Amor al trabajo

Aunque sus hijos lo apoyen económicamente, siempre sale a vender a las calles del Oriental

 

HOY
Cuando el reloj marca las 7:00 a.m. don Pedro Alejandro Garay, de 80 años de edad, ya anda por las diferentes zonas del mercado Oriental vendiendo sus costales.

“Compre, compre su saco”, se escucha a los lejos la desgastada voz del señor Garay, a quien le ha tocado trabajar desde sus 17 años.

Don Pedro, quien nació en Tisma, municipio de Masaya, relata que llegó al Oriental a sus 60 años, y aunque mensualmente recibe su pensión de jubilación por haber laborado por muchos años en construcciones militares, sus ganas de trabajar lo motivan a no faltar ningún día en el populoso mercado.

“Empecé vendiendo sacos macén, posteriormente decidí vender costales más llamativos, ya que la gente lo demandaba más. Mis hijos, a quien saque adelante con la ayuda de Dios, me apoyan en todo lo que hago, pues saben que solo el trabajo me mantiene lleno de vigor”, señala.

Todo un guerrero
Cuando este luchador señor perdió a su esposa decidió luchar con más fuerzas por sacar adelante a sus hijos, quienes ya estaban bastantes grandes, pero que todavía necesitaban el apoyo total de un padre.

El carisma de este emprendedor señor ha logrado que el resto de comerciantes lo vean con cariño.
Las ganas de trabajar y de obtener el dinero por sí solo, le ha servido de ejemplo al resto de vendedores que lo conocen.

Alejandra Mendoza, quien vende cajetas en todo el sector de donde fue la Jabonera, comparte su asombro de ver a un señor de tanta edad ofreciendo sacos por casi todo el mercado.

“La verdad es si uno tiene el deseo de superarse en la vida, todo es posible, hay muchos jóvenes que se encuentran sentados en sus casas sin saber qué hacer, en cambio este señor es más que un ejemplo, el cual deberíamos de seguir todos”, refiere Mendoza.

personajeUna bendición
El señor Garay confiesa que cada experiencia que vive en el Oriental, es lo que lo tiene lleno de salud, además que todo el tiempo que ha trabajado en este lugar le ha permitido estar más cerca de las necesidades de la población.

“Seguiré trabajando hasta mi último día, no me gusta estar en la casa esperando que llegue el día de recibir mi pago del seguro; mis hijos también me dan mis centavitos, pero seguir luchando por ganarme mi pan de cada día realmente me llena, me fortalece, me mantiene vivo”, subraya.

Don Pedrito invita a todos los jóvenes que por miedo al rechazo les da temor salir a la calle a buscar empleo, a que no se desanimen, que luchen por cumplir sus sueños, y que le pongan empeño, dedicación y amor al trabajo, pues aunque todo en la vida cuesta, cuando “el hombre propone, Dios dispone”, finaliza.

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