“Soy mi propia jefa”, dice Marina Auxiliadora Aburto

Una madre soltera que decidió crear su negocio para sacar adelante a su hijo

Marina Auxiliadora Aburto, de 43 años, es una madre soltera que sueña con ver a su hijo de 20 años convertido en un profesional. Es por eso que lucha todos los días para que este estudie y salga adelante.

Primero inició en su vivienda ubicada del Gancho de Caminos, en el mercado Oriental, dos cuadras abajo, una al sur, con un negocio de soldadura donde elaboraban verjas, pero decayó, dice ella “porque los trabajadores querían ganar más que la dueña”.

Es por eso que después decidió echar tortillas para mantener a su hijo. Actualmente entrega 70 tortillas diario al cafetín de un hospital cercano.

Después que entrega las tortillas, se pone a cocer el almidón para hacer las piñatas que mantiene colgadas en las afueras de su vivienda, para que los clientes vean su trabajo.

“Yo me levanto diario a las 4:00 de la mañana a hacer tortillas, yo le entrego al cafetín las tortillas y en la esquina donde venden vaho también entrego 30 tortillas y de ahí me ayudo y aparte de eso tres veces a la semana voy a limpiar una oficina”, explicó.

Aprendió rápido

“Me vi en la obligación de cerrar el taller (de soldadura) pero tenía que sobrevivir de algo, entonces pensé en mis dos primos que tengo en el Oriental, entonces yo fui donde mi primo y le dije necesito aprender a hacer piñatas y él en diez minutos me enseñó a hacer el primer muñeco, después donde una prima me fui a afinar más, ella también me enseñó y así he sobrevivido”, manifestó doña Marina.

El negocio de las piñatas es muy lucrativo —explicó Aburto—, dice que se invierte poco y se le gana bastante. Por ejemplo para una piñata que vende en 80 córdobas, gasta unos 30 córdobas en los materiales.

“No hay nada como ser mi propia jefa, yo trabajo sola y veo las ganancias, solo hay que buscar de dónde salir adelante, hay que rebuscarse la vida”, fueron sus palabras.

Hay días en que trabaja hasta por las noches elaborando piñatas. Las pequeñas las vende por docena y son bien cotizadas.

Al principio le costaba bastante elaborarlas, pero poco a poco fue mejorando. Cuando inició con el negocio solo producía dos piñatas al día, ahora realiza hasta diez.

“Me acuerdo de que el año pasado era el 24 de diciembre, eran las 12 de la noche y yo estaba haciendo piñatas, porque tenía unos encargos y tenía que trabajar”, expresó.

Doña Marina también mantiene a la esposa de su hijo, una joven de unos 18 años, que también estudia.

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