Legítima defensa: La delicada línea entre matar o morir

Mayoría desconoce las tres eximentes.

El acusado Dolores Noé Álvarez junto a su abogado en la audiencia preliminar en los juzgados. HOY/J.Tijerino

Hasta julio de este año, Dolores Noé Álvarez, de 39 años, trabajaba como mesero en un restaurante de Pochomil.

El día que le cambió la vida, se levantó temprano y comió. Al asomarse la tarde, se cambió de ropa y se despidió de la familia.

Un par de horas después, mientras escapaba del inclemente sol en un sector conocido como La Aguja, la tragedia o bien la mala suerte, llegó a buscarlo.

Un zapatero de 62 años viajaba en una bicicleta y al pasar por La Aguja observó a un grupo de hombres, entre estos a Álvarez y detuvo su marcha.

Del bolso que cargaba en la espalda sacó un objeto metálico de punta afilada (lezna) y repentinamente comenzó a gritarles que “eran unos ladrones y que los iba a apuñalar y que él mataba a cualquiera”, vociferaba en aparente estado de ebriedad.

Las autoridades determinaron que el señor después de ofender y amenazar sin motivo aparente, se abalanzó contra un joven con intenciones de cortarle el cuello, pero la víctima esquivó el ataque.

Instantes después, el zapatero identificado como Juan Medina Briceño, centró su atención en Álvarez, el mesero, que en ese momento estaba sentado en una banca y también se le lanzó con intención de herirlo. Pero al contrario del primer ataque, donde la víctima solo lo esquivó, Álvarez reaccionó y ahora enfrenta las consecuencias legales de esa acción.

Jorge García enfrentará un nuevo juicio. Su defensa alega defensa propia. HOY/Archivo

También puede interesarle: Apretón de manos sella la paz

La Fiscalía en la acusación que presentó contra el mesero indica que casi al instante de esquivar la agresión, Álvarez tomó un garrote y golpeó en el costado izquierdo a su atacante. Del golpe, el hombre falleció.

Minutos después, Álvarez ya estaba preso y su actuación —según la óptica desde que se vea— podría justificarse alegando legítima defensa o bien uso excesivo de fuerza para criminalizarlo.

Usualmente las personas emplean esta figura jurídica para justificar algunos crímenes, pero en realidad no en todos los casos cabe.  Y esto se debe, según el abogado Noel Alonzo Cano, a que desconocen lo que establece la ley, que precisa debe reunir o cumplir principalmente con tres eximentes o requisitos.

“La legítima defensa es un eximente de responsabilidad penal, y para que eso concurra, deben haber tres eximentes; una dice que el autor debe estar ante una agresión ilegítima. Dos, debe haber falta de provocación de la parte de quien ejerce la defensa y por último la necesidad racional del medio empleado para defender o repeler la agresión”, explicó el abogado.

De acuerdo con el litigante, no todos los hechos tienen esos tres eximentes. “No siempre concurre. Lo que sucede es que hay uno o dos elementos, pero en casos así, es donde el judicial debe valorar”, indicó Alonzo Cano.

También puede interesarle: Jurado declara culpable a hombre por homicidio de delincuente

UN PROCESO

La abogada Karla Baltodano precisó que entre la población existe la idea errada de que las personas que actúan protegiendo su vida, las autoridades la liberan casi de inmediato, pero la realidad es otra.

Según Baltodano, la persona involucrada en un crimen debe atravesar por un proceso judicial para legalizar sus actos.
“La actuación de la persona debe legalizarse. Un crimen no puede quedar en el aire, es necesario que enfrente el proceso”, señaló Baltodano.

Javier González, también abogado, coincidió con Baltodano en la necesitad de legalizar el acto, pero a su criterio, bastaría con que la Fiscalía optara por desistir del caso, una vez que la Policía efectúe los actos investigativos y determine que el señalado actuó protegiendo su vida.

Karen Anielka Navarrete fue declarada no culpable por el parricidio de su pareja. HOY/Archivo

TRATAMIENTO

La psicóloga Keyla Largaespada manifestó que generalmente “nadie quiere matar a nadie”, pero cuando una persona atraviesa por un situación de ese tipo, debe someterse a una terapia.

Según Largaespada, una vez que pasaron los hechos, el autor del crimen, independientemente que haya sido protegiendo su vida, experimenta sentimientos de culpabilidad.

”Una vez que pasan los hechos se sienten culpables, se preguntan ¿por qué maté? Ahí entra en juego lo moral y lo religioso con aquello de que solo Dios puede quitar la vida. Desde ahí le trastoca su sentimiento y esa persona no vuelve a ser la misma, esa persona tiene pesadillas, por las noches ve el rostro de la persona que mató”, señala la psicóloga.

Agregó que en ocasiones la terapia incluye hasta los miembros de la familia. “Hay casos donde a la persona su misma familia ya no la ve con los mismos ojos. Se queda la idea entre la familia que pudo actuar de manera diferente”.

EL QUÉ DIRÁN

Especialistas consultados aseguraron que muchos casos donde cabe la legítima defensa, son remitidos a juicio por el qué dirán.

“Les tiembla el pulso… al Ministerio Público por el qué dirán, porque representan a la víctima y les da miedo que le metan una queja, y algunos jueces no lo hacen por no tomar una decisión controversial“, precisó el abogado Noel Alonzo Cano.

...

Notas Relacionadas