Pascua es: salir del sepulcro

El Padre Óscar Chavarría reflexiona sobre la pascua

cruz1Ya comenzamos el tiempo de la Pascua, que se celebra después de la Semana Santa, donde hemos tenido presente las escenas de la muerte de Jesús. Las lecturas en la Eucaristía, los Oficios, el Viacrucis, ciertas películas y las representaciones de la Pasión nos han recordado, una y otra vez, su Pasión y Muerte.

Seguramente eso nos debería hacer pensar en la nuestra y en la multitud de escenas de violencia, destrucción, injusticia y muerte que nos ofrecen los medios de comunicación. Ante esta cruda realidad de la pasión del mundo, nos resultará fácil identificarnos con la experiencia del pueblo de Israel, cuando clamó a Dios diciendo: “¡Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, estamos perdidos para siempre!”

Nosotros, como el pueblo de Israel… ¿estaremos quedándonos siempre en ese sentimiento de fin, sin esperanza, sin continuación… Pero… “ojo“, el texto del profeta Ezequiel no acaba aquí. Dios le envía a profetizar, y su palabra nos abre horizontes hoy: “Así dice el Señor: Cuando abra sus sepulcros y les saque de sus sepulcros, pueblo mío, sabrán que Soy el Señor. Infundiré en ustedes mi espíritu y revivirán; les colocaré en su suelo y sabrán que yo, el Señor, lo digo y lo hago” (Ez 37, 11-14).

Pensemos en los sepulcros, de todo tipo, en los que vivimos, aún habiendo vivido la experiencia de Pascua… ¡cuánto nos cuesta salir de nuestros sepulcros! Pensemos en los que contienen la fuerza espiritual y las experiencias que en otro momento les dieron vida y han ido dejando morir. En aquellos sepulcros en los que yacen las relaciones humanas que no han cuidado… como la familia, los amigos, compañeros de trabajo y comunidad.

Pensemos que el pequeño nicho que contiene las urnas con nuestros pensamientos aquilosados, que destruyen, paralizan y no dan felicidad. El sepulcro que contiene las máscaras y las medallas que nos ponemos, cuando no somos capaces de reconocer nuestra pobreza y desnudez. Podríamos hundirnos al tomar conciencia de tantas formas de muerte, dentro y fuera de nosotros, cerca y lejos.

Pero, también pensemos en que la Palabra se hace presente en nuestra realidad y nos recuerda: “Les infundiré mi espíritu y revivirán; les colocaré en su suelo y sabrán que Yo, el Señor, lo digo y lo hago”. (Ez 37,6)

Sabemos que es verdad, porque lo hemos experimentado muchas veces y esta es la experiencia de estar Resucitados: hemos recibido ánimo cuando estábamos desanimados. Se ha reavivado la brasa cuando parecía que nuestro fuego interior se apagaba y podía morir el amor primero. A pesar del agotamiento, hemos encontrado fuerzas, para seguir trabajando en la pasión del mundo. Cuando estábamos desolados (sin suelo) y parecía que andábamos sobre arenas movedizas y cañadas oscuras, hemos experimentado que Alguien nos reconfortada y recolocaba de nuevo en suelo firme. Hemos visto cómo brotaban tallos verdes, llenos de vida, a través de las fisuras de nuestras tumbas y abrían una rendija cada vez mayor, por donde la Vida se iba abriendo paso.

La Pascua nos invita a recordar y reavivar ese Don recibido tantas veces, a vivir este tiempo Pascual como invitación entusiasta para salir de nuestras “muertes”.

Como dijo el papa Francisco: “A todos esos lugares donde parece que el sepulcro ha tenido la última palabra, y donde parece que la muerte ha sido la única solución. Vayamos a anunciar, a compartir, a descubrir que es cierto: el Señor está vivo” (Homilía de Pascua 2017).

Llegará Pentecostés, con sus dones, pero ahora vivimos ya un anticipo al reconocer las experiencias de muerte y descubrir la vida que se abre paso en medio de ellas. Y que el esfuerzo no recae sobre nuestras espaldas solamente, ni requiere que tengamos una fuerza de titanes: es un “Don” que nos invita gratuitamente a revivir.

El Señor lo dice y lo hace. Si le dejamos hacer, todo irá bien.

¡Feliz Pascua de la vida!

Padre Óscar Chavarría, correo: padreoskar@gmail.com

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