Un hombre que tiene un brillo poético

Le compone versos a cualquier objeto que llama su atención

HOY/FOTO: Uriel Molina

HOY

Las manos de don Modesto Martínez están un poco dañadas por la anilina. Todos los días debe cubrir sus dedos con pequeños trozos de tela para contrarrestar el dolor que siente cada vez que lustra un par de zapatos en el mercado Oriental.

Martínez, originario de El Cuá, municipio de Jinotega, llegó a la capital con la intención de rehacer su vida al lado de su familia. Aunque para él fue muy duro abandonar el lugar que lo vio nacer, la vida se lo exigió.

“Yo era un gran agricultor, el campo me llena de vitalidad, incluso he compuesto versos inspirados en los frutos que nos da la naturaleza, porque también me apasiona escribir versos. Toda la vida trabajé una finca que por circunstancias políticas perdí, me la confiscaron. Sin embargo, gracias a Dios aprendí junto a mi familia a salir adelante”, refiere el señor.

Desde que don Modesto llegó a la capital, se enfocó en encontrar un trabajo. Por recomendación de un amigo llegó al mercado Oriental, pero no estaba satisfecho con el trabajo que le ofreció.

“Me dijo que viniéramos a predicar la Palabra de Dios, él me ponía a recoger la ofrenda pero no me gustó que después quería que la repartiéramos entre los dos y que de eso viviéramos, algunos de los hermanos de la iglesia donde me congregaba me consiguieron esta cajita de lustrar, y así fue cómo me quedé en el mercado”, relata.

Virtud

HOY/FOTO: Uriel Molina

Aunque Martínez, de 57 años, no conocía la dimensión del Oriental, decidió empezar a lustrar de forma ambulante, la amabilidad que lo caracteriza al momento de hablar con alguien le abrieron puertas con varios comerciantes quienes lo dirigían por el camino correcto; hasta que logró dominar cada callejón de este centro de compras.

Don Modesto es bien observador. En cada lugar que se estaciona a lustrar un par de zapatos encuentra algo que lo inspira a deleitar a sus clientes con unos versos.

“Tengo versos inspirados en algunos granos básicos, en las frutas, en la luna, en las mujeres…, se me vienen a la cabeza de forma espontánea, realmente es una virtud que siempre he tenido, es raro ahora que lustro zapatos, cada vez que lo hago es como un espacio que tengo para memorizarlos, no los olvido nunca”, asegura.

Fatigado
Aunque don Modesto está agradecido con su trabajo, dice estar un poco cansado de la rutina.

“Han sido 16 años de lucha pero no aguanto mis manos, estoy esperando recoger un poco más de dinero para comprar ropa usada y vender, deseo mucho un trabajo un poco más suave para mi edad”, comenta el señor.

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