Los animales hicieron su escuela

Los animales decidieron que querían estudiar, pero en una escuela peculiar. Lea el cuento y descubra cómo acaba esta tierna historia

HOY/Colaboración
En el bosque se encontraban todos los animales, desde el más pequeño hasta el más grande, estaban: mosquitos, sapos, elefantes, chocoyos, leones, en fin, todos los animales de la selva. Conversaban entre ellos:

—Quisiera que tengamos educación especial –le dijo el joven león a la jirafa.
—¿Cómo así? –preguntó la jirafa.
—Que vayamos a la escuela para aprender, como los humanos que saben leer y escribir. Así nos comunicaríamos por medios escritos, como lo hacen ellos. Pero necesitamos maestros, una escuela bonita.

Y así conversaron todos los animales, unos decían que no, pero muchos decían que sí. A otros no les gustaba la idea de parecerse a los humanos. Pero entre tanta plática y plática, la mayoría se puso de acuerdo en la conveniencia de estudiar, de aprender a leer y escribir.

Entonces, se organizaron en un nutrido grupo y marcharon hacia la ciudad, donde buscaron una escuela o alguna persona para que les ayudaran en el propósito.

Encontraron una escuelita, se detuvieron y se ordenaron, desde el más pequeño hasta el más grande, y guardaron en silencio, pese a los diversos sonidos y movimientos naturales de cada especie ahí reunida.

—Tratemos de guardar silencio y veremos que entraremos en la escuela –dijo el león, a quien se le había ocurrido la idea.
Cuando el señor director de la escuela vio al grupo de animales frente a su escuela, se acercó nervioso y les preguntó:
—¿Qué hacen aquí? ¿Qué desean?

Para que el león no asustara al humano, la jirafa se adelantó y le expuso el propósito:
—Queremos estudiar, aprender a leer y escribir como lo hacen ustedes los humanos.

El hombre se extrañó por el deseo de aquel grupo animal. Lo pensó. Y dijo:
—En esta escuela no tengo espacio para ustedes. Pero, podemos hacer la escuela bajo estos hermosos árboles que dan mucha sombra, al aire libre. ¿Qué les
parece? Yo mismo les enseñaré.

Y todos los animales se pusieron muy contentos, porque tendrían su propia escuela para aprender.

—Ahora sí sabremos comunicarnos bien con los humanos, para que nos aprecien y convivamos en amor y armonía, sin que nos maltraten o nos maten, como lo hicieron con mamá y papá –dijo un venadito huérfano.

Celsa María Pérez Flores

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