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Pasó más de veinte días en prisión sin merecerlo

Una equivocación de la policía lo condenó a pasar 24 días detenido en las celdas del distrito Cinco

Isaías José Garay Sánchez labora en un autolavado. HOY/Foto: Francely Navarro H.

Managua

El 13 de enero del 2018, a las 4:00 de la mañana, Isaías José Garay Sánchez —de 24 años— ingresó al baño. Tenía que estar en su trabajo a las 7:00 a.m. De repente, alguien tocó bruscamente su puerta y dijo: “Salí ya. Salí ya somos la Policía. Tenemos orden de captura en tu contra”.

Isaías relata que en el momento que escuchó esas palabras se sintió confundido. No había hecho nada malo. Como pudo abrió la puerta, uno de ellos en cuanto lo miró dijo: “es él, agárrenlo”. Ya en la sala de la vivienda mostró su cédula de identidad y aun así, los policías mencionaron que Isaías Antonio López Garay era acusado de haber perpetrado un robo con intimidación y de portar armas ilegales en el 2009.

En su defensa, el muchacho indicó a los detectives que había un error porque el nombre citado no era el suyo. Intentó convencerlos, pero fue en vano. Lo montaron en la patrulla y lo llevaron al Distrito Cinco, donde permaneció 24 días preso injustamente.

Esperanzas frustradas

En la estación policial nadie creyó en su honradez. “Me metieron a una sala, había varios policías. Uno de ellos sacó su celular, me mostró una foto y me dijo: ‘este sos vos. Te tenemos’. Yo me negué porque realmente el de la imagen era otro”, refirió.

Isaías no regresó a casa con su familia. Los policías lo encerraron en la celda seis. “El lugar más terrible que pisé en mi vida. Había plagas de jelepates, cucarachas y todo tipo de bichos”, indicó.

Los días encerrado le fueron un calvario. Cuenta que cuando cumplió dos semanas ya estaba totalmente perturbado y una noche empezó a escuchar voces que le recomendaban matarse, “no lo hice, porque un reo me leyó la Biblia y pensé en mi hijita”, confesó Garay Sánchez.

Después de tantas idas y venidas de su madre, Adela Sánchez, y su esposa al Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) y redactar numerosas peticiones de amparo, el 5 de febrero una juez admitió el error y ordenó su inmediata libertad .

Hoy, el joven trabaja en un autolavado donde le pagan 250 córdobas al día, le dan su comida y a veces propinas. Su jefe, Bladimir Moreira Matamoros, le guardó su trabajo porque confiaba en su inocencia. “Es un joven responsable y trabajador”, asegura.

Isaías está agradecido con la vida, porque le dio una lección gratis. “No merecía esto, es verdad, pero lo veo como una prueba de Dios, en donde descubrí que la justicia es de él y de nadie más”, expresó.

Madre y su esposa sufrieron en su ausencia

Inocente
Isaías José Garay Sánchez y su madre Adela Sánchez.
Hoy/Alejandro Flores

Adela Sánchez es la madre de Isaías José Garay Sánchez; tiene un tramo de calzado en el mercado Roberto Huembes desde hace años.

Tras el arresto de su hijo, tuvo que descuidar su negocio para poder realizar el papeleo, sacar partida de nacimiento, garantizarle la comida y, sobre todo, comunicarse perfectamente con el abogado defensor para que le indicara la forma más conveniente de liberar a su muchacho.

“Dejaba a mi hijo menor en el tramo, no podía concentrarme en otra cosa que no fuera Isaías, como madre me dolía su condición, no podía quedarme de brazos cruzados”, comentó.

Sánchez contó que los gastos en todo el proceso andan por los 15 mil córdobas.

“El abogado cobró ocho mil pesos. Pero no importó pagarlos, todo se hizo por él, nosotros confiamos desde el principio en su inocencia y eso se demostró en audiencia. Mi hijo es inocente, es un muchacho sano”, declaró.

Ese 5 de febrero, tras el fallo de inocencia, Scarleth Rodríguez, esposa del exrecluso, se sintió aliviada porque los días sin su compañero fueron duros, tanto en la parte económica “porque él es el único sostén del hogar”, como también en la parte afectiva.

“Yo bajé cinco libras por la depresión. No soportaba verlo así. Desesperado. Cada vez que llegaba a visitarlo solo sabía decirme: ¡Sacame de aquí! Y yo me sentía impotente, atada de pies y manos. De igual forma sentía cansancio, porque hicimos de todo para sacarlo. Por último, la juez Indiana Gallardo nos lo liberó, estamos agradecidos”.

Rodríguez subrayó que su hija, la pequeña de iniciales K.A.G., también padeció la ausencia de su padre. “A veces la llevaba a las visitas y la niña se pegaba a la malla. Sabía que su papito estaba ahí. Lloraba. Cuando Isaías salió en libertad y lo miró después de tanto tiempo no lo soltaba, estaba muy alegre, reía con él, el reencuentro fue único. Dios es bueno”, manifestó la joven.

Fuera de toda ley

Salvador Marenco, asesor legal del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), refiere que la detención de Garay fue un abuso desde el mismo momento de detenerlo en horarios que se suponen no se pueden hacer.

Sostiene que se debería rechazar todas aquellas actitudes de la Policía que estén al margen de lo que establecen las leyes. También señala de negligentes a los encargados policiales de este caso por esperar más de ocho años para esclarecer el delito.

Según él, la mala investigación y encarcelamiento injusto pusieron en juego la estabilidad emocional, familiar y social de Garay. “¿Cómo resarcirán el daño?”, preguntó.

Las secuelas mentales

El psicólogo Julio Jiménez precisa que este tipo de eventos son traumáticos para cualquier persona.

La persona está expuesta a un nivel de estrés muy alto, episodios de ansiedad o depresión, algunos síntomas somáticos como dolor de estómago, falta de apetito, pérdida de peso y dolores de cabeza. Agrega que se expone a la persona a una estigmatización social por haber estado en la cárcel.

Es, sin dudas, una humillación social grande que afecta también la autoestima, su amor por la vida.

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