El hombre de las manos prodigiosas

Don Brígido González tiene años de ejercer esta labor en su comunidad

HOY / Carazo

En la comunidad de Buena Vista, en La Conquista, Carazo, todos conocen a don Brígido González Traña, de 88 años, un sobador que se ha ganado el cariño y respeto de muchos ciudadanos.

En Jinotepe y Santa Teresa también lo conocen, porque con sus manos trata de “corregir” algunas imperfecciones en los huesos del cuerpo humano.

Don Brígido, es agricultor y realiza trabajos de carpintería, nunca asistió a la escuela, porque tenía que trabajar.

Inyectar
Don Brígido sabe inyectar y cuando la lesión es grave aplica anestesia en la parte afectada para que sus clientes no se quejen del dolor.

Actualmente cobra cien córdobas por sobada o masaje, pero cuando es servicio a domicilio y no le garantizan el transporte, aumenta el precio.

Mientras se mece en su hamaca, este hombre, comenta que le tuvieron siete hijos, pero que se le murieron dos. Actualmente vive en casa de una de sus nietas en Buena Vista.

Este hombre se recupera de un derrame cerebral que le dio hace aproximadamente siete meses, su memoria luce fresca, porque aún recuerda momentos de su infancia.

“En un cuadro de beisbol me iba a jugar con mis amigos, pero una vez a uno de ellos se le zafó el bracito y yo se lo corregí”, dijo Traña, sin revelar el secreto de quién le enseñó a sobar.

Su padre fue también sobador, pero cobraba por los servicios prestados. “Yo sentía que le hacía la competencia, tuve un tiempo que no sobaba a nadie, fue hasta que él se murió, que me metí más en lleno a esto y la gente empezó a buscarme más”, expresó el anciano.

Huesos

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Don Brígido González Traña, experto sobador muy conocido en Buena Vista. HOY / Mynor García

Don Brígido no sabe cómo se llaman los huesos del cuerpo humano, solo se preocupa en arreglar las fracturas que presenta la gente que lo visita.

“Si está difícil la situación yo le digo a la gente y los mando al hospital, pero yo arreglo problemas en la nariz, brazos, manos y hasta en la columna, todo lo que usted tenga en el cuerpo”, adujo.

Cristian Jessenia Chavarría, oriunda de Jinotepe y quien tiene un negocio, comentó que el humilde hombre los sábados brindaba consulta en su establecimiento y que la gente hacía fila para ser atendida.
“Nosotros le dimos un espacio, no le cobrábamos y él traía una banquita para atender a sus clientes que venían de Costa Rica, sur y norte del país. La gente se sentaba afuera y le dábamos unos números, pero él dejó de venir porque se enfermó”, sostuvo la comerciante.

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