El ingenio llevó al éxito a don Fermín González

Su salario no le daba para comprar unas perchas, así que decidió hacerlas para dárselas a sus hijas

HOY

La vida de don Fermín González cambió por la promesa que les hizo a sus hijas de crear unas perchas, porque con el salario que tenía como trabajador de un supermercado no le alcanzaba para comprarlas hechas. Eso fue hace 34 años.

Con dos libras de alambre que compró, un cincel, un martillo y un alicate se las ingenió para crear las primeras perchas. Al verlas ya terminadas no estaba convencido que eso era lo mejor que podía hacer. Mientras trabajaba en el supermercado, en la época de 1983, en el día, por las noches buscaba la perfección con la idea de conseguir mayores ingresos para su hogar.

Un día se decidió en llevarle una muestra de su trabajo al gerente del supermercado donde trabajaba y asegura que no le creían que él elaboraba esas perchas de alambre.

Taller
“Cuando empecé a trabajar de lleno inicié a desarrollarme en León, Rivas, Granada, Chinandega… a todos esos súperes iba a dejar pedidos”, explica González.

Desde entonces hasta la fecha su casa se ha convertido en el taller de trabajo donde emplea a cinco personas, todos miembros de la familia

“Cuando me hicieron el primer pedido compré setenta libras de alambre y me puse a trabajar sábado y domingo, de ahí saqué unas 15 docenas de perchas. A la semana me estaban pidiendo veinte docenas más”, dijo González.

Crecimiento

El producto fue aceptado por los consumidores, compraba más material y pasó de venderse de uno a tres supermercados en esa época. Mientras sucedía eso, González aún trabajaba para ese centro de compras y destinaba la noche y fines de semana para elaborar las perchas apoyado por dos de los cuatro hijos que tiene.

“Salía del trabajo a las cinco (de la tarde) y a las seis me ponía a trabajar con mis hijas, ellas me ayudaban a enderezar de una manera tan rústica que lo medía con un metro. Enderezaba una (varilla) y con esa misma medida cortaba con un martillo y cincel. Después me fui innovando buscando la idea de mejorar la oreja (percha), pues a inicio lo hacía a pura mano, dedo”, afirmó González.

Ese ritmo de trabajo lo agotó al poco tiempo, pero el miedo de perder los beneficios de trabajador en el supermercado que para ese tiempo era un privilegio no hacer fila para los alimentos, lo detenían para tomar la decisión que cambiaría el rumbo de su vida. Después de escuchar el consejo de una amiga —señala—, tomó la decisión de renunciar a su empleo y dedicarse a la elaboración de perchas y parrillas.

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