El valor de la fidelidad

Los adolescentes aprenden de sus propias familias a ser o no fieles

HOY
Dicen que ser fiel es más una decisión personal que un valor aprendido. Pero haciendo honor a la verdad es ambas cosas a la vez.

La fidelidad se aprende siendo niños en nuestra primera escuela: el hogar, acompañado con ejemplos y palabras, pero siendo adultos el libre albedrío nos impulsa a decidir si serlo o no.

Según su significado original, la palabra está vinculada a la lealtad y la atención al deber. La palabra “fidelidad” deriva de la palabra fidelitas (latín), y su significado es servir a un dios.

Según los expertos es importante que desde niños, los hijos sean inculcados con el valor de ser fieles, como un aprendizaje que los ayudará en la vida.

La psicóloga educativa y consejera escolar, Martha Gadea Rizo, considera que la familia juega un papel fundamental en esta enseñanza.

“Si la mamá y el papá se respetan mutuamente, el niño se va formando en esa misma línea. Pero si el niño sabe que uno de ellos dos es infiel, es ahí donde vienen los trastornos, la niña y el niño van teniendo resentimientos”, expresa Gadea.

Agrega que si los padres no dan el ejemplo en este tema, ellos mismos pierden respeto de parte de sus hijos a la hora de algún regaño. Los padres pierden autoridad de querer enseñar algo con lo que no están comulgando.

Por su parte, Julio Jiménez, psicólogo clínico, indica que en efecto el ejemplo familiar es fundamental en este tema de la fidelidad.

“Ser fiel tiene que ver mucho con la madurez emocional de cada persona. Es una conducta que se aprende. Al final el adolescente entiende las consecuencias de la fidelidad e infidelidad, y tomará sus propias decisiones basados en su experiencia y aprendizajes. Pero ellos siempre reflejarán los valores que pudieron aprender en la familia”, indica Jiménez.

Comunicación

Ambos psicólogos expresan que la mejor manera de influenciar en los hijos es a través de la comunicación.

“La comunicación asertiva influenciada desde pequeños es la clave en este tema… Se debe hablar de esto desde que ellos son niños, porque desde pequeños ellos entienden todo. No es necesario esperar a que los hijos sean adolescentes”, dice la psicóloga Gadea.

Por su parte Jiménez cree que con una buena comunicación padre-hijo, construida desde edades tempranas, se podrá influenciar más en este tipo de temas considerados tabú.

“Si hay una buena comunicación va a ser más fácil hablar y saber qué está haciendo tu hija o hijo. La confianza se gana desde muy niños para tener injerencia en temas como estos. Porque los adolescentes son muy herméticos”, señala Jiménez.

Personalidad

Un artículo publicado en el blog universomujer.com, apunta que la infidelidad podría categorizarse —en la adolescencia— más como una búsqueda personal, con conocerse a uno mismo, y no tanto con la traición que representa hacia el otro.

“Por supuesto que las relaciones adolescentes tienen varias subcategorías y no siempre el concepto de fidelidad queda implícito. Es por esto que tal vez, en esa etapa, los ‘cuernos’ sean un asunto cotidiano, aunque no por ello deba ser menos doloroso para quienes lo padecen”, indica el autor.

La infidelidad, entonces, podría definirse a esa edad como una transgresión a las reglas pautadas, a un paradigma de éxito y logro porque “cuanto más tengo más soy”, y por el innegable encanto de hacer aquello que no se debe. Pareciera ser una actitud de una búsqueda propia de personalidad.

 

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