El cuento de hoy sábado lleva por nombre Kristhel

Era una niña morenita muy inteligente y muy inquieta. Sus padres le habían regalado un chocoyito y una conejita llamada Mole.

Un bonito cuento para compartir en compañía de los más pequeños del hogar. HOY/Ilustración: Luis González

 

HOY/ Colaboración

Kristhel era una niña morenita muy inteligente y muy inquieta. Sus padres le habían regalado un chocoyito y una conejita llamada Mole. Desde entonces, después de realizar sus tareas escolares, pasaba largo tiempo jugando con sus mascotas. Pero también salía con unas cosas que asombraban a sus padres, más aún a su abuelita.

Cuando estaba concentrada con sus animalitos, nada ni nadie podía alejarla de su juego. Y si lo intentaban…

—¡Kristhel, te llama tu abuelita por teléfono, quiere hablar con vos! —la llamaba su mamá, gritándole.

Y la niña, inmediatamente respondía:

—No puedo, estoy ocupada.

En cierta ocasión, la niña respondió el celular de su mamá.

—Hola. ¿Quién habla? —preguntó la abuela, aunque ya sabía quién era.

—Soy yo, abuelita, Kristhel —respondió la niña algo enojada.

—¿Qué tal, mi muchachita? ¿Cómo estás? —preguntó alegre la abuela.

—Mire, abuela, ya no aguanto a su hija —dijo la niña de tal forma, que la abuela se rio tras el teléfono.

—Y, ¿por qué se ríe abuela? —le preguntó Kristhel—. Estoy hablando en serio.

La abuela no se aguantaba la risa, pero intentaba simular, pues ya conocía las ocurrencias de su nietecita.

—No me estoy riendo, amor. Pero, contame, ¿qué te hizo tu mamá? —mientras le preguntaba, al otro lado reinó el silencio.

—A su hija, que es mi mamá, ya no la aguanto. Vive regañándome, me trata mucho y solo vive gritando— contestó Kristhel, de tal manera que provocó carcajadas de la abuela.

—Le dije que no se riera, abuela. Tiene que hacer algo con esta su hija, para que ya no siga regañándome —dijo la niña muy seria.

—Pásame a tu mamá, ya le voy a llamar la atención para que te deje tranquila —le dijo la abuela.

Despegó su oreja del celular, lo sujetó fuerte y se encaminó hacia su madre.

—¡Mamáaaaaaaa! Te llama la abuela.

La abuela Maritza continuó en carcajadas, celebrando aquella actitud de una niña de 4 años, todo un acontecimiento.

Kristhel después que terminó de hablar con su abuela, regresó donde su chocoyito y su coneja Mole, muy segura de que su mamá no la molestaría más.

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