Costumbres que se han perdido

Nuestros abuelos tenían una forma distinta de celebrar la Semana Santa

Asistir a la iglesia es una de las costumbres de los fieles católicos. HOY/Thinkstockphotos.com

Asistir a la iglesia es una de las costumbres de los fieles católicos. HOY/Thinkstockphotos.com

Asistir a la iglesia es una de las costumbres de los fieles católicos. HOY/Thinkstockphotos.com
Asistir a la iglesia es una de las costumbres de los fieles católicos. HOY/Thinkstockphotos.com

Francely Navarro H.
HOY
Es normal que las costumbres y tradiciones de nuestros paisanos del ayer nos provoquen cierto asombro, ellos vivían en un intenso “realismo mágico”, creían en las fuerzas de la naturaleza y en los reglamentos impuestos por la iglesia que les colonizó.

Por ejemplo: les enseñaron a memorar (recordar) la vida, muerte y resurrección de Jesucristo durante la Semana Santa, también, les inculcaron un profundo respeto por las procesiones, les exigieron la santidad en nombre de aquel que había dado su vida por los hombres.

Con certeza, los nicaragüenses y latinoamericanos fueron más fieles y cristianos que los mismos eclesiásticos occidentales, la ceremonialidad en los días santos era exagerada y estricta.

Nuestros abuelos, bisabuelos y tatarabuelos todavía pudieron vislumbrar y participar en un sinnúmero de actividades religiosas antiguas, se comportaron como era permitido en dicha temporada, con pulcritud, superstición y fe.

He aquí algunos relatos que nos permitirán comparar la Semana Santa del ayer con la de hoy, se denotarán muchos cambios, pero claro, era de esperarse, el ser humano no es estático, siempre está en constante modificación física y mental.

La comida Santa

La vieja iglesia instauró en el constructo mental de la población la idea de que en la Semana Mayor no debe comerse carne, porque esta representa el cuerpo de Cristo crucificado, por eso, Vilma Baldizón de 85 años mandó a sus nietas al mercado Oriental una semana antes de todo el apogeo religioso a comprar las frutas para el almíbar.

HOY/Thinkstockphotos.com
HOY/Thinkstockphotos.com

“Sí, eso debe realizarse con tiempo, mis hijos, mis nietos y bisnietos saben eso, yo se los he inculcado, aunque en realidad no lo practican al pie de la letra como antes”, indica Baldizón resignada por los cambios.

También comenta que otra de las comidas adecuadas son las sardinas secas, tostadas al sol, tamales con queso, el pinol de iguana, pinolillo, cacao, el arroz aguado, indio viejo sin carne, la infaltable sopa de queso entre otros.

“Creo que cuidar lo que se come en estos días es una manera de respetar a nuestro Señor y exaltar su obra, yo cuando tenía más fuerza elaboraba cajetas para toda la trenada de chavalos, les hacía cajeta de coco, coyolito, papaya, leche de burro, pío quinto, etc.”, refiere Baldizón.

Sí, la Semana Santa, es el momento propicio para degustar un sinnúmero de platillos, no obstante, hemos presenciado la pérdida de interés, debido a un sinnúmero de distracciones, restaurantes de comida rápida y la nueva mentalidad.

“Ahora se come carne roja y lo que se desee, la gente ya no conserva ese fervor bonito y entregado, pero bueno ¿qué se puede hacer?… nada en realidad”, expresa.

No se iba a balnearios

Si le preguntamos a un joven qué es lo más especial de la Semana Santa, seguramente responderá que las vacaciones y las salidas al mar. En cambio, los abuelos dirían que en sus tiempos lo más bonito era la convivencia con la familia y las procesiones, también, agregarían que no visitaban los balnearios por obediencia a los designios de la iglesia.

“En aquellos tiempos no se pensaba en ir al mar, al contrario, las calles permanecían vacías, las iglesias llenas, ahora no, ahora todo es paseo, ya no se vive la santidad”, apunta Alejandro Hernández de 70 años.

Todos quietos

Correr y jugar es la actividad favorita de los niños y jóvenes, no hay día que no se desee “relinchar” a como dicen las mamás, pero, en otros años, durante la Semana Santa eso estaba prohibido.

“Mi mamá nos exigía que no corriéramos, tampoco nos permitía escupir, porque se creía firmemente que Dios estaba en el suelo, recuerdo que cuando mis hermanos y yo nos portábamos mal nos decía que cuando pasaran los días santos se las iba a cobrar… dicho y hecho, después por cualquier cosa nos pegaba con la chancleta”, indica Wilmer Castellón de 59 años.

Asimismo, confiesa que pese a lo estricto de antes, todo funcionaba mejor.

“Esa disciplina nos hacía bien, mientras que ahora todo el mundo hace lo que quiere, le faltan el respeto a los demás, se matan entre ellos en días santos, hay accidentes, hay violencia, ahogados… y lo peor de todo han llegado a nombrar este período como ‘Semana Zángana’, una completa falta de respeto, un verdadero pecado”, afirma Castellón.

Otros hábitos curiosos

En Semana Santa las relaciones sexuales eran un pecado. “Se les decía a los recién casados o matrimonios viejos que no tuvieran relaciones, porque era una ofensa a Dios, por eso las parejas dormían en puntos diferentes de la casa”, expresa Vilma Baldizón.

Otra de las costumbres curiosas de la temporada era que nadie podía bañarse. “Decían que bañarse era un pecado porque Dios estaba en el suelo y el agua debía santificarse, solo podíamos limpiarnos el cuerpo con pañitos de agua”, agrega Baldizón.

...

Notas Relacionadas