Perdió dos dedos al explotarle un juego pirotécnico

Walter celebraba la victoria de su equipo de beisbol

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Walter Hernández está arrepentido de haber manipulado pólvora durante la celebración de su equipo de beisbol. HOY / Saúl Martínez

HOY / Chinandega

Walter Hernández Rostrán, de 43 años, quien habita en el barrio La Libertad de Chinandega, nunca podrá borrar de su memoria el 19 de enero, ya que ese día cuando celebraba la victoria de los Tigres del Chinandega, una bomba le explotó en su mano izquierda y perdió varios dedos. La coronación de su equipo en la Liga Profesional de Beisbol tuvo un toque amargo en la vida de Walter.

Hernández es conocido por su afición por el beisbol, por eso durante el último juego mandó a comprar tres bombas y dos cohetes para celebrar la victoria de su equipo. Ese día la detonación de pólvora fue intensa, hasta parecía un 7 de diciembre.

Con el último out la alegría no se hizo esperar y Hernández mientras echaba un viva al conjunto campeón, lanzó uno de los cohetes, enseguida se colocó las dos bombas en la mano izquierda, encendió una y no se percató que la segunda también tomo fuego, la que explotó, le cortó dos dedos y le dejó heridas en el abdomen.

“Nunca lo esperé —el accidente—, no pensé que esto —las lesiones— me afectaría, pero voy a poder trabajar porque tengo movilidad en los dedos restantes. El médico dijo que mis manos son grandes, porque más pequeña quizás la hubiera perdido”, expuso Walter.

Ahora está arrepentido y la próxima vez dijo que la pensará dos veces manipular pólvora.

El vecino Pedro Baca lo trasladó al Hospital General España, donde le practicaron cirugía reconstructiva.

“Tengo movilidad en mis otros dedos; esa era mi preocupación, pero ahora me he quedado sin trabajo y espero poder superar esto para empezar a trabajar con un camión de mi sobrino”, refirió ayer el fanático.

Trabajo
Por su parte, Pedro García dio gracias a Dios que su pariente no perdió la mano, lo que hubiera incrementado el problema con su trabajo al frente del volante.

Su amigo Víctor Castillo sostiene que en el barrio todos son fanáticos, sufren cuando el equipo va perdiendo y celebran cuando gana en los campeonatos de beisbol.

Recordó que su amigo llegó de su trabajo a las 3: 00 de la tarde de ese día, luego se dispuso a ver el juego y celebrar hasta detenerse al momento del incidente.

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