“El Pastelito” defiende a mujer que sufría una agresión

Exboxeador Bismarck Alfaro expone las razones por las cuales salió en defensa de la fémina

“Yo iba pasando con mi pana repleta de pasteles y miré la escena”. Así comienza el relato el exboxeador Bismarck “Pastelito” Alfaro. Eran las cinco de la tarde del sábado pasado y recorría como todos los días los recovecos del mercado Iván Montenegro, en Managua, y vio a un borracho que golpeaba a una mujer y sintió más coraje cuando este la azotó contra la pared.

“La gente estaba mirando y le pedían al hombre que la dejara en paz, pero nadie se metía. Entonces me acerqué, enojado, y le dije que la soltara. Él siguió golpeando a la mujer y ahí fue cuando puse a un lado la pana de pasteles y le metí su golpe”, cuenta Alfaro, de 33 años.

Golpes de poder

En realidad, esta descripción se queda corta. En un video que circula en las redes sociales, Pastelito se va encima del borracho y le descarga la primera combinación, pero de inmediato interviene otro hombre, igualmente borracho y los separa por un segundo.

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HOY / Manuel Esquivel

Fue una especie de primer asalto, tan corto como un parpadeo. “Era un hombre que pesaba más de 200 libras, si me agarraba con un golpe me iba a noquear. Entonces me puse cauteloso, cauteloso, agachadito, porque me sentí en clara desventaja”, comenta.

Yo tengo dos hijas y no me gustaría que alguien les pegue. Le pido a Dios que me mantenga fuerte, pienso poner una panadería o una minirrepostería, cuando tenga ese negocio y viva menos agitado, voy a practicar boxeo, para ponerme en forma y si alguno de mis yernos me le quiere pegar, que me llamen y yo se los aquieto”.

Sin que campana alguna sonara indicando el segundo asalto, los hombres se van al intercambio. Con un jab de izquierda, Pastelito tira al piso al borracho y aparece en un segundo acto el otro borracho, pero este último se aparta, a la vez que el primero se incorpora. La gente hace bulla y le grita a Pastelito que pare su faena golpeadora.

“Me tuve que poner a cuentas con los dos”, dice. “No me quedaba de otra”.
Después hubo un intercambio prolongado, algo así como el tercer asalto. Pastelito saca clara ventaja trayendo al presente su postura y comportamiento de boxeador. Su derecha entra limpia al rostro del borracho una y otra vez y lo mece como a una hamaca, antes que se vaya al piso por segunda vez y decida no fajarse más.

“Él se tenía que controlar. Por eso es que hay tantos femicidios en el país, por eso los hombres matan a las mujeres”, reflexiona Alfaro, quien se inició en el boxeo cuando tenía trece años, permitiéndose su paso por la Selección Nacional y luego al profesionalismo.

Reclamo de su mujer
Escapando de las voces que lo señalaban, habiendo remediado el asunto, Alfaro se echó al hombro su pana de pasteles para continuar con la venta, pero no contaba que al llegar a casa su esposa ya estuviera enterada, y en ese momento sí siente que perdió la batalla.

“Ella estaba arrecha, dice que fui el hazmerreír de la gente, con todas las publicaciones que surgieron. A mí me vale lo que piense la gente de mí. Si vuelve a haber la misma escena, voy a actuar de la misma manera, no es al primero que le pego, no me gustan las injusticias. Cuando era pequeño a mí intentaban robar la venta, pero nunca me dejé“, concluye. Caía la noche y Alfaro continuó pregonando: “pasteles, pasteles, pasteles”.

 

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