El vaho de la abuela: un plato muy buscado

El secreto de su éxito es la calidad de su trato y el sabor inigualable de un vaho sabrosísimo

Doña Carmen Garay ha visto pasar su vida entre yucas, plátanos, bananos y hojas de chagüite. Cada servicio de vaho lo vende a 100 córdobas, y nacatamales a 35 pesos. También hace vaho por encargo. HOY/ Yaosca Reyes Centeno

Managua
Todos los días doña Carmen Garay se levanta a las 4:00 de la madrugada —y a veces una hora antes— para encender el fogón donde cocinará su famoso vaho. Todavía a sus 86 años conserva las fuerzas para seguir trabajando en la preparación de este platillo, al que se dedica desde hace 70 años.

La “abuelita” Carmen, como todos la conocen, nació en Jinotepe, Carazo, en 1932, de ahí es su familia materna. Pero decidió dejar su pueblo para buscar mejor vida en la capital. Así que siendo una niña de 15 años, con un hijo en brazos y junto con el padre del niño —que era militar— se establecieron en la antigua Managua, en el año 1947. Poco tiempo después su pareja falleció.

“Vivíamos por el Fokker, que quedaba en la vieja Managua, de donde fue La Chalupa, hacia el lago. Me quedé en mi casa vendiendo vaho, pero con poco empecé”, recuerda la abuelita.

La señora afirma que nadie le enseñó a hacer vaho, fue la misma necesidad de obtener dinero para mantener a su hijo que empezó a preparar este plato tradicional.

Cada servicio de vaho lo vendía en aquel tiempo en un peso y los frescos a un centavo. Se acuerda que con 50 pesos podía comprar todos los ingredientes para hacer un perol de vaho. “Ahora tengo que gastar hasta 5 mil pesos”, afirma doña Carmen.

Su vaho se hizo popular en poco tiempo en la vieja Managua, tanto así que hasta la propia familia de los Somoza mandaba a comprar cuando tenía reuniones.

Cuenta que uno de sus clientes fue el director mártir de La Prensa, el periodista Pedro Joaquín Chamorro, quien mandaba a comprar el platillo. Precisamente una foto de Chamorro descansa en una de las paredes del hogar de la abuela.

También varios periodistas, locutores de radio, exministros han visitado y probado el gustito de su vaho.

Después del terremoto
Luego del terremoto de 1972, doña Carmen con su familia se trasladó a lo que se conoce como la calle El Triunfo, de donde fue el cine Blanco, una cuadra y media abajo. Ahí continúa vendiendo y la sigue buscando su clientela fiel.

Diario vende una porra de vaho, que equivale a unos 200 platos. Pero los fines de semanas tiene que preparar hasta dos peroles por la gran demanda. De hecho el vaho se acaba antes de mediodía todos los días.

Doña Carmen asegura que dejará de trabajar hasta que Dios se lo permita, pero que no puede dejar de hacer vaho.

Un ejemplo

Olivia Peralta trabaja con doña Carmen desde hace 15 años. Considera que la abuelita es una mujer inteligente y trabajadora, un ejemplo para la juventud. “Ella ha sido nuestra maestra y nuestro ejemplo. No depende de ningún hijo, a su edad sigue trabajando y no quiere dejar de hacerlo”, dice Peralta.

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