Piloto por un día

Un bonito cuento para compartir este fin de semana con los más pequeños del hogar.

Su lectura deja un bonito mensaje para reflexionar. HOY/Ilustración: Cristopher Vallejos

Su lectura deja un bonito mensaje para reflexionar. HOY/Ilustración: Cristopher Vallejos

 

Sor Milagros Camaño Vergara
HOY/Colaboración

El sábado por la tarde, casi todos los animalitos del bosque se encontraban jugando en la pradera; corrían felices de un lado a otro. Tomy, volando a sus anchas, se encontró con Patas Largas, el odioso mosquito del bosque cuyo sufrimiento es la felicidad de los demás.

Patas Largas recogió plantas venenosas y jugó con ellas, ignoraba que estas arrojaban un líquido que puede dejar ciego. Tomy vio el peligro y, aunque no era de su agrado el odioso mosquito, lo advirtió de que dejara de jugar, peligrosamente, con aquellas plantas.

Tomy, preocupado, se desbocó en vuelo y, ¡zas!, por accidente el líquido se dirigió hacia la cara de él y cayó al suelo. Patas Largas, asustado y sin saber qué hacer, huyó.

Yoli y los demás animalitos, al enterarse de lo sucedido a su amigo búho, fueron por él y lo llevaron a casa, donde sus padres, sin demora, llamaron al médico del bosque, Don Gato, quien habilidoso evitó que Tomy perdiera la vista.

Don Gato recomendó reposo y gotas de sábila fresca para la vista, hasta que el ardor desapareciera. Tomy veía nublado, pero mejoraría con los días. Cuando Pili se enteró, lo visitó, llevándole una deliciosa sopa de caracoles, que a él le encantaba.

Al otro lado del bosque, se encuentra la Selva Manga, lugar que casi nadie frecuenta. Ahí vive la famosa pantera Félix que, por conocer los secretos de los árboles, adquirió extraordinarias habilidades para curar.

Aquella misma noche, la abuela de Pili empeoró en su enfermedad; sus padres sintieron que moría y llamaron también a Don Gato, quien anunció que no había nada que hacer. Pili, angustiada y desesperada, salió al bosque en busca de ayuda. Pero al final, decidió ir donde pantera Félix. Entonces, emprendió la marcha. Brincó, brincó y brincó hasta que llegó a la casa de Tomy, a quien le contó su idea y, para su sorpresa, él se prestó a acompañarla.

—¿Cómo? ¿Me acompañarás? –preguntó Pili.

—Sí, te acompañaré. Se te olvida que soy un búho y que vuelo –respondió Tomy.

—Pero ves nublado aún…

—Yo vuelo y tú me guías.

Pili se montó en la espalda de Tomy, agarrada de sus plumas alzadas, y lo orientó en su vuelo. Ella, armada de valentía, se había convertido en piloto ese día, hasta que llegaron a Selva Manga, donde encontraron a la pantera que les entregó un extraño, pero efectivo elíxir, recogido de los árboles negros de aquella selva.

Retornaron contentos a casa y le dieron de beber a la abuela el remedio, mejorando casi al instante. Al día siguiente, como si nada le hubiera pasado, ya estaba en pie muy contenta.

La familia de Pili estaba feliz, más cuando la abuela preparó un delicioso pastel de ciruelas en agradecimiento a los cuidos recibidos.

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