El niño iba a la escuela y se encontró un libro

Un niño iba alegre camino a la escuela cantando y saltando. De pronto escuchó un llanto tras el arbusto de mora... Lea la historia en familia

Ilustración: Oswaldo Acosta

HOY
Un niño iba alegre camino a la escuela cantando y saltando. De pronto escuchó un llanto tras el arbusto de mora. El niño tuvo curiosidad y fue a ver qué pasaba. Era un libro triste y solo. El niño le preguntó:

—¿Qué te pasa?
—Es que estoy solo. Mi dueño anterior me cambió. Por eso estoy triste.
—Si quieres vienes conmigo.

El niño lo metió en su mochila y se fue a la escuela. Cuando regresó del colegio, se fue directo al cuarto a jugar con él.

El libro le dijo al niño:

—Metete en mí y vivirás una linda aventura.
—¿Cómo me voy a meter?
—Repite las siguientes palabras: librito, librito, quiero aventurar contigo.

El niño las repitió y el libro se abrió. Cuando el niño abrió los ojos estaba en el libro. Muy asustado le comenzó a gritar, pero el libro no le contestaba.

De pronto, el libro apareció y le dijo al niño:
—Haz tu propia historia y podrás entrar las veces que quieras. A menos que me rechaces.
—Voy a redactar mi historia —le contestó el niño.

El libro le ayudó mucho y duraron tanto tiempo. Nunca se separaron. El niño llegó a viejito y seguía con su libro. Eso hizo que el niño ya viejito viviera para siempre.

El libro y el niño paseaban en la tarde. Una de esas tardes el niño viejito vio a una señora muy linda con un libro en las manos. Se acerca y la saluda. Se enamoran y pasaron días y meses y se seguían viendo. El niño viejito le pidió que se casaran. El niño viejito se enamoró porque estaba muy solo.

—No te cases —le dijo el libro–, que así estás muy bien.
—No —le dijo el niño viejo—. Necesitamos de alguien.

El libro del niño viejito se enamoró del libro de la señora. El 13 de diciembre se casaron la señora y el niño viejito. También se casaron el libro del niño viejito con el libro de la señora. Resultó que el libro de la señora era tan parlanchín como el libro del niño viejito. Por cierto, a los libros les hicieron una cajita para ellos, pero en la misma casa del niño viejito.

Escrito por: María Eduarda Canales García

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