El cuento de hoy sábado es: La guanábana

Cierto día, cuando Obed tenía cuatro años, se levantó bien temprano, apenas podía distinguir los árboles del patio de la casa.

El cuento de hoy sábado es: La guanábana. HOY/Ilustración: Luis González

 

HOY/Colaboración

Cierto día, cuando Obed tenía cuatro años, se levantó bien temprano, apenas podía distinguir los árboles del patio de la casa. Cuando sus pupilas se adaptaron al amanecer, dirigió sus pasos hacia el árbol de guanábana.

Esperó que la luz se hiciera más intensa para ver el suelo, estaba casi seguro de que encontraría una guanábana madura. Cuando vio el fruto enorme frente a él, sus deseos se tornaron irresistibles. En su imaginación la escuchaba: “Aquí estoy, he estado esperando este momento”.

El golpe de la caída provocó una fisura por donde se escapó un olor intenso y seductor. Sintió que le faltaba el aire al olerla, sus deseos acrecentaron. Tomó la fruta con sus pequeñas manos y salió corriendo hacia donde su mamá a presentar su hallazgo.

Justo cuando Obed arrimó, su tío Manuel buscaba un lugar donde orinar.
Cuando hubo concluido, se acercó al niño y clavó su mirada en la enorme fruta que este cargaba. “Si esa fruta estaba en mi propiedad es mía”, pensó con su frente arrugada.

La mamá de Obed, que conocía muy bien los gestos del hombre más viejo de la casa, le propuso que le diera un pedazo de la guanábana al tío, pero el niño se negó rotundo, y sin pensarlo dos veces, se comió desesperado toda la fruta.

Aquella guanábana fue la primera en la vida del niño, tan enorme y suculenta que jamás la olvidaría, porque a las pocas horas después las urgencias de ir al inodoro fueron más de dos. Cada vez que salía ponía una cara de pocos amigos, porque su tío no se detenía con sus carcajadas burlándose de él.

—Eso te pasa por glotón y por no compartir con el tiíto —le decía el hombre más viejo de la casa.

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