El cuento para leer este sábado es: La mano de Clementino

Allá por los años cincuenta vivía un niño llamado Clementino Melgara. Este niño fue mezquino y perverso. Ni más ni menos. Se reía de todo mundo y Raimundo.

La mano de Clementino. HOY/Ilustración Luis González

 

HOY / Colaboración

Antes de contar cualquier historia, los escritores deberían admitir si son inventadas o verdaderas o verdaderas en parte. Lo digo porque nos debemos a un público, y porque la mía es auténtica totalmente.

Allá por los años cincuenta vivía un niño llamado Clementino Melgara. Este niño fue mezquino y perverso. Ni más ni menos. Se reía de todo mundo y Raimundo. Se burlaba de quien quería y cuando quería. En esta vida no guardó respeto por nadie. Fue un Mantudo personificado, en otras palabras.

Muy pocas veces obedeció a su madre. A esa madre le probó su paciencia una y otra vez hasta sacarle canas verdes.

En los mercados, Clementino se metía entre los puestos para llenar sus bolsillos de frutas y golosinas que tomaba a hurtadillas.

En clases no copiaba. Y en más de una ocasión, al profesor Matute le puso tachuelas en el asiento para que se pinchara. Como han de suponer, la osadía costaba cara. Pero a Clementino no le importaron castigos severos ni reclamos continuos. Al parecer era feliz con todo aquello.

No obstante, la última vez tuvo un inmerecido escarmiento. Y digo esto porque no concibo la muerte como el mejor correctivo. Pero sucedió como lo digo, después de robarle a don Godínez el guardagujas del ferrocarril, quien al enterarse de la mala acción marchó tras el ladronzuelo y con mala suerte corrió el niño que al atravesar la calle un coche de caballo lo arrastró contra las piedras filosas.

Dicen que cuando lo recogieron Clementino sangraba mucho, pero sin signos vitales. Los cascos de los caballos le causaron graves lesiones, la peor de todas sin su mano derecha, la cual fue separada de su brazo y por más que se le buscó no dieron con ella.

La gente cree que el miembro quedó vivo y que, desde entonces, busca a cualquier costo obtener un cuerpo a su medida.

Hay quienes dicen haber visto en más de una ocasión esa mano caminando sobre sus cinco dedos, como si fuera un cangrejo.

Otros dicen que en noches heladas se oculta debajo de hojas de periódicos o en las alcantarillas o entre restos de basura descompuesta observando casas donde vivan niños bulliciosos y malcriados; y cuando da con uno, entra secretamente a la vivienda, y mientras todos duermen, la mano va a la cocina, toma un cuchillo, llega al dormitorio y sube por las sábanas para reemplazarla con la suya.

Si quieren alguna recomendación esta sería: si la llegaran a ver, griten como nunca y pidan ayuda antes de que sea muy tarde, porque ella rehúye cuando un adulto está cerca.

Y observen esto también: si por casualidad han tenido una conducta inadecuada, por favor corríjanla, porque la mano de Clementino puede estar oculta en algún rincón de sus casas acechando y esperando el momento para atacar. A Dulce María.

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