Madre de “Chocolatito”: “Ves, yo tuve un mal presentimiento”

El rostro de la mamá de Román reflejaba dolor

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El rostro de la mamá del Chocolatito a la hora de la pelea. Carlos Valle.

HOY/Byron Saavedra

Esta historia comienza con Lilliam Luna, madre de Román “Chocolatito” González, y termina con ella.

“Dios mío, me lo botaron, me lo botaron”. La frase, dicha con quebranto por ella, invadió la sala de la casa en el Barrio La Esperanza. Y las lágrimas le aparecieron rodando, y frente a la pena, emprendió la huida hacia el fondo de la casa. Litzie González, hija del tetracampeón, la siguió. Ella también lloraba.

Así comenzó la pelea en la casa donde “Chocolatito” dejó el ombligo. En la sala, sobre un mueble fino, el televisor era la fuente de atracción, pero también de sufrimiento, de tensión. Afuera, amigos, vecinos y curiosos, algunos en sillas, otros en pie, celebraban o lamentaban con el pasar de los rounds.

“Vamos Chocolate, vos podés”. El estribillo salía de las bocas, revestido de fe. Mucho antes de que empezara la pelea, un pastor con una Biblia debajo del brazo, reunió a la familia y oraron todos. “Protégelo, Señor, en esta prueba difícil. Guarda a nuestro hermano Román. Amén”.

La tensión abrazaba con fuerza. Las manos sudaban. El corazón palpitaba. De pronto doña Lilliam se distrajo. Alguien llegó a visitarla y le llevó una gorra. Se puede decir que ella no vio los rounds centrales, pero se emocionaba al escuchar los gritos de exaltación cuando Román atacaba y el tailandés retrocedía, rozando el colapso.

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Entre cada round, el estadillo de la pólvora retumbaba en la esquina más cercana a la casa. “Chocolatito” sangraba y la cara de doña Lilliam reflejaba los más duros gestos, el dolor interno nadie se lo pudo ver. A lo mejor ni ella. La atizaba la angustia.

“No se preocupe hermana, ya el hombre va dominando la pelea. Oiga, están diciendo que Alexis sufrió peores cortes. Va a ver que todo va a salir bien”, se acercó a decirle el pastor.

El momento fatal

Viene el fallo. Los representantes de los medios de comunicación se agolpan en torno a doña Lilliam, en forma de media luna. Pero ella pide que se aparten, que le dejen ver al anunciador dar el resultado de las tarjetas.

“Chocolatito” pierde. Un juez da empate. Dos lo ven perder por dos puntos. Y doña Lilliam se impacta, se aferra con sus manos a la mesa del comedor. Y dice: “Era algo que en algún momento iba a pasar”. Litzie llora al lado de ella. “Mi papito perdió, ay Señor”.

Doña Lilliam deja caer el peso sobre una silla. Y unas hermanas evangélicas le tratan de dar consuelo.

“Ves, esta mañana yo tuve un mal presentimiento”. Y se suelta en lágrimas.

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