¿Por qué motivo no se le debe gritar a los pequeños?

Subir el tono de voz a los hijos no es siempre la fórmula adecuada para que obedezcan, entérese cual deber ser el trato para los pequeños.

Los gritos pueden desencadenar problemas en el hogar. HOY/Thinkstockphotos.com

 

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El hogar es la primera escuela de toda persona. Aquí aprendemos las primeras palabras, damos nuestros primeros pasos y nos vamos formando como personas, de hecho los padres de familia somos modelos de nuestros pequeños; tanto nuestras acciones adecuadas e inadecuadas serán absorbidas por ellos.

Una costumbre que se ha vuelto común en el nido familiar son los gritos, ya sea cuando hay pleito entre la pareja, cuando la niña o niño arma berrinche o simplemente no obedece a los mandatos de papá o mamá, lo que podría acarrear serios problemas.

El psicólogo clínico Róger Alfredo Martínez explica que los gritos afectan muchísimo al niño porque este aprende que el grito es la forma más normal de comunicar las cosas y emociones. “Esto le hace tener relaciones sociales malas por su ineficiente forma de comunicarse. Además de eso, a nivel psicológico, si los gritos van acompañados de insultos esto merma la autoestima de los niños, les reduce su capacidad de socializar correctamente, hace niños inseguros y agresivos”.

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Siembran temor

Para Martínez este tipo de conductas no es bueno, pues cuando las mamás gritan para poner el orden en casa lo que provocan es que los pequeños crezcan con una educación de miedo y esto solo genera dos cosas: hijos sumisos o hijos rebeldes y cualquiera de los dos polos son negativos, entonces el grito no debería convertirse en el único medio para corregir sino la negociación.

Por tanto aconseja a los padres de familia a reforzar a los infantes positivamente en su conducta, ya sea a través de estímulos verbales y físicos, y eventualmente con premios materiales.

“Para ellos es muy importante escuchar que se le aprecie su conducta positiva y hace que siempre quieran recibir esos estímulos de sus padres. También abrazarlos diciéndoles lo orgullosos que están de ellos, cuando hacemos eso el grito no es algo que se necesite usar”, aclara.

El especialista señala que desde el aspecto emocional, las personas gritan cuando se sienten amenazadas en alguna forma, tratando que la situación o la persona que le amenaza se retracte.

“Es un mecanismo primitivo que únicamente denota el poco control emocional que tiene una persona. Algunas gritan por miedo, es decir queriendo mostrar fortaleza ante algo o alguien, alzan su voz para demostrar una falsa seguridad que fácilmente se interpreta cuando alguien está gritando. Otras personas gritan porque ha sido una costumbre aprendida de personas que lo hacían cuando éramos niños, entonces gritar se convierte en una necesidad inconsciente de un individuo para sentirse bien”, finaliza.

Consecuencias negativas

De acuerdo con el psicólogo clínico Róger Alfredo Martínez, las principales consecuencias negativas en la misma persona es un bajo control de sus impulsos que propicia que siempre esté mostrando una actitud agresiva por medio del tono de su voz.

Los padres somos modelos de nuestros hijos, si gritamos por todo, ellos harán lo mismo. HOY/Thinkstockphotos.com

“Generalmente el que grita es el inmaduro emocional que no tiene las herramientas psicológicas para dejar funcionar correctamente la racionalidad que le permita aceptar cuando está equivocado o que su punto de vista no es el mejor en el momento”, agrega.

En su entorno, crea un ambiente hostil donde el otro siempre tiene miedo de decir lo que piensa, asimismo traumas en los demás sobre todo en los niños que son los más indefensos ante los gritos de los adultos.

“Recordemos que los adultos son los que deberían de proveer amor, atención, respeto, etc. y no gritos por lo que distorsiona la imagen que los niños tienen de los padres y adultos, entonces genera resentimientos, rencores e incluso odio hacia aquel que le grita y esto es nocivo en la persona porque lo que lleva interno lo sacará cuando está enfrente de otras personas, sobre todo sus parejas”, refiere.

 

 

 

 

Cómo evitarlo

Para evitar vivir en un ambiente de gritos, Martínez aconseja conocerse a uno mismo, saber por qué siempre está gritando, “porque el origen está dentro de uno mismo por experiencias previas vividas y en terapia se logran encontrar y liberar”.

“Es importante hacer terapia para encontrarse con uno mismo, eso es muy efectivo para tener la buena voluntad de trabajar donde nace la conducta de gritar, también es necesario reflexionar cada vez que se grita, pedirle a los demás que sin miedo les señale cuando ya se está alzando la voz y estar dispuesto a regularse”, añade.

Recomienda conocer las emociones para saber cuando en determinada emoción es más propenso a gritar y así poder controlarse, y buscar los disparadores de esa conducta.

Fuente

Lic. Róger Alfredo Martínez, psicólogo clínico de Clínica Redemptoris Mater, calle nueva del Cementerio 1 1/2 cuadra al lago. Granada, Nicaragua. Celular: 85849784.

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