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Fiscalía tica pide 176 años para asesino nica bebesangre

Fiscalía de Costa Rica presenta pruebas técnicas contundentes y testimonio de expareja lo terminó de hundir en juicio contra asesino bebesangre

La fiscal Karen Mora pidió pena máxima debido a los principales delitos por los cuales es acusado: 35 años por los cuatro delitos de homicidio calificado (120), 16 años por dos violaciones a una menor de edad (32), 3 años por hurto y un año por delito de agresión a su expareja, Hannia Muñoz. Josué Bravo

La fiscal Karen Mora pidió pena máxima debido a los principales delitos por los cuales es acusado: 35 años por los cuatro delitos de homicidio calificado (120), 16 años por dos violaciones a una menor de edad (32), 3 años por hurto y un año por delito de agresión a su expareja, Hannia Muñoz. Josué Bravo

Costa Rica y Nicaragua

HOY

El Ministerio Público de este país pidió al Tribunal de Juicio de Cartago una condena de 176 años de prisión contra el nicaragüense Delvin José Sevilla Bonilla, conocido como el asesino bebesangre, acusado de la matanza de una familia nicaragüense ocurrida a finales de mayo de 2015 en una finca cafetalera de Santa María de Dota, sur de San José.

Sevilla Bonilla, de 44 años, es también conocido como Jairo Díaz Aragón, Róger García Borge y hasta William Hernández Díaz. Es originario de Santo Tomás, Chontales, y fue criado por una familia de Chinandega que lo recogió de la calle.

En Chinandega lo señalan de asesinar a su madre de crianza, Socorro Borge, y a la nieta de ella, de 8 años, en el año 2003; mientras que en Costa Rica la Fiscalía lo acusa de cuatro homicidios calificados, dos violaciones calificadas y un hurto agravado.

La fiscal Karen Mora pidió pena máxima debido a los principales delitos por los cuales es acusado: 35 años por los cuatro delitos de homicidio calificado (120), 16 años por dos violaciones a una menor de edad (32), 3 años por hurto y un año por delito de agresión a su expareja, Hannia Muñoz. El testimonio de Muñoz fue clave para determinar su culpabilidad.

Sin embargo, de acuerdo con el Código Penal de Costa Rica, el acusado no descontará más de cincuenta años de cárcel, al ser sentenciado.

 

Pruebas contundentes

A Sevilla Bonilla se le atribuyen las muertes de Ramón Suárez Espinoza, de 50 años; su pareja, María Haydée Miranda Salmerón, de 30; y sus hijos, Abraham y Elena María, de 11 y 9 años, respectivamente; hechos ocurridos adentro y fuera del rancho de la finca cafetalera donde vivían, según la Fiscalía.

Además, la Fiscalía lo acusa de violar dos veces a la menor de edad, por la vagina y el ano, así como el robo de celulares de las víctimas.

En las conclusiones, la fiscal Mora detalló como pruebas contundentes el hallazgo de semen en la vagina de la menor y fluidos biológicos en la ropa interior de la niña, que luego de estudios de laboratorios resultaron correspondientes a su ADN.

Según Mora, el himen de la niña presentaba cuatro roturas y su ano laceraciones. Además, la excompañera del sospechoso, Hannia Muñoz Picado, en su testimonio dijo que el día de los hechos Sevilla Bonilla salió de la casa con un cuchillo y un machete.

Relató que regresó a altas horas de la noche con la ropa ensangrentada, misma que lanzó dentro de una letrina para ocultarla. A su vez le comentó a la mujer de la violación a la niña y los asesinatos que habría cometido, con la amenaza de matarla si lo denunciaba ante las autoridades.

Sevilla Bonilla era amigo de sus víctimas, según la Fiscalía. El OIJ rastreó llamadas previas desde el teléfono que él usaba, con el de Suárez Espinoza.

El sospechoso habría actuado por una obsesión sexual hacia la niña, a quien de una cuchillada le perforó el tórax, le partió el corazón y le provocó una herida desde el cuello hacia abajo del estómago.

Al niño lo mató de puñaladas en la espalda y axilas, a la madre de tres puñaladas en tórax y espalda y al padre de una herida en el cuello que casi lo decapita.

El nombre de la persona que mató a su madre de crianza, es en Chinandega algo que no se olvida. Aún entre vecinos la tragedia que provocó la actuación de Bonilla Sevilla en su casa y lo que hizo después en Costa Rica es motivo de conversaciones. Ángela Estrada, vecina del terreno donde el acusado cometió el primer crimen, dice que la acción del entonces muchacho causó histeria colectiva. Según Estrada, recién la tragedia la gente lo miraba en todos lados.

Don Mauricio Gómez, también vecino del reparto Rubén Darío, recordó que incluso la casa donde ocurrió el crimen no existe y solo quedó el terreno. “Nadie quiere vivir ahí después del crimen. Tiene miedo la gente, eso no se olvida”, dijo Gómez.

Infografía Luís González
Infografía Luís González
“Agarró las cosas y dijo que mejor se iba (de la casa) y nos amenazó con que nos iba a dar donde más nos doliera”.
Milagro Mendoza, Madre de una de las víctimas
Milagro Mendoza, Madre de una de las víctimas
Acusado lo niega todo

La Fiscalía pidió al tribunal analizar la alevosía y ensañamiento hacia las víctimas.
Sevilla Bonilla declaró al final del juicio. Dijo ser inocente y atribuyó a un exmilitar nicaragüense, de nombre Silvio, de fraguar todo en su contra.

El acusado mostró congruencia en sus declaraciones, no mostró arrepentimiento y dijo sentirse molesto con la Fiscalía, por variar los hechos de los cuales se le acusan.

Dijo que llegó a Costa Rica después que huyó de una base del Ejército en 1993, para tratar de “vivir en paz”, intentando refutar que en 2003 asesinó en Chinandega a su madre de crianza y a la nieta de ella.

Las hijas de Borge lo refutaron describiéndolo como un sujeto mentiroso. Señalaron que muestra buen comportamiento en la cárcel para pedir una rebaja en su condena.

Milagro Mendoza, madre de la niña que el nicaragüense asesinó en Chinandega. Cortesía diario La Teja
Milagro Mendoza, madre de la niña que el nicaragüense asesinó en Chinandega.
Cortesía diario La Teja
Piden justicia para tener paz

Costa Rica

Alejandra Portuguez

Tomado del Diario La Teja

Hace 15 años que Milagro Mendoza lleva en el alma un dolor muy profundo: la muerte de su hijita Daniela García Mendoza, de 9 años, y la de su suegra Socorro García Borge.

Mendoza acusa a Delvis José Bonilla Sevilla. Milagro, quien está en Costa Rica, dice haber sentido alivio cuando supo que al hombre lo habían capturado y experimentó lo mismo cuando supo que lo llevarían a juicio. Ayer se encontraba en la audiencia donde las autoridades debatían la condena contra Bonilla Sevilla.

Hoy, Milagro les pide a las autoridades de Costa Rica que le den la condena máxima, porque así ella y sus familiares sentirían un poco de paz al saber que también hubo justicia por la muerte de sus parientes. “Solo pido justicia para que esto ya termine”, dice.

Milagro cuenta que el día del crimen de su suegra doña Socorro, la pequeña Daniela y Daniel, su hijo mayor, estaban al cuidado de la señora.

Milagro desconocía que aquel día el acusado iba a quedarse a dormir en la casa de su suegra, pero dice que de haberse enterado tampoco lo habría visto mal, pues trataban al hombre como a uno más de la familia.

“En realidad, yo no sabía que él (el acusado) era adoptado. Doña Socorro nunca tuvo una preferencia y siempre trató a sus hijos por igual. Recuerdo que durante un tiempo (Róger) había desaparecido y no sabíamos por qué. Cuando regresó, doña Socorro se puso muy contenta y llamó a sus hijos que estaban en Costa Rica para contarles”, recordó Milagro.

Milagro dice que al tiempo de que el sujeto se reunió de nuevo con la familia, él viajó por primera vez a Costa Rica y visitó a sus “hermanas”. A los meses sus parientes le pidieron que colaborara con los gastos de la casa y eso lo enojó.

“Agarró las cosas y dijo que mejor se iba y nos amenazó con que nos iba a dar donde más nos doliera, pero nadie se percató qué era lo que podía hacer”, dijo Milagro, quien recuerda que horas antes del crimen ella tuvo un mal presentimiento y llamó a la casa de la suegra. Doña Socorro le contestó que todo estaba bien y le pidió que estuviera tranquila.

Hoy, 15 años después de aquellos hechos tan dolorosos, Milagro considera que Bonilla Sevilla mató a Daniela y a doña Socorro para robar, pero todavía no se explica por qué actuó con tanta violencia.

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