Los temidos transgénicos

Se convirtieron en las semillas de las discordia, pero ¿cuáles son los beneficios y daños de los transgénicos?

HOY
Las semillas genéticamente modificadas (GM), conocidas como transgénicos, generan debates interminables en todas partes del mundo. Defensores y detractores discuten sobre los beneficios y sus efectos secundarios en la salud de los seres humanos y el medioambiente.

Estas semillas nacen a partir de la modificación al ADN natural de la semilla. Con métodos específicos de la ingeniería genética se unen dos genes, uno de ellos de naturaleza vegetal, y el segundo puede provenir de otros reinos, como el animal. Es así, por ejemplo, que existe el maíz transgénico con genes de una bacteria, o un tomate con genes de pez.

El objetivo, según sus creadores, es tener una opción alternativa para incrementar la productividad y seguridad de los alimentos en el mundo.

Actualmente hay 27 países que cultivan semillas genéticamente modificadas, de los cuales la mayoría están en América. Estados Unidos es el líder de este rubro y quien lo promueve más y posee el 40 por ciento de las plantaciones transgénicas.

Nicaragua, no está dentro de la lista de países, pues la aceptación de estas semillas está regulada por las Ley 705: Ley de prevención de riesgos provenientes de organismos vivos modificados por medio de la biotecnología molecular.

Detrás de la ciencia
Harold Calvo Reyes, coordinador de la Alianza Semillas de Identidad, expresa que los cultivos transgénicos no son más que un negocio mundial de transnacionales que desean monopolizar el negocio de las semillas.

“Quieren despojar a los campesinos e indígenas de las semillas criollas, que están adaptadas de diversas condiciones agroecológicas, son resistentes al cambio climático… Las semillas transgénicas son la alternativa de las grandes empresas transnacionales producto del fracaso de la agricultura convencional conocida como revolución verde responsable del deterioro del ambiente y el cambio climático mundial”, explica Calvo Reyes.

Agrega que estas empresas lo que buscan es que los productores compren ciclo a ciclo semillas genéticamente modificadas a precios altos, incrementando así los costos de producción.

Pero el asunto de mayor importancia, según Calvo Reyes, es que este tipo de semillas agravan la contaminación de los suelos, fuentes de agua, y el medioambiente en forma general.

En el año 2005 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que los nuevos alimentos genéticamente modificados pueden contribuir a mejorar la salud humana y el desarrollo. Así lo concluyó en una información de alimentos de esta variedad.

A pesar de esa conclusión también subrayaron la necesidad de seguir sometiendo esos productos a “evaluaciones de inocuidad antes de permitir su comercialización, de modo que se puedan prevenir riesgos para la salud humana y el medioambiente”.

Guillermo Reyes Castro, doctor en Agronomía con énfasis en Agrobiotecnología (PhD), comenta que un informe de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos (NAS, por sus siglas en inglés) dice que “los riesgos a la salud y al medioambiente no están científicamente comprobados. Pero también dice que tampoco se ha comprobado que se han mejorado los rendimientos de la agricultura al generar tantas modificaciones científicas a las semillas”.

Criollas
Calvo Reyes, desde la organización que coordina, insiste en la importancia de la no aceptación de las semillas modificadas en el país. Otra de las razones que presenta es la posible sustitución y olvido de las semillas criollas.

“Las semillas criollas son de herencia ancestral, donde las familias campesinas e indígenas por años las han domesticado, adaptado y mejorado, y a partir de ellas hoy en día tenemos una enorme diversidad de plantas y cultivos propios de nuestra alimentación”, explica Calvo Reyes.

El doctor Reyes Castro comparte la idea de la importancia de las semillas criollas en nuestra diversidad de alimentos. “Las variedades criollas presentan determinada calidad porque son sabores que le gustan más a los agricultores”, dice el doctor.

También señala que en las semillas criollas y semillas genéticamente modificadas ocurre algo similar: el reemplazo permanente de nuevas variedades dañadas. Así que tanto las variedades criollas como transgénicas desaparecen según las necesidades de los agricultores y las del ser humano en general.

Identidad

La Alianza Semillas de Identidad está conformada por 6 redes nacionales donde están presentes 36 mil familias campesinas en 12 departamentos que están usando y promocionando el uso de las semillas criollas.

Dentro de sus logros presentan mejores rendimientos de maíz, frijol, sorgo y arroz, y han conformado a nivel nacional mas de 416 bancos comunitarios de semillas criollas gestionados por las familias campesinas.

“Se trabaja promoviendo la agroecología como la alternativa viable para que Nicaragua logre su soberanía y seguridad alimentaria”, finaliza Harold Calvo Reyes.

Mala fama

Más de 170 países rechazan los cultivos genéticamente modificados, entre ellos Reino Unido y Francia.

Los países de América que los aceptan son: Canadá, Estado Unidos, México, Honduras, Costa Rica, Colombia, Brasil, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Chile y Argentina.

Se suman tres países en África, seis en Asia y cinco en Europa.

Fuentes

Harold Calvo Reyes, coordinador de la Alianza Semillas de Identidad.

Guillermo Reyes Castro, doctor en agronomía con énfasis en agrobiotecnología (PhD).

Centro de prensa de la Organización Mundial de la Salud (OMS) http://bit.ly/2DlgMWV

Transgénicos: la semilla de la discordia http://bit.ly/2EQ2FoM

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