¿Debemos pensar como las vacas?

Para producir, hay que pensar en vaca y como vaca, y darle de comer aquellas cosas que puede aprovechar plenamente, que les gusta y que no le harán daño.

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Muchas veces les digo a mis estudiantes o a mis clientes productores que debieran pensar como vacas si es que quieren realmente producir y/o atender o cuidar al ganado… me miran con desconcierto, seguramente pensando, y ahora?, ¿qué le picó a este viejo loco? Pero, ¿qué significa pensar cómo vaca?

Eso, simplemente eso… pensar como vaca… ¿por qué?, porque hacemos las cosas sin consultarlas… por ejemplo… decimos que intentamos alimentarlas… pero, ¿les damos lo que realmente les gusta?, ¿les damos lo que realmente necesitan? O simplemente, ¡les damos lo que se nos antoja a nosotros que sería bueno para ellas!

Por un instante, pónganse en el lugar de un herbívoro nato, que la naturaleza para que pueda digerir las pasturas y aprovecharlas para crecer y reproducirse los ha dotado de cuatro estómagos excepcionalmente diseñados, convirtiendo esos pastos ingeridos en carne y leche, para nuestro solaz y alimentación, mediante el intrincado complejo de la rumia (proceso de digerir alimentos).

Sin embargo, frente a esa máquina excepcional de producir carne y leche mediante el uso y procesamiento del pasto, insistimos en darle de comer a la vaca cosas que esta no quiere, no precisa, no les gusta, y hasta puede hacerle mal… le damos de comer materia fecal de gallinas, aceite de frituras de pollos, harinas de aves que incluyen plumas, patas y picos, ácido fosfórico, y tantas otras innumerables y horripilantes cosas. La vaca, criteriosa, amable, y silenciosa, debe pensar, qué hombres ingratos, les doy mi leche, mi carne, mi sangre, mi cuero, los alimento y los visto, los calzo y a cambio solo porquerías me dan, y dicen que me respetan y me quieren.

Para producir, hay que pensar en vaca y como vaca, y darle de comer aquellas cosas que puede aprovechar plenamente, que les gusta y que no le harán daño.

Además, hay que conocer los ciclos de digestión y la rumia, por ejemplo. Los otros días estuve con un cliente que había cambiado de finca a 30 animales, hacía 40 días, y ya los iba a cambiar nuevamente a la vaca, adaptar la flora y fauna de su rumen a un nuevo alimento le lleva 36 días, 36 días en que sufre de indigestiones y cólico, hasta diarrea, 36 días que no engorda, que disminuye su producción láctea y que no se encela, por lo tanto no se reproduce, así que si movemos vacas de una finca a otra, dejémoslas por lo menos seis meses para que se adapten y puedan producir nuevamente sin problemas.

Sabemos que la temperatura de confort de una vaca son 21°C, y sabemos que en Nicaragua tenemos un promedio de 32-34°C todo el año, sin embargo, no se nos ocurre ponerles sombra en los corrales ni en los potreros; despalamos la poca sombra existente, y las fuentes de agua, esenciales para la digestión y refrigeración están lejos muchas veces de corrales o potreros hay que llevar el agua a la vaca y no la vaca al agua, el estrés calórico, la baja en la producción y en la fertilidad son las consecuencias de nuestro abuso, son tan sensibles al calor como nosotros, o más.

Con una digestión realizada por mecanismos de fermentación que generan calor y energía, las vacas en el trópico tienden a comer más y mejor por la noche, cuando está fresco y no hay exposición solar, sin embargo, en la noche las encerramos, por miedo a que nos roben, y no les damos de comer y a veces ni de beber.

Lo mismo pasa con la actividad reproductiva, que lógicamente será más intensa en horarios nocturnos porque está más fresco, y no lo consideramos. Lo dicho… pensar en vaca y como vaca.

Decano de la Facultad de Ciencias Agrarias,
UCC y presidente de la Fundación A.Mar.Te. Teléfono: 8852-1488
correo: enrique.rimbaud@ucc.edu.ni

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