precios dependen del tamaño y van desde los 50 hasta los 150 córdobas. La libra de urel a 15 córdobas, el guicho a 25 la libra y el camarón a 80 y 85 córdobas.

A esa hora se observa a las mujeres con sus balanzas y panas plásticas listas para comprar punche, camarón y el popular güicho para luego jugárselas en las calles de barrios y repartos. Mientras otro grupo esta vez de ciclistas con sus termos cargados con hielo salen para ofrecer el producto en comarcas y colonias de Chinandega.

El pescado llega de las costas viejanas de Aserradores, Jiquilillo, Padre Ramos, Mechapa, Santa Julia, El Rosario, Punta San José y Potosí, donde al menos unos 600 pescadores artesanales hacen la faena a diario.

La temporada de asistencia masiva de veraneantes a las playas está a las puertas y por ahora un nutrido grupo de compradores en el mercadito Santa Ana adquieren el producto para trasladarlo a los mercados de León, Managua, Masaya, Granada, Matagalpa y otros pueblos.

En las pilas del mercadito se observan atareados los seis fileteros, expertos con cuchillos que seccionan el pescado.

Martina Cáceres es la higienista que vela por la inocuidad del producto, también otros representantes del Ministerio de Salud y del Instituto Nicaragüense de la Pesca (Inpesca)

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