“El cerdito y el perro”, es la hora del cuento infantil de la semana

Un cerdito y un perro rompen las barreras de sus razas, y conocen la verdadera amistad, aquella que es pura. Lea con sus hijos esta linda historia

HOY
En una feria estaba un cerdito con un letrero que decía: “Se vende este cerdito”.

Las personas se quedaban pensativas y al final no le hacían caso porque era muy pequeño.

Un muchacho pasó y leyó el letrero, tuvo intenciones de comprarlo, pero al final no lo hizo porque escuchó decir a las personas que estaba muy hambriento. Entonces continuó su camino.

El último día de feria regresó y vio de nuevo al cerdito con el mismo letrero. Pero esta vez decidió comprarlo y preguntó cuánto valía.

—Cincuenta córdobas, joven —le dijo el señor.

Él miró detenido al cerdito y este también lo miró a él.

—Bien, aquí tiene el dinero, señor.

El muchacho se llevó al cerdito y lo subió a la camioneta que andaba, donde se encontraba un perro.

—No te asustes. No te voy hacer nada —le dijo el perro.

—Pero, ¿si me muerdes? —preguntó temeroso el cerdito.

—No te voy a morder. No me gusta eso. Además, soy un perro muy educado y me gusta respetar.

—A mí también me gusta que me respeten.

Todo el recorrido se la pasaron en una conversación desconfiada, que no les permitía entablar amistad. En lo que el cerdito temía, el perro se enojaba porque aquél no le creía.

—Que no te preocupes, cerdito…

—Tú, de todas formas, eres un perro y los perros muerden…

—Que soy muy educado, ¿no entendiste? —dijo el perro con cierto enojo ante un cerdito incrédulo.

El muchacho llegó a casa y en cuanto bajó de su camioneta, se enteró que sus animalitos discutían y les gritó:

—¡Ya cállense! A cada uno de ustedes los voy a encerrar.

Y los encerró, dándoles al poco tiempo después sus respectivos alimentos.

Pasaron algunos días y el cerdito, arrepentido, le pidió perdón al perro por desconfiar y discutir con él.

—No te preocupes, cerdito. Todo está bien. Lo importante es que ahora pertenecemos a esta casa —dijo el perro conciliador.

—Sí, somos parte de esta familia y debemos portarnos bien.

Pasado dos días más, el muchacho miró jugar al cerdito y al perro muy felices. Tan confiado estaba de la amistad de sus animalitos, que se tomó un calmante para dormir.

Pero… el cerdito y el perro se detuvieron. Se miraron muy fijamente. Ambos volvieron a ver a su dueño que dormía profundo, y…

—¡Somos amigos, cerdito!

—¡Sí, perro, somos amigos y estamos felices!

El autor es docente.

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