El Joven mercader

Utiliza un andarivel para recorrer los callejones y ganarse la vida vendiendo

Su infancia transcurrió en una comunidad de León, recuerda que su mamá trabajaba vendiendo verduras mientras él iba a la escuela.

Logró culminar el sexto grado, sin embargo años después tuvieron que emigrar de León hacia la capital para buscar una mejor oportunidad de vida, así empieza la historia de José Raúl Martínez Mercado, un joven que se gana la vida vendiendo enchiladitas y churritos dentro del Oriental.

“Estando en Managua dejé de estudiar porque las circunstancias económicas no eran muy favorables, a mi mamá se le dio la idea de vender en el Oriental y yo la acompañaba todos los días a vender repollo”, relata.

 

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El cansancio en el rostro de aquel joven de 28 años era notable al cargar más de cincuentas sacos llenos de repollo de una parte del Oriental a otra, más las noches de desvelo para esperar el descargue del producto en el sector de El Novillo, fueron los detonantes para que sufriera un derrame cerebral.
Ya han transcurrido cinco años desde aquel tormentoso hecho que cambió la vida de este muchacho.

“No comía bien, en ocasiones incluso ni comía por estar trabajando, los médicos diagnosticaron que mi cuerpo y cerebro estaban debilitados y que por eso había sufrido ese colapso cerebral, desde ese día mi vida cambió estuve mucho tiempo en el hospital con tratamientos y ahora me cuesta caminar”, explica Martínez.

Apoyo
Mientras avanza en los callejones del mercado vendiendo su producto se apoya en un viejo andarivel y deja lugar para una pequeña pausa ya que siente que no puede forzar demasiado su cuerpo.

“No vengo todos los días al mercado, porque hay días en que me siento muy cansado y las piernas no me responden, pero trato de venir al menos día de por medio porque me gusta tener mi propio dinero para mis gastos, no me gusta ser una carga más para mi mamá”, agrega.

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Martínez señala que su mamá aún vende repollo dentro del Oriental en el sector de El Novillo, pero a él no le gusta que ella sea la única que se encargue de los gastos de la casa.

Los productos que Martínez comercializa una señora se los fía y él por la tarde le entrega el dinero y obtiene su ganancia. Comenta que hay días buenos y malos, pero siempre confía en que Dios le brindará la bendición diaria.

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“Yo creo que no existe nada imposible en este mundo, a pesar de los problemas y dificultades uno puede salir adelante si es que en realidad lo desea, solo Dios sabe cómo y por qué pasan las cosas”, ratifica.

Este joven añade que sus días en el mercado no son nada fáciles en especial para movilizarse dentro de los callejones con el andarivel, porque muchas personas le dicen que estorba, sin embargo esto no es razón suficiente para que no siga ganándose el pan de cada día

  • Gracias por esas palabras hoy me doy cuenta gracias a ti que son ciertas tus palabras no hay nada imposible gracias y por tambi en ese lindo corazon

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