Pescadores lucharon por sus vidas durante seis días

Pescadores tienen quemaduras de tercer grado, pero no estaban deshidratados

HOY / Chinandega

Apenas pisaron tierra firme, los cinco pescadores se arrodillaron para dar gracias a Dios por haber sobrevivido seis días a la deriva en el mar, luego que la lancha Dña. Danelia Montano, en la que realizaban las labores de pesca se quedó sin combustible, la tarde del domingo 10 de diciembre a 40 kilómetros de la costa.

Los pescadores salieron a faenar el sábado 9 de diciembre a la 1:00 de la tarde y retornaron a las 11:40 de la noche del pasado jueves, a las costas de Mechapa, en El Viejo, Chinandega. De inmediato llamaron a sus familiares que estaban en Corinto, a la espera de noticias.

Los pescadores desaparecidos eran: Carlos Damián Colindres, José Leonel Velásquez, sus hijos Maynor Antonio Velásquez Rodríguez, y Ángelo José Velásquez Colindres; así como Erick Alexander López Martínez.

Maynor Velásquez no pudo hablar en los primeros minutos de estar con su familia. “La verdad, que siento un nudo en la garganta, no puedo hablar ahorita”, dijo Maynor cuando cargaba a su hijo.

Luego indicó que junto con su hermano Angelo bebieron agua salada para sobrevivir. “El último término que nosotros llegamos fue beber el orín para medio aguantar, para poder dormir un poco, para sobrevivir. Creo que un día más y no pasábamos”, indica Maynor.

Un pescador de Punta Ñata —del cual desconocen el nombre— al ver a los pescadores a la deriva los apoyó con 10 galones de combustible.

El guardacostas Cacique Agateyte y dos lanchas rápidas del Distrito Naval del Pacífico (DNP) ingresaron a la búsqueda en altamar sin resultados.

Ruegos

Carlos Colindres, capitán de la lancha, dijo que en 15 años de labor en el mar esta es la situación más complicada que ha vivido, mientras sostenía en sus piernas a sus dos niñas.

Los familiares de los pescadores estaban en un campamento a la espera de noticias.
HOY/ Saúl Martínez

 

“Se me han volcado lanchas, pero generalmente cercanas en las costas y he salido al nado”, comentó Colindres.
Los ruegos de Higinia Martínez, madre de José Leonel y abuela de Maynor y Angelo fueron efectivos. Cándida Rosa Juárez imploró todo el tiempo por su hijo, el capitán de la lancha Carlos Colindres.

Los cinco pescadores ingresaron al Hospital General España, la madrugada del viernes, para practicarles exámenes y estabilizarlos.

Rosario Murillo, vicepresidenta designada por el Consejo Supremo Electoral (CSE), expresó que los pescadores presentaban quemaduras de tercer grado por el sol, pero sin deshidratación.

El Gobierno no proporcionó apoyo con una nave aérea, la que demandó en todas las ocasiones la familia acampada en Corinto. Malcom Colindres, hermano de Carlos, dijo que en Mechapa no hay experiencia en captura de pesca de profundidad, totalmente distinta a la pesca tradicional de costado.

Pesca

Los pescadores cuando salieron llevaban en mente realizar pesca de profundidad del pez dorado, el cual es de exportación, a 78 kilómetros al oeste de Mechapa.

Pescaron unas 1,500 libras de pez dorado. La panga se sobrecargó y el motor fuera de borda de 75 caballos de fuerza se consumió los 62 galones de gasolina, aunque apuraron el paso el mediodía del domingo para regresar; 38 kilómetros hacia el este el pesado motor se apagó y se dieron cuenta que no tenían más combustible.

Desde ese momento inició la odisea, de luchar y vivir a toda costa, sin radiocomunicador —solo pescadores de Corinto tienen—, sin remos, ni chalecos salvavidas, con comida solo para un día y tres galones de agua.

En ese tiempo consumieron pez dorado crudo, botaron la mitad de las 1,500 libras de marisco, además lanzaron al mar la pesada batería eléctrica y confeccionaron remos a partir de los bidones que cortaron, los cuales ataron a los palos que cargaban en la lancha y que luego utilizan para señalizar los trasmayos que lanzan.

Una de las más crueles situaciones fue consumir su propia orina y el agua salada del mar para sobrevivir.

“Esta experiencia es muy dura, apenas iniciaba en esto de la pesca”, mencionó Eric Alexander López Martínez, de 21 años, quien piensa seguir en estas labores, ya que no tiene otra alternativa de trabajo.

Este muchacho que laboraba hasta hace dos meses en las empresas camaronicultoras del Estero Real decidió arriesgarse como pescador.

Auxiliadora Martínez, madre de Erick, no ha descansado en las últimas tres noches. Se vino de Costa Rica, apenas se enteró que su hijo estaba desaparecido. Ella tenía planificado venir a Nicaragua el próximo 22 de diciembre.

Cuando vio a su hijo lloró junto a él y dio gracias infinitas al Creador. Erick jamás esperó encontrarse con su madre en la costa.

“Madre, usted aquí”, mencionó sorprendido el muchacho, hijo mayor que la madrugada de ayer se quejaba de calambres en sus manos, pero que se fundió en un abrazo largo y amoroso con su progenitora.

El pescador José Leonel Velásquez sostiene que fue la captura del pez dorado lo que les hizo quedarse sin combustible por el peso y la inexperiencia de captura en altamar.

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