En los zapatos de un vendedor ambulante

Todos los días batallan contra las dificultades para llevar el sustento a sus hogares

HOY/FOTO: Manuel Esquivel

HOY
Desde hace más de 30 años vende hojas de chagüite en la acera del tramo que alquila en el mercado Oriental. Don Francisco Muñoz, originario de la Isla de Ometepe, en Rivas, paga cien córdobas diarios por el alquiler de todo el local.

Lo primero que hace es sacar su silla y en la mesa acomoda las más de diez docenas de hojas bien cuidadas para que los clientes que pasan por el sector conocido como “El Chiquero”, las miren y las compren.

Don Francisco con sus 80 años a tuto, está feliz y agradecido con el trabajo que realiza en este centro de compras. Reconoce que le hubiese encantado tener mejores oportunidades para salir adelante en su juventud.

“Cualquier persona sueña con tener una vida cómoda, un trabajo fijo, o por lo menos un negocio que genere grandes ganancias, pero al final, uno aprende a sobrevivir con lo que Dios nos da”, refiere.

Don Francisco en un día bueno gana alrededor de 300 córdobas, ese dinero lo ha aprendido a distribuir para lograr salir de apuros en todo momento. Además, se ayuda vendiendo fósforos, y algunos tipos de especias.

Al final de cada día, don Francisco toma cien córdobas de su ganancias y paga su renta, del resto de dinero, compra la comida de su familia del día siguiente y lo que le sobra lo guarda para volver a invertir en sus productos.

“La vida del vendedor eventual no es nada fácil, un día ganás para comer bien, al otro día solo sacás para pagar alguna deuda, para cubrir las emergencias familiares, para pagar el alquiler, la luz, el agua, y casi nunca te queda para ahorrar, fue mi caso, pero cuando una puerta se cierra, aunque sea una ventana se abre”, asegura el comerciante.

Don Francisco forma parte de los aproximadamente tres mil vendedores eventuales que trabajan en el mercado Oriental practicando el conocido dicho: “Coyol quebrado, coyol comido”.

La experiencia que ha adquirido este señor a través de los años y el deseo de encontrar un poco de estabilidad económica para él y su familia, es lo único que le ha permitido permanecer todavía en este mercado.

“Quiero que mi ejemplo inspire, lleve a mis hijos a seguir preparándose, siempre les he dicho que tanto sacrificio que he hecho por ellos es precisamente para verlos triunfar, quizás no les he dado la vida más cómoda, hubiera querido, pero me tocó estar aquí, ahora les toca a ellos forjar su propio camino”, subraya el señor.

Trabajo informal

HOY/FOTO: Wilmer López

De acuerdo con el sociólogo Bismarck Siero, el sector informal es el más golpeado, puesto que no tiene nada que los respalde.

“Muchos hablan de estabilidad económica en el país, pero a nivel micro cae y recae, quien la soporta es el sector informal urbano, porque son la mayoría, tienen tramos, locales establecidos; sin embargo, hay una buena parte que son ambulantes, no tienen capacidad para pagar un local, ni siquiera a medias con un familiar o algún amigo y es lo que lleva a muchos a buscar cómo defenderse, como dice el buen nicaragüense”, comenta Siero.

Según el experto, este sector es muy importante en la economía, dado que trabajan en el día a día; sin embargo, muchos lo hacen con dinero ajeno.

“Se auxilian con algún prestamista porque no son sujetos a ninguna financiera, ni grande ni pequeña; terminan alquilando dinero diario o a la semana, y al final están en las manos de usureros que cobran alta tasa de intereses, las ganancias se van en el pago de estas personas, y esto genera sufrimiento, en realidad padecen por todos lados”, aduce el sociólogo.

HOY/FOTO: Wilmer López

Siero menciona que el trabajo informal se forma cuando la persona no cuenta con los recursos suficientes para sobrevivir.

“Es aquí cuando la persona decide irse a los diferentes mercados, a los semáforos, a los barrios, a diferentes eventos, a alguna plaza, a cualquier lado con tal de sobrevivir, por eso no hay que esconder las cifras, es una buena parte de la población en general que vive de está forma”, recalca.

Vendedores ambulantes
En el mercado Oriental hay aproximadamente 20 mil comerciantes.

Según Augusto Rivera, gerente de la Corporación Municipal de Mercados de Managua (Commema), del Oriental se clasifican en 3,000 vendedores eventuales que son los que se instalan en un espacio con su mercadería, 3,000 comerciantes ambulantes y el resto lo conforman los comerciantes fijos.

En el Oriental se cobra diez córdobas diarios a los comerciantes eventuales.

Por otro lado, Léster Soto, gerente de Commema del Roberto Huembes, dice que en este centro de compras hay 2,900 comerciantes fijos y 300 vendedores eventuales y aproximadamente 400 vendedores ambulantes.

Denis Duarte, funcionario de Commema en el Mayoreo, asegura que en este centro de compras aproximadamente hay 1,400 arrendatarios fijos, y unos 300 marchantes que venden de forma ambulante.

En algunas temporadas los mismos comerciantes solicitan permiso para vender de forma eventual en la plazoleta del mercado.

 

HOY/FOTO: Perla Gutiérrez

Berta Alejandra López, vendedora ambulante en el mercado Roberto Huembes desde hace 31 años, relata que aunque nunca imaginó andar vendiendo en un mercado, está orgullosa de todo lo que ha podido lograr gracias a esa oportunidad.

López se levanta todos los días a las 3:00 de la mañana, prepara treinta bolsas de pollo con tajadas, y cuarenta bolsas con fresco. A las 6:00 de la mañana su voz fina despierta el apetito de muchos usuarios que esperan en la terminal de buses de este centro de compras.

“Fresco, fresco, fresco”, resuena. “Pollo, a veinte córdobas el pollo con tajadas”, continúa.

Cuando el reloj marca la 1:00 p.m., doña Berta, gracias a Dios, ya ha vendido toda su mercadería. Al llegar a su casa, se dedica a cuidar a su hijo de 13 años, quien padece de epilepsia.

“Mi ganancia es de 400 córdobas, el resto es para volver a invertir. Ese dinero que gano a diario, es para la comida de mi familia, el medicamento de mi hijo, sus exámenes, el pago de las deudas, porque no todo es color de rosa, ante las emergencias uno camina prestando, y así todos los días.., la rutina que por muchos años me ha sostenido”, manifiesta.

¿Quién dice que la señora Berta no tiene ilusiones? La asoleada y alegre mujer de piel morena, sueña con obtener un tramo en este mercado. Quiere vender otras cosas para generar más ingresos y así poder pagar la seguridad social, principalmente de su hijo.

“Aunque no tenga el trabajo mejor pagado, agradezco la oportunidad de tener fuerzas para soportar la lluvia y el sol en este mercado. No sé si la vida fue justa o no por elegir para mí este tipo de vida, pero tengo fe que mejores cosas vendrán; además lo más importante es el bienestar de nuestra familia, la salud y el pan de cada día, el resto vendrá por añadidura a su tiempo”, puntualiza la vendedora.

Perseverancia

HOY/FOTO: Perla Gutiérrez

Héctor Alvir, de 55 años de edad y originario de Corn Island, Región Autónoma de la Costa Caribe Sur (RACCS), llegó a la capital cuando apenas era un adolescente de 16 años. Aunque sí venía con la ilusión de convertirse en un gran comerciante, antes tuvo que pasar un sinnúmero de pruebas.

“Para obtener un espacio en el mercado Roberto Huembes, y transformarme en un vendedor fijo probé lo duro que es andar en la calle cargando seis pares de zapatos y la esperanza venderlos todos para poder comer ese día, es triste andar recorriendo un mercado completo, para que al final solo te queden cien córdobas de ganancia…, pero es más triste cuando en casa te espera una esposa y unos hijos que te reciben con la lista de materiales que necesitan para la escuela; parte el alma”, cuenta Alvir.

El marchante afirma que la perseverancia fue su principal aliada.

“Yo creo que para triunfar en esta vida debemos de ser pacientes, necesitamos dinero para vivir todos los días, pero no podemos ser conformistas…, tenemos que provocar los cambios. Así llevemos treinta años como ambulantes tenemos que creer que un día vamos a tener nuestro propio tramo, sé que las cosas están complicadas, o bien, podemos hacer otras cosas que también generen ingresos, lo que jamás debemos hacer es sentirnos satisfechos con lo que hacemos, cuando en realidad sí se puede hacer más”, resalta el vendedor.

HOY/FOTO: Wilmer López
Estado actual
Según el economista Luis Murillo, en Nicaragua hay un elevado nivel de informalidad, desde el punto de vista del mercado laboral como del sistema empresarial (micro, mediana y pequeñas empresas).

En relación con el primero (mercado laboral) hay un 80 por ciento, porque están en un nivel de informalidad, es decir, ocho de cada diez personas.

En cuanto a las empresas se ha venido agudizando, “porque hasta el año 2005 por mencionar una fecha, se tenía un nivel de informalidad del 60 por ciento, es decir, seis de cada diez empresas, en la actualidad es del 82 por ciento”, refiere el experto.

Murillo indica que los factores que promueven la informalidad son el bajo nivel de escolaridad y el nivel bajo de autoestima, porque muchas personas que tienen algo de estudio se quedan sin la oportunidad de conseguir un trabajo.

Murillo manifiesta en forma de ejemplo que el mercado Oriental formalmente debería contar con menos de 20 manzanas de extensión comercial, pero debido a la falta de oportunidades tiene más de 120 manzanas.

“Para el sector informal el Estado debería impulsar dos políticas sencillas; lo primero impulsar a las empresas través de las políticas fiscales el primer empleo, y la segunda política es la Ley de tercerización, es decir, la mayor parte de la actividad económica ahorita está subcontratada, las empresas no quieren el compromiso y esa gente que trabaja no tiene Seguro, no tiene un horario laboral, y eso no debería ser así”, finaliza el experto.

 

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