Oscar se gana la vida vendiendo cocos en Jinotepe

Diez córdobas es el costo de los frutos ya pelados y con su pajilla

HOY / Carazo

Trece años tiene de vender cocos Oscar Geovanny Pérez Reyes. El hombre, con 54 años a “tuto”, recorre las calles de Jinotepe ofreciendo cocos que lleva en su carretón. Su compañero infaltable es el machete que utiliza para pelarlos cada vez que el cliente le solicita uno.

La agilidad que tiene para pelarlos es increíble, con su mano agarra el fruto y en un minuto aproximadamente ya está listo para que el cliente disfrute del agua y la comida.

Esta es la manera que se gana el sustento diario. Su jornada laboral inicia a las 6:30 de la mañana y frecuentemente culmina como a las 1:00 de la tarde que vende el último fruto.

“Pero como a las 2:00 de la tarde salgo a cortar los cocos donde mis proveedores y regreso como a las 6:00 de la tarde a la casa”, dijo Oscar.

Explicó que los cocos los adquiere de las fincas o casas de los barrios de Jinotepe, pero cuando se acaba la cosecha se traslada a otros municipios como Santa Teresa y El Rosario.

A 2.50 córdobas le venden cada coco sus proveedores, pero él los da a 10 córdobas a sus clientes, medio pelados y con pajilla.

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Un minuto se toma Oscar Geovanny Pérez Reyes para pelar un coco. HOY / Mynor García

Costos

“Yo tengo que pagar al escalador —la persona que se sube al árbol a cortar el frito—, pero a veces me toca subirme a mí a los palos y ese dinero me lo ahorro para que me quede algo de ganancia, pero siempre me arriesgo, porque me puedo caer”, sostuvo Oscar.

A la persona que se sube a un palo de coco le paga entre 150 y 200 córdobas. Las precauciones que se deben de tomar, según este personaje, es usar espuelas, fajón, mecate y un cable.

Explicó que aunque no vive con sus dos hijos les da dinero para su manutención.

“Yo vivo con una señora que es discapacitada y a mis dos hijos les digo que lleguen que les voy a dar dinero”, adujo Pérez, quien en un día se gana 200 córdobas o hasta más.

Geovanny vive en el barrio Desiré de Jinotepe y con su ganancia también compra y vende manojos de leña.

Susto
Contó que escalando árboles se llevó el susto de su vida, ya que no se sujetó bien y cayó. “El palo estaba en el centro del techo de una casa, eran como dos metros de altura, no me amarré bien, pero por fortuna y gracias de Dios caí en el techo”, expresó el hombre.

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