Felicidades a todas nuestras madrecitas nicaragüenses

Estas son tres historias en donde se resalta la labor valiosísima de las mamitas nicaragüenses... !las amamos con coto nuestro corazón!

HOY

Hoy celebramos a nuestras madrecitas… esas mujeres amorosas y valientes, esas que pese a la cobardía de sus parejas (nuestros desconocidos papás) nos permitieron nacer. Hoy aplaudimos y besamos las manos de las mamitas que lavaron y plancharon ajeno para darnos alimento, las que palmearon tortillas, las que siempre se la rebuscaron y rebuscan para darnos el pan de cada día y formarnos hasta donde hoy estamos.

A propósito de este hermoso día, les presentamos tres historias en donde se exalta el papel valiosísimo de la madre nicaragüense…

La mejor maestra

Toñito le ha dado a doña Martha el mejor amor del mundo. Hoy/Foto: Francely Navarro

Sus mañanas se iluminan con la sonrisa y abrazos de Toñito, uno de los tesoritos que Dios le regaló.

Son las cinco de la mañana, Martha Elena Gadea ya está en pie, da gracias al Creador por un día más de vida y se prepara para ir al baño. Alguien golpea la puerta de su habitación varias veces, ella sonríe y corre a quitar el seguro.

—Toñito, ¡amor mío!, ¡buenos días!, vos te bañarás primero que yo, vamos a apurarnos, hoy tenemos que estar en la escuela antes de las siete y media—
Juan Antonio Moreno Gadea es Toñito, el hijo mayor de Martha, nació con síndrome de Down.

Durante los primeros años le fue difícil aceptar la condición de su pequeño, no sabía cómo actuar, ni qué hacer.

“Todavía recuerdo el día en que el doctor me dijo, ‘vos ya sabés el problema de tu hijo’… eso para mí fue como si me hubiesen dicho: ‘se murió tu hijo’. Pero, siempre, el amor materno te hace fuerte, decidí no rendirme, me prometí estudiar y convertirme en una profesional para ayudar y educar a Toñito… la mejor maestra e instructora sería yo, y así lo hice, estudié magisterio, me especialicé en preescolar, me enfoqué en ayudarle a articular palabras y frases, le enseñé a ser autosuficiente… me gustó bastante lo que decían los psicólogos acerca del síndrome, yo quise profundizar, por eso estudié Psicología, vaya que sí me sirvió”, indica la madre.

 

Doña Martha sabe que su hijo es el nùmero uno en su corazòn. Hoy/Foto: Francely Navarro

Hoy día Toñito tiene 36 años, es una persona sana, cariñosa y totalmente sociable —según Gadea— él ha sido el motor de su vida, por eso siempre procura llevarlo a donde va, ya sea a las actividades sociales, al trabajo, los paseos, etc.

“Es el hijo que siempre está conmigo, para mí es un tesoro, un ángel, es mi amigo… me siento una madre realizada, me siento una súper mamá y le doy gracias a Dios por haberme bendecido con un niño así, todas las mañanas, al salir de la habitación es lo primero que miro, vamos al cine, platicamos, lo escucho, estos niños son dulces, ellos verdaderamente aman, solo necesitan oportunidades, aceptación y cuidados”, asevera esta mujer luchadora.

Toda madre con un niño con discapacidad tiene una historia, en la mayoría de los casos hay ciclos dolorosos y luchas que nunca cesan. “Mis retos constantes han sido los prejuicios sociales, cuando abordamos un bus la gente me lo queda viendo de pies a cabeza, lo que hago es llamarlo por su nombre, él me responde, la gente mira y de inmediato bajan la cabeza, unos se secretean cosas y se ríen… con la familia y los vecinos todo ha fluido en armonía, siempre les dije que si querían agradarme, primero debían agradar a mi muchachito, porque él ocupa el primer lugar en mi corazón, por eso todos mis parientes y amigos lo adoran, lo cuidan, estoy agradecida”, confiesa Gadea.

Ellos siempre van juntos por la vida. Hoy/Foto: Francely Navarro.

También comparte que otro miedo fue repetir la historia con sus otros hijos, “tuve dos hijos más, toda la gestación pasaba estresada, me calmaba hasta que ya los tenía en brazos y los miraba, a ellos también les eduqué y les enseñé a amar a su hermano, siento que he sido una buena madre, hice feliz a mis hijos, en especial a Toñito, sin él yo no sería la que soy, bendito Dios por su regalo, aconsejo a las mujeres que están iniciando su lucha que no se rindan, sean fuertes”, finaliza la docente.

 

Madrina azul

¿Alguien conoce a Ana Lorena Medrano Sabala? Es una mujer de tez blanca, rostro grácil y lleno de armonía, humilde, sensible… es el hada madrina del hogar ‘Pajarito Azul’… en su memoria guarda recuerdos de hace 22 años, tiempo en el que ha cuidado a niños y jóvenes con discapacidades, la mayoría de ellos le llaman amorosamente ‘mamá Lorena’, siempre que la ven llegar corren a encontrarla, se aferran a sus vestidos y le regalan sonrisas de oro, sonrisas de esas que solo las almas afortunadas tienen la dicha de ver. Su cargo en el hogar es el de coordinadora del área técnica, su salario es bajo, Pero, según ella, nunca le ha faltado nada.

“Nuestra gentil directora, la licenciada Sandra Aguirre, siempre nos ha dicho que nuestro salario es una ayuda, estamos aquí en misión, y esta misión es mandato de Dios, yo siempre he podido solventar mis necesidades y las de mi familia, lo más valioso que recibo aquí es el amor y la pureza de todos estos angelitos, han sido mis grandes maestros, mi corazón les pertenece, es una bendición servirles, es algo que me llena espiritualmente”, afirma Medrano Sabala.

Trabajadora social de profesión, anteriormente, trabajó con niños y niñas en el Hospital La Mascota, estuvo a cargo del área de infectología, “eran otras problemáticas, cuando yo vine a este hogar de inmediato quedé impactada, se me hizo un nudo en la garganta y me dije: Dios me mandó aquí en misión” expresa esta dama altruista.

Asimismo, detalla que los retos… más que con los niños, fueron y siguen siendo con la sociedad, “nos propusimos lograr que nuestros muchachos se integraran a la sociedad, cuando empezamos dijimos: bueno, vamos a evaluarlos a uno por uno, así veremos quiénes pueden ir a clase, lo hicimos y matriculamos a un grupo en el Colegio Juan Bautista, perteneciente a la comunidad de Vista Hermosa, un sitio aledaño a nuestra casa… fue difícil, los padres, maestros y estudiantes reaccionaron mal, creyeron que nuestros niños eran contagiosos, por lo que tuvimos que volver a reunirnos a idear estrategias de concienciación que esta vez sí lograron la captación… la gente empezó a aceptar a los niños, hoy día los adoran”, apunta la líder.

Medrano Sabala, con más de 50 años de edad, todavía se ve fuerte, es una mujer que lo pudo todo en la vida, ser madre de sus hijos biológicos y madre de sus niños del hogar ‘Pajarito Azul’. “Mi secreto fue la organización y la buena voluntad, también el amor y la fe”, asegura con una sonrisa en el rostro, pero a la vez con tristeza, puesto que en julio de este año se jubila. “Me iré con el corazón roto, esta es parte de mi familia, yo amo a estos niños y niñas, me acostumbré a ellos y ellos a mí, oficialmente debo irme, no obstante, tengo la dicha de que podré venir a visitar a mis angelitos siempre, se quedan en mi corazón para siempre”, finaliza Medrano Sabala.

 

Luchadora incansable

Actualmente tiene 71 años, de porte impecable y gestos refinados, su cocina es espaciosa y llena de luz, sus comidas son una exquisitez. Todos los días se levanta temprano para preparar meticulosamente su menú, ella es Rosa Matilde Leiva Hernández, pero todos le conocen como Rosa de Quant. Empezó a trabajar desde los 18 años en la casa de Julio Martínez, ahí se desempeñó como secretaria asistente del gerente.

Después del terremoto del 72 dejó de laborar en dicho lugar y se incorporó al Diario La Prensa. “Fui asistente de Pablo Antonio Cuadra… yo trabajé 27 años con todo ese gremio”, comenta con orgullo. También, añade que en 1981 con la división del medio y la fundación del Nuevo Diario, pasó a colaborarle a Javier Chamorro durante tres años. Luego, finalmente brindó sus servicios profesionales a una agencia de noticias. “Recuerdo que se llamaba Nueva Nicaragua”, relata.

Con el triunfo de doña Violeta, Rosa volvió a sus raíces, a los días de verano en los que su madre le enseñaba a cocinar, esos días en los que recibió varias capacitaciones y cursos de cocina. “Decidí poner un negocio de comida aquí en mi casa, le llamé ‘El asador Chino’, coloqué mesas en el porche y debo decir que me fue muy bien, en realidad puse el nombre como anexo del verdadero restaurante, donde mi esposo Henry Horacio Quant, chino-nicaragüense, es el dueño. Este fue fundado hace 44 años en Bello Horizonte, o sea que trabajar con la comida ha sido nuestro fuerte y nuestro impulso familiar”, señala doña Rosa.

Además de ser trabajadora incansable, esta elegante dama triunfó como madre pues, pese a las labores diarias, siempre estuvo al pendiente de sus tres hijos, “yo tuve una vida de sacrificios con mis muchachos, nunca me fui a tomar ni siquiera un café, del trabajo salía corriendo a la casa para velar por su alimentación y sus tareas. Les di amor y buenos ejemplos, por eso son lo que son ahora, preparados y buenos ciudadanos, a pesar de que ya hicieron su vida yo estoy al pendiente de ellos, siempre trato de apoyarlos con mis propios recursos. A mi edad y cansancio sigo trabajando de sol a sol, vendo comida, creo que trabajaré y les apoyaré hasta que Dios me lo permita, ese es el papel de una madre, yo amo a mis hijos y a mis nietecitos”, afirma Leiva Hernández.

 

...

Notas Relacionadas