El parque La Merced, un lugar de encuentro de nicas

Este lugar es un imán para las ventas callejeras, las cuales son prohibidas en este país

HOY/Costa Rica

El parque de La Merced, ubicado en el centro de San José, Costa Rica, es un sitio de encuentro entre nicaragüenses, quienes lo visitan para despejarse, hacer amistades, buscar conocidos que le informen sobre algún empleo, retirar alguna encomienda, pero además es un imán para las ventas callejeras, las cuales son prohibidas en este país.

Desde antes que raye el alba, hombres y mujeres venden los ilegales cigarrillos sueltos, panes, cosa de horno y café caliente para que los transeúntes —quienes generalmente son trabajadores nicaragüenses de la construcción—, contrarresten el frío mientras se dirigen a las paradas de autobuses.

Las ventas ambulantes de todo tipo (prohibidas legalmente) han proliferado en el parque. HOY / Josué Bravo

Comida

Ya durante el día cualquiera puede comprase un vigorón, chancho con yuca, nacatamales, repostería, medicinas de contrabando, ropa, tarjetas de recarga telefónica, cartucheras, joyas de fantasía, entre otros artículos.

“(La Merced) se ha convertido en un gran centro de distribución”, dijo Irving Malespín, director de la Policía de Control Fiscal del Ministerio de Hacienda, al referirse a las ilegales ventas en este lugar de medicinas.

Ganarse la vida
No obstante, quienes se dedican a este tipo de negocios defienden su derecho al trabajo.

“Es la única manera de ganarme la vida. A uno ya viejo nadie lo contrata para trabajar. La Policía molesta, la lucha diaria es que no nos decomisen nada y nos dejen trabajar porque no le hacemos daño a nadie”, expresó una señora cincuentona que a regañadientes dijo llamarse Juana.  

Este parque es uno de los puntos con problemas de orden público que presenta la capital, según Marcelo Solano, director de la Policía Municipal.

Esto porque las ventas ambulantes son ilegales, ya comprometen la salud y además, los vendedores en plena actividad obstruyen el espacio público de los peatones. Por eso los oficiales los persiguen y los comerciantes se las tienen que ingeniar para no ser descubiertos.

Mauricio Cárdenas, dice que en La Merced “uno puede comerse un buen vigorón o darse un antojito de atol, mientras vengo a comprar los periódicos de Nicaragua o encontrarme con los amigos para tener noticias de algún trabajo”.

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