Los héroes de la Colina 110

En pleno aniversario de la Revolución Popular Sandinista se recuerda a estos jóvenes sacrificados

En la Colina 110 descansan los restos de 26 jóvenes que dieron su vida por la liberación de su pueblo. Hoy/Foto: Francely Navarro H.

HOY

Todas las tardes La Colina 110, ubicada en el barrio Los Laureles, de Managua, es visitada por niños y adultos que aseguran disfrutar de las energías positivas del lugar. Sin embargo, algunos desconocen que hace 38 años la colina fue el escenario de una terrible inmolación.

En las faldas del alcor (cerro) no es rara la presencia de tres hombres que a veces cantan con una guitarra, construyen casetas o se observan meditativos y sonrientes durante largos lapsos.

Les llaman los vigilantes del tesoro: César Uriel Téllez Sánchez, Leonardo Canales Chévez y José María Quintero Rivas, todos mayores de 50 años, bromistas y dispuestos a promover eventos culturales en su comunidad.

Estas personas lucharon desde su juventud, durante la batalla en contra de Somoza, pertenecieron a la Unidad Táctica de Combate Manuel Fernández… un dato importantísimo: sobrevivieron a la masacre de La Colina 110, efectuada el 13 de junio de 1979.

En ese tiempo Managua era un sitio inseguro, reprimido y oprimido por la Guardia Nacional, los excombatientes aseguran que no había vida y que era un pecado ser joven: “Por eso y por todos los crímenes sociales de la época nos levantamos a librar nuestra patria a como fuera”, expresan.

El 8 de junio se hizo el llamamiento a la ofensiva final, según Téllez Sánchez ese día las personas del barrio Los Laureles hicieron barricadas y todo un jolgorio de insurrección.

En un intento de someter al pueblo la Guardia empezó a lanzar morteros desde el aeropuerto, la aviación (los Push and Pull, y el Douglas C-47 Dakota) disparó sin clemencia al colegio Omar Téllez y a toda la población. Por tales razones los integrantes de la escuadra empezaron a evacuar y trasladar a la gente a lugares seguros, como la Cruz Roja, iglesias, entre otros sitios.

“Nos quedamos aislados, solos, estábamos cerca del aeropuerto, la única salida de Somoza… el 10 de junio, como se dice popularmente, agarramos la vara, de repente pasó un comando tercerista y nos fuimos a atacar el aeropuerto, más bien tocamos un avispero, la respuesta fue una reacción militar a gran escala”, relata Téllez Sánchez.

La plaga

José María Quintero Rivas, César Uriel Téllez Sánchez y Leonardo Canales Chévez, sobrevivieron a la masacre. Hoy/Foto: Francely Navarro H.

Los miembros de la Guardia Nacional y del Condeca (Consejo de Defensa Centroamericana, que apoyaba a Somoza) fueron una plaga para los nicaragüense, afirma Leonardo Canales Chévez, excombatiente y cantautor.

“Ellos eran una fuerza completamente bruta, inhumana, si miraban a un joven lo primero que hacían era revisarlo y si le encontraban un rasponcito estaba frito, lo mataban y después aparecían sus restos en La Cuesta El Plomo o las Lomas de San Judas, en otros casos, solo desaparecían”, refiere.

Canales Chévez es uno de los que en sus tiempos de juventud presenció otras matanzas, su infancia y parte de su adolescencia la vivió en San Judas, propiamente en el Colegio Nacional de ciegos, ubicado de la parada El Nancite, dos cuadras al lago, diez varas al sur. Su madre adoptiva era la directora.

“Yo miré cómo mataron a la familia Palacios, muy famosa en San Judas, estaba en la iglesia católica, cantando la Misa Campesina, recuerdo que uno de nuestros mismos amigos, como era hijo de un guardia, los denunció… los fusilaron y sus cuerpos nunca aparecieron”, relata.

Ese día sangriento marcó la vida de Leonardo, que decidió viajar a Managua, al barrio Los Laureles, donde habitaba su mamá biológica. La idea que fluyó a cada instante en su cabeza y la promesa que le hizo a su esposa e hijo al partir es que se uniría a la lucha de forma exhaustiva y regresaría con la victoria, una patria libre y sin problemas.

Ser parte de la escuadra Manuel Fernández fue una decisión radical que tomó Canales Chévez. Este relata que el 13 de junio la Guardia Nacional, en compañía del Condeca, se aprovechó de la baja moral que ellos tenían debido a la ausencia de los lugareños que se ocultaron en los refugios.

“Nos confiamos, nos dijeron que la guardia venía por Sabana Grande, en una limpieza desde el aeropuerto, nos hicieron una técnica militar llamada El Anillo, nos rodearon, no había salida”, comenta.

También, describe que para sobrevivir tuvo que correr hacia unos algodonales que había detrás de la colina. “Veintiséis jóvenes menores de 20 años cayeron ese día, yo llegué a Las Agüitas golpeado por las ramas, algunos de los que intentaron huir fueron heridos en el camino y rematados en la colina”, agrega.

Participación

Estas estructuras de cañones representan a cada uno de los jóvenes que cayeron el 13 de junio de 1979. Hoy/Foto: Francely Navarro H.

El papel de los jóvenes de La Colina 110 fue vitalísimo en la lucha contra la dictadura somocista. José María Quintero Rivas comenta que debido a la activa participación del equipo llegaron a ser perseguidos por la guardia.
“Nuestras maras estaban en la lista negra, practicamos tácticas guerrilleras y de supervivencia, fuimos los primeros abastecedores de bombas de contacto, las hacíamos con fósforos, hierro y potasio, al día sacábamos más de 60 y las distribuimos en otros sectores”, cuenta Quintero Rivas.

Otra de las tareas de la escuadra era realizar operativos para recaudar armas e informar a los otros barrios acerca de los movimientos de Somoza y la Guardia en el aeropuerto.

“Para regar la voz nos turnábamos, teníamos que ser precavidos y rápidos, porque si los perros nos agarraban, nos matarían”, apunta el excombatiente.

Lo más cruel

El 13 de junio la lucha se vislumbró desigual, los sobrevivientes relatan que muchos de los jóvenes quedaron muertos en la zanja de comunicación y las correligionarias mujeres fueron violadas y cercenadas por los guardias.
“La Cruz Roja nos dijo que algunos de nuestros amigos estaban vivos y pedían clemencia, pero no hubo oportunidad para ellos, los guardias con sus palas mecánicas simplemente les echaron tierra y se tomaron la colina hasta que Somoza fue derrocado del todo”, describe con tristeza César Téllez, que no pudo sacar a su hermano de 19 años, Omar Téllez, del lugar.

La gesta de los muchachos de la escuadra Manuel Fernández o Colina 110 jamás será olvidada, sus amigos, comunidad y nación en general agradecen su sacrificio.

Actualmente, pese a que la colina se dividió en dos partes debido a la urbanización, el lugar donde yacen los restos es Patrimonio Cultural Histórico de la Nación, según el Instituto Nicaragüense de Cultura (INC).

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