La bicicleta de los sueños

Jómix siempre había querido tener una bicicleta. Su papá tenía una. Pero este y su abuelita Tita le decían que donde vivían era peligroso para andar en eso

HOY/Colaboración
Jómix siempre había querido tener una bicicleta. Su papá tenía una. Pero este y su abuelita Tita le decían que donde vivían era peligroso para andar en eso. Con el tiempo, Jómix y su familia se mudaron a un barrio más tranquilo, donde los niños andaban en bicicletas. Su papá lo dejaba jugar con ellos y hasta aprendió a montar en una. Todas las tardes, después de hacer tareas, Jómix salía a jugar con sus nuevos amigos.

Una noche, dormido, comenzó a soñar que montaba una bicicleta azul y salía a pasear con su papá. Este, desde su bicicleta le gritaba: «¡Pedalea rápido!» Y Jómix empezó a pedalear más rápido. De pronto, las bicicletas empezaron a volar, ¡qué genial!

En su viaje, Jómix se metió en las nubes para tocarlas y comprobó que eran de algodón.

Visitaron África, donde conocieron elefantes, altas jirafas comiendo frutas, a los leones y cebras; pasaron por Asia, donde recorrieron toda la muralla china; en París sobrevolaron la gran torre Eiffel. Y de regreso, cuando pasaron sobre el océano, vieron saltar muchos delfines y ballenas. Pero, Jómix despertó de su sueño.

El niño, desde que amaneció, pasó triste. Era sábado. No comió ni salió a jugar.

Pero en la tarde, su Tita y su papá le tenían una sorpresa: ¡una hermosa bicicleta azul!, que le compraron. Jómix se sintió muy feliz, más cuando su padre le dijo que se trataba de una bicicleta especial.

Jómix esa misma tarde anduvo en su bicicleta nueva junto con sus amigos, hasta cuando llegó la noche. Entonces se lavó los dientes y se acostó feliz. Pero más noche su papá lo despertó.

—Jómix, despierta –le dijo en voz baja.
—¿Qué pasó, papito? –le preguntó el niño.
—Te dije que tu bicicleta es especial, ¿recuerda que te lo dije? –preguntó el papá.
—Es cierto –respondió Jómix.
—Entonces, hoy lo vas a descubrir –dijo el papá, dándole un beso en la frente.

Después que el niño se levantó y se puso los zapatos, tomaron sus bicicletas y salieron a la medianoche a la calle sin hacer ruido. Ambos pedalearon. «¡Jómix, pedalea rápido!», le dijo el papá. Jómix pedaleó más rápido y de pronto, ¡las bicicletas empezaron a volar por los aires! El niño, asombrado, vio que su sueño era verdad.

—¿Adónde iremos esta vez, papá?
—Conoceremos las pirámides de Egipto, hijo.
—¡Genial! –gritó Jómix.

Y desde aquella noche, Jómix y su papá se escapan de vez en cuando por las noches, saliendo calladitos de la casa para no despertar a la Tita. Y montan sus bicicletas de los sueños, y se van volando a conocer el mundo.

Ilustración: Luis González

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