En cinco minutos cambió la vida de Ezequiel Téllez

No pierde las esperanzas de recuperarse de este accidente para continuar con su vida

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Ezequiel Téllez no pierde la fe de que un día podrá hacer realidad todos los sueños que se frustraron con cuando tuvo el accidente. Lo acompaña siempre su esposa Cándida Manzanarez. HOY /Manuel Esquivel.

HOY

Bastaron cinco minutos dentro de una unidad de la ruta de transporte 164, de Managua, para que la vida de Ezequiel Téllez Ramos cambiará totalmente. Hasta el 28 de febrero de este año, era un hombre lleno de proyectos a corto y largo plazo. Sus metas se tuvieron que posponer, mientras logra levantarse de la cama donde permanece postrado desde hace más de ocho meses.

Téllez es una de las víctimas del accidente que ocurrió en la Pista el Dorado. Aquel percance que para muchos que viajan en ruta todos los días es imposible olvidar.

Ezequiel, de 38 años, ha aprendido a llevar el proceso de recuperación con el apoyo de su esposa Cándida Manzanarez, quien abandonó su trabajo para dedicarse a cuidarlo, atender sus necesidades y motivarlo. Antes de que la ruta 164 en la que Téllez viajaba se estrellara contra un contenedor de basura, Ezequiel trabajaba muy fuerte para sostener a su esposa y a su hija de 11 años de edad.

Dentro de sus prioridades estaban realizar mejoras a su casa, además terminaría sus estudios universitarios, para convertirse este año en un ingeniero electrónico.

Desde que ocurrió el accidente, Téllez se ha enfrentado a pruebas muy difíciles; la principal fue la muerte de su mamá, de quien no se pudo despedir, ni acompañar en el velorio, por el estado en que se encuentra.

“Mi madre estaba enferma, pero mi accidente empeoró su salud, lo más doloroso fue que no pude abrazarla por última vez, es algo que cuesta superar”, cuenta.

La hija de Ezequiel se promocionará de sexto grado este próximo primero de diciembre. Para él, es bastante desgarrador no poder tomarla de la mano y caminar junto a ella para recibir su diploma.
“Ni siquiera sé si podré ir al colegio, por lo menos a verla”, menciona un poco melancólico.

Todavía desconoce hasta cuándo podrá recuperarse totalmente, pero sabe que cuenta con su familia.
HOY /Manuel Esquivel

El día del accidente

Ezequiel salió de su trabajo un poco antes de las nueve de la noche, corrió a abordar la unidad de transporte 164 como todos los días, porque pensó que era la última. Mientras se acomodaba en un asiento y se tapaba los oídos por el alto volumen de la música que llevaba sintonizada el conductor, le mandó un mensaje de texto a su esposa: “ya voy en camino”. En cuestiones de minutos sintió el impacto. Como una película de terror, las luces del bus se apagaban y se encendían. Téllez escuchaba a lo lejo el doloroso grito de las personas, mientras en su mente resonaba la frase: “estoy bien, debo mantener la calma”.

Ezequiel jamás imaginó que cuando la ayuda llegara, encontrarían sus piernas torcidas, similar a la letra S. “No las sentía, por eso pensé que no me había pasado nada”, relata.

Ezequiel fue trasladado a un hospital público, donde estuvieron a punto de amputar sus pies; sin embargo, no lo permitió y pidió su traslado al hospital que lo cubre por riesgo laboral, donde le indicaron que no era necesario.

“Los médicos hicieron todo lo necesario para que yo no perdiera mis piernas, soy una persona bastante espiritual y sé que Dios no lo permitió, me pusieron clavos, pasé por varias operaciones, pero lo importante es que estoy completo, sé que voy a quedar con algunos defectos, pero el accidente pudo ser peor, cualquier persona a la que le cuento lo que viví no se explica cómo estoy vivo, ni yo lo sé”, subraya.

Ezequiel improvisa hacer terapias con la ayuda de una corbata.
HOY /Manuel Esquivel.

Cuando Ezequiel salió del hospital, se trasladó a su casa materna ubicada en Unidad de Propósito, para poder tener una mejor recuperación.

“Desde el 28 de febrero no he llegado a mi casa, ahí no hay condiciones, no hay piso para poner la cama especial que me prestaron, no podría levantarme a hacer mis necesidades por falta de un buen servicio higiénico, son muchas las limitaciones, además aquí crecí, mis vecinos saben quién soy, y sí he contado con el apoyo de ellos, porque cuando no tengo que comer, ellos me traen comida”, menciona.

Téllez puntualiza que sus gastos y los de su familia los han solventado con el salario mínimo que le pasa la empresa para la que todavía está contratado.

“Todo este proceso ha sido lento y bastante difícil, no sé que vaya a pasar más adelante, pero me mantengo tranquilo, y con una actitud positiva, espero poder salir adelante, y un día recuperar al menos un porcentaje de lo que antes de este accidente era mi vida”, enfatiza.

Irresponsabilidad
Según Ezequiel, no ha recibido ningún apoyo de parte de la cooperativa de buses a la que pertenece la ruta 164.

“Brillan por su ausencia, ningún representante ha venido a ofrecer algún tipo de ayuda, y mencionó esto no porque yo necesite algo de ellos, sino porque da mucha tristeza que no quieran asumir su responsabilidad, en mi caso por lo menos tengo un seguro que me respalda, pero si hubiese sido una persona que no tiene nada, cómo se sentiría esa familia, es decepcionante”, comenta.

Téllez subraya la importancia que las autoridades pertinentes regulen estás cooperativas, para que los dueños de buses orienten de forma correcta a los trabajadores.

“Casi nadie respeta las leyes, el ruido en una unidad de bus es insoportable, por qué no hay alguien que supervise y controle está situación, y no solo en Managua, sino con el transporte interlocal, para muchos es traumante abordar el servicio público, no debería de ser así, los conductores tienen que hacer conciencia”, recalca.

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