Niños atrapados en la pobreza

Los niños merecen disfrutar su infancia, ¡No al trabajo infantil!

A diario muchos niños exponen sus vidas en los semáforos. Hoy/Foto: Francely Navarro.

HOY

Los violentos rayos del sol han marchitado la piel de María, tiene los ojos vidriosos y tristes, una sonrisa incompleta y una delgadez que conmueve.

“Agua a peso, agua a peso”, grita con voz seca y estridente. Su faena diaria le ha robado la apariencia infantil, quien no la conoce diría que se trata de una mayor de edad. Pero no. María tiene apenas 10 años y sueña con dejar de vender en los semáforos, estudiar Veterinaria y por lo menos una vez en su vida abrazar a su madre.

“No la conozco, solo sé que se llama Claudia y me tuvo a los 14 años, después que yo nací se fue a Costa Rica y nunca volvió, vivo con mi abuelita que está en el hospital desde hace una semana, mi tarea es trabajar para que podamos comer y salir adelante”, comenta con total inocencia.

Historias como las de María hay muchas en Nicaragua… niños limpiando autos, vendiendo frutas, niños y niñas sin oportunidades de estudiar y tecnificarse, mal alimentados, enfermos y en riesgo de caer en manos equivocadas.

Según María Cabrera, coordinadora de Proyectos de Educación en Save the Children, el trabajo infantil es sin duda una problemática social que debe ser vista con total objetividad y justicia.
“Este trabajo se impone como una necesidad para sobrevivir y tiende a perpetuar la pobreza, afectando el desarrollo personal de niñas, niños y adolescentes y del país, por tanto, afecta la formación de capital humano”, indica la proyectista.

Asimismo, explica que mientras algunas formas de trabajo vulneran los derechos de la niñez, otras pueden ser positivas para niños, niñas y adolescentes.

“Estas formas son provechosas cuando se realizan en condiciones seguras, cuando no impiden la escolarización, realización y responden a una opción, no a una necesidad… recordemos siempre que si se trata de una opción, habrá fortalecimiento de valores y lo mejor de todo: se habilitará a niñas y niños para que participen activamente en la sociedad”, advierte Cabrera.

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Estos niños carecen de oportunidades. Hoy/Foto: Francely Navarro

 

Según la coordinadora de Save the Children, la ausencia de estadísticas actuales ha impedido determinar si el país ha registrado una reducción de la cantidad de niños y adolescentes trabajadores.

“Los últimos datos disponibles de la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil y Adolescente (ENTIA 2005) evidenció que 13 de cada 100 niñas, niños y adolescentes eran trabajadores. El 36.1% tenía edades entre los 5 y 13 años, o sea, estaban por debajo de la edad mínima de admisión al empleo… y el 63.9% entre 14 y 17 años”, apunta.

Para las organización, una de las principales preocupaciones respecto al trabajo infantil es su impacto en el acceso, permanencia y promoción escolar.

“La competencia del horario laboral y escolar se traduce en desmotivación, inasistencias y bajo desempeño, lo que incide en una mayor deserción escolar”, enfatiza Cabrera.

Otras consecuencias

El trabajo infantil por necesidad es un riesgo, siempre está en juego la integridad física y emocional de la niñez y adolescencia.

“Hay trabajos que por naturaleza son intrínsecamente peligrosos, por ejemplo: trabajos en minas, los niños que se exponen al sol, polvo, lluvia, animales, trasladan cargas pesadas, usan herramientas peligrosas, manipulan agroquímicos… también hay que incluir a las niñas y adolescentes que trabajan en el sector servicio; ellas están expuestas a múltiples formas de violencia sexual, incluyendo el acoso callejero”, puntualiza la especialista.

Estadísticas de otros años
Según un boletín publicado por el Instituto de Promoción Humana (Inprhu) titulado: “Una mirada a la situación de trabajo en Nicaragua”, el Código del Trabajo establece como edad mínima para trabajar los 14 años; del total de la población infantil que trabaja (239,000) —el 62 % de la niñez trabajadora— según datos oficiales del 2005 está empleada en actividades clasificadas como peores formas de trabajo infantil.

También detalla que en datos preliminares y recopilados de la Encuesta Continua de Hogares 2010, realizada por el Inide, se refleja que actualmente 1,991,551 personas menores de edad residen en el país, representando un 34.24 % de la población total del mismo. El trabajo infantil registrado es un total de 323,832 niños, niñas y adolescentes que se encuentran realizando tareas laborales.

La zona rural es donde hay mayor incidencia del trabajo infantil, coincidiendo con los datos aportados por la encuesta realizada en el año 2005, en esta zona se concentran 2/3 de trabajo infantil a nivel nacional, representando un 37.8 % en niños y niñas trabajadores entre 5 y 13 años, y un 69.5 % en adolescentes de entre 14 y 17 años de edad.

¿Qué hacer?
Según María Cabrera debe hacerse lo siguiente:

1) En primera instancia y como desafíos institucionales es importante contar con datos estadísticos actualizados sobre el trabajo infantil, así como la evaluación de las políticas públicas para la prevención del trabajo infantil y protección del adolescente trabajador.

2) En el ámbito educativo, es necesario continuar mejorando la calidad y pertinencia de la educación en función de motivar a niñas, niños y adolescentes trabajadores a ingresar, permanecer y promocionar en la escuela, para ello es necesario que la educación se posicione como un mecanismo efectivo de inclusión social.

3) La población nicaragüense, a título individual y comunitario, está llamada a proteger los derechos de niñas, niños y adolescentes que trabajan, en particular, de todas las formas de explotación económica y sexual. No debemos estigmatizar o criminalizar a ninguna niña o niño por su condición de trabajador.

4) También es necesario un cambio de actitud hacia el trabajo infantil, las niñas, niños y adolescentes trabajadores y sus familias. Debemos reconocer que hay formas de trabajo que son negativas y deben prevenirse, facilitando la transición hacia formas de trabajo dignas y que hay trabajos positivos que son realizados por niñas, niños y adolescentes para agenciarse otros derechos, como la educación.

Estamos llamados a movilizarnos por el cumplimiento del derecho de toda niña y niño a tener oportunidades que les permitan imaginar y realizar un proyecto de vida.

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